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Editorial de hoy

Lucila Castañeda de León en la memoria

opinion

De tanto esperar lo que no llegaba, poco a poco, su salud mental se deterioró.

Desde que me enteré de la forma como encontraron a Lucila muerta he llevado en el corazón mucha tristeza, y conforme pasan los días, le pongo pensamientos a su vida y a su trayectoria personal. Valoro que su vida fue un ejemplo de cómo en este país, la soledad y el aislamiento son capaces de estimular una muerte paulatina y lenta. Pensar diferente y poseer otro nivel de comprensión de los hechos y las cosas, no ser eco, no ser comparsa, pueden incidir, al final del cansancio, del acabamiento moral y mental, en tomar la decisión de dejarse ir, escurrirse cubriéndose con el manto de la ingrata adversidad.

  Soy amiga de la familia Castañeda de León, desde hace décadas. A Lucila, en el tiempo que cultivé su amistad, siempre la admiré, porque desde muy joven fue determinada en sus ideales. Prefirió dedicarse a estudiar, que diluirlos en una promisoria boda. Estudió la carrera de periodismo en España y obtuvo una maestría, con una beca de la Sociedad Interamericana de Prensa. Regresó a colaborar en El Imparcial escribiendo reportajes sobre temas de importancia social. Su ideal siempre fue traer a la conciencia de los lectores “la otra realidad” y compartir con los demás. Lo que la mayoría prefería ignorar: El sufrimiento que miles de niños padecen en Guatemala. Por esa causa, decidió ampliar más su visión de periodista y estudió medicina en la universidad de San Carlos. Se graduó de médica y cirujana.

En 1985, se trasladó a vivir a La Antigua, para investigar los traumas con que la violencia, de esos años, marcaba a los niños de los diferentes grupos étnicos. Cuando la visité, con mucho cariño se expresó de varios casos de niños que, no solo habían visto cómo mataban a sus padres, sino también del terror retenido en su mirada por las imágenes imborrables marcadas en su memoria. Se trató de un esfuerzo para realizar un trabajo en medicina preventiva, conocido ahora como investigación en Pediatría Psicosocial.

Estoy segura que a ser sensible y solidario no es un curso que ofrezcan las universidades. Se vive por dos cortos caminos: Hacer de la religión una práctica de vida, o nacer en un hogar donde el ejemplo del amor al prójimo se impregna desde la cuna. El caso segundo, es el hogar donde Lucila y sus hermanos crecieron. Su padre fue el doctor Gustavo Castañeda Palacios, fundador de la Sala de Pediatría del hospital Roosevelt y su director por más de 30 años. Su madre, Chusita de León Roldán, una mujer sostenida en una profunda fe, que no abandona ni en los avatares ni en las tempestades. Ambos descendientes de las más honorables familias de Zacapa, familias donde los profesionales honestos y talentosos se multiplicaban, que como auténticos orientales tenían la mano franca y el ingenio a flor de piel.

Aún con ese linaje y el corazón puesto en tantos ideales de servicio, ¿Cómo se hubiera afectado su vida, –estimado lector–, si los cobardes sin rostro, los impunes, acribillan por la espalda a su hermano menor, Oli, –como ella lo llamaba– saliendo de pronunciar un discurso, en una celebración del 20 de octubre? Ni su empatía con la vida, ni su salud emocional volvieron a ser lo mismo. Solamente las familias igualmente víctimas de esos años, lo pueden entender.

Después del asesinato y la seguida muerte de su padre, comenzó a aislarse de quienes desconfiaba y, al mismo tiempo, continuó su digna lucha por la sobrevivencia. Primero, aquel peregrinaje laberíntico en los tribunales del engaño en la búsqueda de la Justicia, que nunca llegó. Después, la concertación, el engaño, para no otorgarle una plaza de trabajo. Todavía buscaba becas, luchaba, para conseguir oportunidades fuera. De tanto esperar lo que no llegaba, poco a poco, su salud mental se deterioró. En años anteriores, le habían diagnosticado manía-persecutoria y ella también se daba cuenta que, a veces se metía en estériles y fastidiosos problemas. Aún así, asistía a la biblioteca del Hospital San Juan de Dios, donde un amigo, de muchos años le permitía el lugar, para trabajar en su proyecto de transformar su casa en una biblioteca, para los estudiantes del área del Centro Histórico. ¿Cuál fue la causa, para que tomara la decisión de viajar a la muerte, como lo hizo? Nadie lo sabe. Meses atrás, le pidió a sus amigos que no la visitaran más, con dignidad y sin miedo comenzó su ritual de dejarse ir con el pasar del tiempo… Y así la encontraron.

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