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Editorial de hoy

Hicieron sudar a un soldado

opinion

La corrupción del poder es el más vicioso de los círculos.

El video de dos soldados golpeando salvajemente a dos jovencitos se volvió viral. Pero no solamente las imágenes eran crudas. También lo que decían, envalentonados, los soldados: “me hiciste sudar”, aparentemente un nuevo delito que inauguran en las calles los patrullajes militares. No se puede hacer sudar a un soldado sin sufrir las consecuencias: una ruda violencia que no está limitada por ninguna ley. Al fin y al cabo es poder puro y duro. El poder de las armas y de la sinrazón.

 

También se escucha al soldado proferir otra verdad dolorosa: “así me entrenaron a mí en el Ejército”. Los métodos para convertir a un muchacho en un sádico soldado siguen siendo los mismos. A golpes, con desprecio de su humanidad, destruyendo su capacidad para el respeto, sustituyendo sus sentimientos por los que exige el imperio del abuso. Curiosamente, lejos de repudiar el daño que les hicieron, lo interiorizan y replican. Ahora ellos están en el ejercicio del poder, ahora ellos abusan. ¡Círculo vicioso de degeneración! ¿Cómo puede permitirse a una institución del Estado guatemalteco continuar con estas prácticas?

 

Lo peor de todo vino con los comentarios en las redes sociales. Miles de guatemaltecos no solamente condonan la actitud abusiva de los militares. La aplauden y se emocionan, como los antiguos romanos que pedían a gritos que las bestias atacaran en el circo. Una sociedad enferma de violencia, con una ceguera que asusta.

 

Sí, ciertamente muchos jóvenes se han vuelto delincuentes. Pertenecen a las maras, son niños sicarios, indiferentes y fríos como viejos lobos depredadores. Lejos de verlos como almas perdidas, deberíamos cuestionarnos qué sociedad hemos construido que produce estos resultados. Porque ellos son responsabilidad de la sociedad. De hecho, los jóvenes maleantes son producto de la marginalización: falta de oportunidades de estudio, falta de trabajo, falta de pertenencia. Lejos de criminalizarlos, recordemos siempre que son víctimas. Y si nos cuesta trabajo aceptarlo, allí tenemos el caso de Ángel, el niño que prefirió morir antes de matar. ¿Cuántos muchachos se ven en semejante encrucijada todos los días?

 

Los niños, los jóvenes marginados, terminan siendo simples engranajes de los males estructurales del país: políticos corruptos que, lejos de ocuparse del bien público, abren la senda al crimen. El Presidente del Banco de Guatemala, protege a un tipo que lava dinero para comprar precursores que servirán para fabricar drogas. Los jóvenes serán encargados de venderlas, servirán a esa perversa cadena de poder político-económico. Luego, el mismo poder corrompido que gesta el mal, lo castiga “con mano dura”. La corrupción termina siendo el más vicioso de los círculos.

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