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Editorial de hoy

La tierra, el agua y el aire

opinion

Aprendimos a servirnos de la naturaleza…

Chaparro, regordete, los anteojos gruesos, así era don Belisario el profesor de Cosmografía que nos espetó cierta mañana frente a un mapamundi: “Al sistema planetario lo conforman: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y ahora el enano Plutón. Además, entre los diferentes estratos que forman la Tierra, están de adentro afuera, la litosfera, los territorios emergidos, la hidrosfera y la atmósfera que, protege al planeta que habitamos de un constante bombardeo de aerolitos”. Eso fue aprovechado por el Cabezón para lanzarle al maestro fragmentos de yeso –remedo de meteoritos– que se estrellaron súbitamente sobre el globo terráqueo, uno sobre el territorio de Estados Unidos, el otro sobre la Unión Soviética. Aprendimos después que además de servirnos de la naturaleza en beneficio de la humanidad, deberíamos de proteger a la vez, la tierra, el agua y el aire, elementos indispensables para la vida del planeta. Así presenciamos que durante los primeros cincuenta años del siglo XX, se usaron más o menos racionalmente los valiosos recursos del planeta; pero que con la aparición del mercantilismo, el neoliberalismo y el consumismo, dicha explotación se transformó en una expoliación inmisericorde a la que siguió una depredación abrumadora del aire, el agua y la tierra.

 

Para fortuna del planeta, apareció en el horizonte el Colectivo Madre Selva fundado por Magalí Rey Rosa y otros ecologistas, el que no solo ha denunciado la depredación sino que al mismo tiempo ha evitado que avorazadas compañías mineras roben con cinismo y destruyan con descaro los valiosos recursos naturales. Gracias a las agrupaciones ecologistas, el mundo pudo darse cuenta de que en Checoslovaquia, Estados Unidos, China, Filipinas, Nicaragua y Honduras, muchos ríos fueron contaminados con cianuro; siendo el caso más patético el derrame de millones de litros de cianuro al romperse un dique en una minera de Rumania.

 

A pesar de esos antecedentes, años después ingresó por la trastienda de nuestra tierra y con la aquiescencia del gobierno, la expoliadora y devastadora minería extranjera; y fue así como los ríos de las poblaciones de Sipacapa y San Miguel Ixtahuacán en el otrora sano departamento de San Marcos empezaron a contaminarse con cianuro y el dióxido de azufre con el óxido de nitrógeno volvieron ácidas las aguas. Todo esto en aras de la explotación del oro nuestro que, si bien ha reportado millones de dólares que se fugan hacia el extranjero, deja tan solo limosnas en regalías para este territorio exhausto y mancillado.

 

A pesar de la oposición tenaz del Colectivo Madre Selva, la Comisión de la Conferencia Episcopal, la diócesis de San Marcos y las poblaciones afectadas, las codiciosas y voraces compañías mineras coludidas con el gobierno, siguen con la depredación de la tierra, el agua y el aire nuestros.

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