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Editorial de hoy

En Guatemala el ciudadano no existe

opinion

¿Nos están arrinconando a una desobediencia civil generalizada?

Ser “ciudadano” implica básicamente una cosa: la existencia de un espacio político donde las personas que pertenecen a un Estado pueden organizarse para la búsqueda del bien común. Este espacio político, cuando existe, sirve para la construcción de valores comunes, emprendimiento de fines de interés general, posibilidad de dirimir diferencias y, sobre todo, para la protección de la vida y la visión de futuro.

 

En Guatemala el espacio político no existe. Los ciudadanos no tienen incidencia y los detentadores (porque eso son, detentadores) del poder público no tienen ningún respeto por la soberanía del pueblo. Entonces, hablar de democracia en Guatemala es una falacia. No tenemos democracia, sino una embarazosa situación: un sistema “legal” construido por los “políticos-delincuentes”, idóneo para saquear no solamente los recursos públicos, sino también nuestros recursos naturales. No importa cuánta manifestación pública, no importa cuánta organización social, el sistema es impenetrable.

 

Curiosamente, a esta impenetrabilidad ayudan personas bien intencionadas. Juristas amarrados a respetar el tenor literal de la ley como a una piedra que nos llevará al fondo del mar, sin posibilidad de salvarnos. Respetar la letra muerta, aunque con ello se haga pedazos el principio constitucional y ético más valioso y que le da legitimidad al ejercicio de la autoridad: la soberanía del pueblo.

 

Las próximas elecciones han terminado siendo un chiste. El candidato puntero se mofa de todo: impide la promulgación de la LEPP, sobrepasa el techo de campaña, no respeta la prohibición del TSE, convierte cada mitin político en una feria donde se rifan motos y otros enseres, lo cual es en esencia un fraude electoral. Ah, pero a la hora de juzgar si puede o no participar, una lluvia de derechos protectores a su candidatura le llueve encima. ¿Es eso democracia?

 

A los ciudadanos el manejo que las autoridades están haciendo de las leyes nos está llevando a pensar que la “democracia”, la “institucionalidad”, el “estado de derecho” no sirven para los fines de la convivencia pacífica. Son fórmulas para legitimar una tiranía de la corrupción, bien orquestada, bien articulada y llena de cómplices.

 

El día de ayer, la noticia fue Anonymous, un grupo de hackers que decidió quebrar la seguridad del sistema informático del TSE. Un acto de desobediencia civil, según ellos lo miran. De manera casi instantánea miles de guatemaltecos aprobaron la acción por las redes sociales. ¿Qué dice eso del ánimo social? Quienes están apoyando (de buena o mala fe) que nada suceda para alterar el orden perverso de las cosas, están sembrando tempestades. ¿Estaremos obligados a acudir a la desobediencia civil para ser escuchados?

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