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Editorial de hoy

Que siga la fiesta en el Titanic

opinion

Los países no tocan fondo.

Será la fuerza de la costumbre o los nichos de confort que ofrece el sistema. Para algunos comentaristas es normal una democracia en la que el Congreso está capturado enteramente por grupos de interés, lícitos e ilícitos. Es más, hasta les parece digno de encomio que los representantes se burlen de la ciudadanía y hagan de la ley y las sanciones del TSE papelitos arrugados que lanzan al cesto, mientras desarrugan los billetes de recaudación de campaña.

 

Su idea de democracia es un mercado tropical irrefrenable en el que se compran votos, se cobran coimas y se saca raja a cualquier contrato público. La rabia ciudadana no entra en esas cuentas. Si no, miren las encuestas: la gente quiere ir a votar y que no se mueva el calendario. ¡El 80 por ciento! No es coincidencia que la cifra empate con la de la población socialmente excluida. Entiendan las reglas, nos dicen: si quieren cambiar el sistema organicen su partido-empresa, hágase de buenos padrinos y láncese a la aventura de pescar votos con abundantes anzuelos. Y para demostrarle que no todo se compra con dinero, ahí está Jimmy Morales (¿Cuántos Jimmys hemos tenido en 30 años?).

 

¿Qué les pasa? Nos reclaman. Crisis, ¿cuál crisis? Acá, todo tranquilo. Ustedes, quienes dicen que las cosas van mal, están mal –nos restriegan. A saber de qué país vienen o dónde creen que nacieron. El sistema resiste la maledicencia: demasiado bien para tanta torpeza– nos lo confiesan. Es tan dúctil. Nada se ha roto a pesar de los récords de descaro, desvergüenza y caradura. El año entrante tendremos “agencia de empleo” y un equipazo de gobierno que, poniéndose la camiseta de la furia azul, sin chistar nos llevará directo a Rusia 2018.

 

Lo que pasa ahora –nos insisten– es simple y pasajero. A la CICIG y al MP se les ocurrió destapar y remover, en mala hora, las cloacas del sistema y huele mal, solo un poco mal. Pero va a pasar. El aromatizador del 6 de septiembre (confían) nos hará olvidar el hedor, aunque Iván Velásquez siga removiendo las aguas nauseabundas. Elegiremos, como Haití eligió como presidente, nuestro  Mooning. Santos en paz. Pobres los que esperaban la crisis, pues no tiene cita en este paraíso, donde puntualmente, ni un día antes ni uno después (pudo haber dicho el buen amigo Acisclo, en otro contexto), son asesinadas 16 personas; 202 niñas (10-19 años) son abusadas y embarazadas cada 24 horas, y 18 infantes mueren de hambre cada día. Los países, a diferencia del Titanic, no tocan fondo, solo pasan a otras dimensiones. La fiesta va a seguir, aunque afuera siga ahogándose la gente que no sabe nadar en esas aguas negras. Eso no será crisis, hasta que se les inunde el salón de fiesta.

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