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Editorial de hoy

“Tito” declara la guerra al pueblo

opinion

El Ejército jura lealtad.

Nadie lo duda, Pérez Molina se decidió por agudizar el conflicto. Seguramente inspirado en aquello de que la mejor defensa es el ataque. A la batalla solo le acompañan un Ejército Nacional: adormilado, aquejado de corrupción, sin más brillo que el de las botas y de muy triste figura. La milicia se decide por la penosa tarea de apañar los desmanes de “sus antiguos” bajo el argumento de garantizar la institucionalidad. Es esta la fuerza real con que cuenta Pérez Molina; en la segunda línea aparece un abigarrado grupo de descamisados que de un día para otro, se transformaron en adalides de esa institucionalidad que defienden los militares y el CACIF. Su propuesta no tiene –a mi juicio– sustento político se trata –más bien– de pepenar lo que sobra de los repartos del poder. Es un cuerpo social ahistórico sustentado en las arenas movedizas del presidencialismo. No encuentro otra explicación. Menos conociendo a algunos de sus –ahora– caudillos varios de aparente cepa insurgente.

Pérez Molina y sus adláteres están en un punto falso de la historia, su convocatoria a la turba, no es una novedad, ni lo inventaron ellos, y quizá –lamentablemente– no sean los últimos, ya los liberacionistas siempre que se presentían arrinconados por la razón social e histórica echaron mano de campesinos “liberacionistas” que machete en mano amedrentaban opositores. La más reciente turba, llegó de la mano de los “dirigentes políticos” del FRG, estos pese a los desmanes causados y la lamentable muerte del periodista Héctor Ramírez, no lograron ningún propósito político importante, más bien, recibieron un indignado rechazo social que en los años siguientes llevó a la extinción del partido. Pérez Molina correrá la misma suerte que el demente general Ríos Montt; sus turbas no pasarán y terminará sus días fugado o privado de libertad. Es claro que la rueda de la historia no se detendrá porque un General desde su laberinto así lo dispone. La sociedad y sus organizaciones deben rechazar esta declaratoria de guerra cuyo propósito es abortar la resistencia social y popular frente a la corrupción y el desgobierno militar.

No, no es en la Guatemala profunda en donde los fariseos de la política encontrarán apoyo, se equivoca Pérez y adláteres. Esa Guatemala está a la ofensiva, cuida sus bienes naturales, rechaza la política corrupta, busca justicia: no olvida ni perdona. Esa Guatemala multiétnica, campesina y popular lejos de consentir militares corruptos y genocidas, demanda renuncia, juicio y castigo a Tito Arias y su familia mafiosa.

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