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Editorial de hoy

No rotundo a un gobierno – inconstitucional – provisorio (II parte)

opinion

Si las elecciones pudieran ser una ruleta rusa, las no elecciones, un balazo directo a la cabeza.

Con similar “ropaje”, “camuflaje seudojurídico”, de aquel golpe de Estado que intentara el presidente Jorge Serrano –golpe de Estado por acuerdo gubernativo– se pretende que el Tribunal Supremo Electoral –violando la Constitución y convertido, así, en delincuente– proceda, de facto, a la alteración de los períodos constitucionales.

El mayor problema de la oposición en esta crisis es que se encuentra sin cabeza.

Las propuestas golpistas, sean light o heavy weight –muchas de ellas formuladas de buena fe– obedecen a esta dinámica de una gallina sin cabeza, convulsionada y falta de coordinación alguna y por eso es que el movimiento que se iniciara –no antes–, sino –después– como una consecuencia de que el MP-CICIG accionara en contra de la corrupción que descubriera –al más alto nivel– en la entidad recaudadora del Estado –haya ido perdiendo seriedad y consistencia.

La falta de cabeza se ha debido, sobre todo, a la soberbia y falta de compromiso. “Nadie es mejor para su ayuda de cámara” y, entre nosotros, nadie reconoce méritos en nadie por lo que se hizo imposible que se diera dirigencia, sabedores todos –conociéndose a sí mismos– que cabecita más alta, cabecita volada (además de jalar para abajo al cangrejo que pretende escaparse de la olla, nos caracterizamos, entre nosotros, por volar cualquier cabeza que resalte).

Falta de cabeza, además, porque nadie “quiso” asumir la responsabilidad de dirigirlo siendo más fácil, confundirse en la masa.

Las masas, sin líderes, no pasan de ser masas.

Fueron tales los despropósitos de la gallina sin cabeza que se comprometió a las propias instituciones auxiliares de la administración de justicia –MP-CICIG– en asuntos políticos que no les corresponden –reformas electorales y elecciones– cuando debían dedicarse –de lleno– a la culminación –con éxito– de los casos emprendidos.

Tales, los despropósitos, que las acciones y planteamientos absurdos restaron importancia a acciones que son absolutamente válidas como la de amparo emprendida por el abogado Flaminio Bonilla en contra del Congreso de la República para obligarlo a que cumpla sus funciones, acciones que –desde dentro– pueden poner en orden el Estado.

Tan sin cabeza el movimiento –tan grande la soberbia y la falta de compromiso– que no se reconoce siquiera al único que –con todo derecho– podría abanderarlo, el presidente de elPeriódico, Jose Rubén Zamora.

Tan sin cabeza, que ha sido incapaz de conducir a compromisos y consensos.

A esas alturas no debemos de permitirnos ya más distractores: las elecciones serán el 6 de septiembre, la segunda vuelta electoral el 25 de octubre y la toma de posesión del binomio electo, el 14 de enero.

Existen, dentro del orden establecido, las instituciones necesarias para poner en orden el Estado y los intentos golpistas y “atajos”, en nada benefician la necesaria reordenación que debe darse.

El golpe verdadero –revolucionario y audaz– el único golpe al que debemos adherirnos –es al golpe de la ley: el estricto cumplimiento de todas y cada una de las normas constitucionales– lo que jamás hemos intentado –el pacto de paz social que costó tanto establecer y que rige entre nosotros.

La Contraloría General de Cuentas, el Ministerio Público, la Procuraduría General de la Nación (esta ni siquiera se menciona ¡Vaya que se desconoce el Estado!) y el Procurador de los Derechos Humanos, constituyen la clave –a través de sus controles– del correcto uso del poder y, en consecuencia, del correcto funcionamiento del Estado –motor que pueden ser–, si eficientes en hacerlo, de que los Tribunales de Justicia y el Congreso de la República, los otros contralores –jurisdiccional, el uno; político, el otro– funcionen como tales: la Guatemala municipal y emergente, creciente y cada vez con más recursos y potestades pero, debidamente fiscalizada y sometida –como todos– a la rendición de cuentas.

Si ruleta rusa, las elecciones, las no elecciones: balazo directo a la cabeza.

El poder es alcanzable en nuestro sistema político pero única y exclusivamente, por el camino de la ley, sin que existan los “atajos”, mal inveterado de nuestra historia.

Los planteamientos de “gobiernos provisorios” que pudieran instalarse por encima de la sucesión prevista por la ley o excedidos en funciones, son golpistas y deben quedar en el pasado: la lucha en contra de la corrupción y en pro del correcto funcionamiento del Estado puede y debe realizarse, desde dentro –apoyada esa lucha por quienes, de verdad, quieren combatirla y conseguirlo: necesario, para hacerlo, la ley en la mano.

La renuncia es un acto que –por su propia naturaleza– es absolutamente voluntario y la decisión del Presidente de la República de sujetarse a los caminos establecidos por la ley para acudir al llamado que pueda hacerle la justicia, en la ley se encuentra sustentada. 

Las elecciones –estamos a 12 días de que estas se celebren– serán el 6 de septiembre, ni un día antes, ni uno después y la preservación de la institucionalidad del Estado constituye –en este preciso momento– el más importante de los retos. Amén.

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