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Editorial de hoy

Mantener el impulso; construir justicia

opinion

Amigo lector, espero que a la hora que lea estas líneas la renuncia y captura de Pérez Molina sea ya un hecho.

Bravo a todos y cada uno de los guatemaltecos que bajo la lluvia o un pesado sol se mantuvieron firmes, al pie del cañón; afuera del Palacio Nacional clamando justicia; bravo a una ciudadanía activa, consciente y vigilante. Bravo a la valentía de Thelma Aldana para reclamar justicia. Bravo a la capacidad de Iván Velásquez. Bravo a Jose Rubén Zamora que lleva años sacando a la luz lo que muchos antes no quisieron ver. Bravo a todos los que desde sus trincheras han contribuido a desmantelar la farsa de gobierno de esos ladrones de Pérez y Baldetti a los que el fin de semana los vimos representados en piñatas siendo quemados en el Parque Central por un pueblo harto de tanto saqueo e injusticia.

Me imagino que se sienten extraños quienes hace algunos años cuando este matutino comenzó a hacer público los excesos de Baldetti y no solo muchos anunciantes retiraron su publicidad, sino a mí varias veces me dijeron: “ese tu jefe, Chepe Zamora ha de tener celos de no ser presidente y por eso se inventa esas cosas que publica sin fundamentos sobre Pérez y Baldetti”.

Me alegra saber que el sector empresarial organizado se une por fin a la lucha para sacar al presidente, pero creo que deben admitir también que –ante tantos delitos electorales cometidos por decenas y decenas de candidatos y la salida tan patética del gobierno en turno– el actual proceso electoral es aberrante y por ende insostenible.

Es asunto de lógica y coherencia: hacer elecciones en estas condiciones, tras una campaña electoral cundida de violaciones e irregularidades, que son el obvio resultado de cuatro años del sistema de cleptocracia Pérez-Molinista, es potencializar una nueva camarilla de ladrones y criminales. Todos podemos coincidir al menos en esto.

El panorama es complejo e incluye demasiadas variables visibles e invisibles. No tenemos certeza de nada. Son días de incertidumbre, porque ninguno podemos realmente predecir qué nos depara el futuro entre unas elecciones que a pesar del reclamo del pueblo igual se celebrarán, unos diputados que quieren sacar a la CICIG, un Congreso que le pertenece al Lider, unos candidatos que no nos representan y ante todo ese caos, un triángulo ciudadanía-MP-CICIG que seguiremos luchando por lo que parece insalvable. Un sector acaso arrinconado dispuesto a no descansar para seguir levantando la voz contra la corrupción y la impunidad y condena para la cleptocracia.

La única certeza que tenemos es que no podemos silenciar ni detener el clamor popular por la justicia y por la reforma del sistema político, porque solo este –junto a las acciones de MP y CICIG– pueden representar un cambio radical y estructural para el mismo.

El gobierno guatemalteco respira con oxígeno artificial, no sabemos hacia dónde vamos. Definitivamente hay muchas más preguntas que repuestas. Caminamos sobre arenas movedizas y los políticos pretenden aferrarse a un barco que ellos mismos hicieron hundirse. Mantenemos la convicción de que en estas condiciones no queremos elecciones. Sabemos que es necesario transformar el sistema político, llamar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución para refundar el Estado.

Lo revelado por MP y CICIG la semana pasada tendría que ser razón suficiente para que TSE llame a aplazar las elecciones.

Estoy convencida de que en estas condiciones las elecciones serían otra farsa. Y sin embargo, el reloj está contra los que demandamos un proceso electoral legítimo. Dada la atmósfera de dudas e incógnitas podemos entonces mantenernos sobre la certeza de que podemos y debemos mantener la unidad colectiva ya que es ahí donde está el germen del poder transformador y desde donde todo puede resurgir.

Por fin, los guatemaltecos logramos atravesar el miedo que supone hablar en una sociedad como lo nuestra, logramos cohesionarnos y pasar del “yo” al “nosotros”. Es desde ese “nosotros” que debemos seguir luchando para conquistar un país de justicia, mantener el impulso de lo que nos unió, no sucumbir al caos que nos rodea.

Por ello llamamos a no callar el clamor popular, ese que exige un cambio radical no solo en el sistema de justicia, sino una reforma estructural del Estado para construir un país justo. La indignación y la necesidad colectiva de exigir justicia logró tender puentes entre lo que antes parecía imposible. Esto apenas empieza.

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