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Editorial de hoy

No al voto nulo y al abstencionismo, en esta crucial elección

opinion

El punto es sacar a “sombrerazos” a esos políticos marrulleros mediante el voto.

El descontento popular priva contra la clase política a raíz de las sindicaciones de actos de corrupción, asociación ilícita y tráfico de influencias descubiertos en los últimos meses; situación que ha colmado la paciencia de la ciudadanía. Mientras eso sucede la contienda electoral se aproxima y la apatía y desconfianza al proceso abunda, a tal grado que la gente habla de no acudir a las urnas o de anular el voto.

 

Las últimas actuaciones de algunos partidos en el Congreso de la República muestra la férrea oposición de esa clase política a las demandas ciudadanas; por otro lado, la salida democrática de las elecciones no logra desactivar la bomba de la insatisfacción. Distintas opciones de reencauzamiento se escuchan, unas dentro del orden constitucional y otras más atrevidas que proponen un gobierno de transición. Pero, desgraciadamente el paso del tiempo corre a favor de los politiqueros que rehúyen las reformas legislativas y la instauración de un verdadero régimen de derecho.

 

Ahora los ciudadanos nos encontramos en un callejón sin salida, las encuestas informan que los primeros lugares corresponden a candidatos de partidos que han crecido en base a clientelismo, financiamiento ilícito y liderazgos que huelen más a latrocinio que a antecedentes de buena conducta y ejecutorias ejemplares de vida. Una tormenta perfecta que viene a incidir en el desánimo, decepción y cólera de la población frente al cuestionado proceso electoral que se avecina.

 

El desasosiego de la ciudadanía es evidente. No se avizoran opciones decentes que aglutinen, consoliden y convenzan al electorado, y le puedan dar vueltegato a las preferencias actuales. Pero, ¿puede el pueblo de Guatemala cambiar el actual patrón de preferencias? Creo que sí, la única forma de lograrlo sería acudir masivamente a los centros de votación y hacer valer la fuerza del voto, depositándolo en alguna opción no contaminada y bien capacitada, y darle el beneficio de la duda. Eso quiere decir que cada ciudadano debe pensar bien su voto, y convencer por lo menos a un indeciso de ir a votar y acompañarlo si posible a un centro de votación. El punto es sacar a “sombrerazos” a esos políticos marrulleros mediante el voto.

 

Una cuestión importante de aclarar es que el voto nulo o en blanco no contribuye en nada a sanear el sistema político porque no tienen consecuencia legal, ambos votos son inválidos, no suman, no cuentan. ¿A quién beneficia y a quiénes perjudican esos votos? El que sale beneficiado es el partido puntero y los grandes perdedores son los partidos pequeños. El voto es voz, y en una democracia representativa el voto es el único medio que permite seleccionar a los mejores y castigar a los que han hecho mal gobierno o pretenden reelegirse a pesar de haber sido imputados por conductas indebidas. Con ello se lograría la tan ansiada demanda ciudadana de contar con liderazgos decentes, honrados y capaces. Mostrar un rechazo al proceso electoral no sirve de nada, en otros países hacerlo daría origen a una reforma institucional, pero acá eso les “viene del norte” simplemente se reirán. Cambiar el rumbo a estas alturas con esos personajes es una quimera, un sueño imposible.

 

Movimientos con mucho apoyo dinerario –sospechoso– ahora llaman a votar nulo, ojalá que la gente no se deje manipular porque sería una cobardía no expresarse, sería un acto indigno y solo serviría de trampolín para que políticos desalmados sigan depredando los bienes públicos, que pertenecen a todos los guatemaltecos.

 

Hay un cuento popular que ilustra muy bien que el voto es voz y que puede servir para premiar o castigar el estado de cosas, llamado La tortuga en el poste: un señor de edad conversaba en el parque con un joven sobre la situación política del país y la pobre oferta de candidatos, en unas elecciones que se avecinaban.

 

El señor le dice al joven:

 

– ¿Sabe? Los candidatos a los cargos de elección popular que nos han presentado son como la tortuga en el poste.

 

Después de un breve lapso, el joven responde:

 

– No comprendo bien la analogía… ¿Qué significa eso, señor? Entonces, el señor le explica:

 

– Si vas caminando por el campo y ves una tortuga arriba de un poste de alambrado haciendo equilibrio ¿Qué se te ocurre?

 

Viendo la cara de incomprensión del joven, continúa con su explicación:

 

– Primero: No entenderás cómo llegó ahí.

 

– Segundo: No podrás creer que esté ahí.

 

– Tercero: Sabrás que no pudo haber subido solita.

 

– Cuarto: Estarás seguro de que no debería estar allí.

 

– Quinto: Serás consciente de que no va a hacer nada útil mientras esté allí.

 

– Entonces, lo único sensato sería ayudarla a bajar.

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