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Editorial de hoy

Gobierno de transición

opinion

Lo que Pérez y Baldizón no supieron hacer.

El Grupo Semilla propuso un gobierno de transición para ordenar la casa, y antes de que se secara la tinta quienes en el gobierno ven micos aparejados levantaron el dedo inquisidor: “¡Golpistas!” El gobierno de transición se define por las tareas de reforma del Estado que emprende, no por su composición ni origen.

 

Otto Pérez, como se lo propuso el CACIF públicamente desde inicios de mayo, pudo haber encabezado un gobierno de transición después del 16 de abril, limpiando su propia administración e intercediendo con su bancada en el Congreso por las reformas centrales en este periodo: régimen político y electoral, contrataciones y carrera de servicio público. No asumió la iniciativa y se atrincheró. La corrupción ha continuado depredando hasta el colapso al Estado, y la crisis política ya incuba otras crisis. Ahora Pérez se mide por la gente que no llega a la Plaza a pedir su renuncia, y respira mejor. Patético.

 

Más patético, Manuel Baldizón. Él, sin gestionar directamente, pudo haber dirigido desde ya el gobierno de transición, considerando el peso de Lider en el Congreso. Alguien le regaló el manual de cómo “no” actuar en situaciones de crisis (o quizá ni lo necesita). Como sea, lo hizo todo al revés. Primero se victimizó, mientras pateaba bajo la mesa usando sus propios medios de comunicación, los de sus aliados de ocasión y aquellos que rechinan a golpe de cash. Inmediatamente después se puso en posición de ataque frente a una supuesta conspiración de alcances planetarios. Blandía el garrote en una mano y la zanahoria verde en la otra, buscando qué magistrado se le cruza en el camino.

 

Baldizón es el peor enemigo de Baldizón y está a punto de derrotarlo. Si en los centros urbanos de todo el país venía subiendo este año el anti-baldizonismo, ahora definitivamente los tiene en contra y fortificados: no lo dejarán pasar y, si acaso gana el 25 de octubre, no lo dejarán gobernar a sus anchas. Se peleó con la Usac y la Plataforma, que aglutina más de 130 organizaciones de todo el país, destacadamente indígenas y rurales, y las iglesias. Por si aún quedaba un error mayúsculo qué acometer, ahí está la CICIG y su portaestandarte, el comisionado Iván Velásquez. Se puso a pelear en las ligas mayores, e irremediablemente saldrá vapuleado.

 

Que Pérez Molina y Baldizón, por las razones que sea, tiraran por la borda la oportunidad que venía bajo el brazo de esta crisis, no quiere decir que el concepto de gobierno de transición perdió vigencia. Al contrario, con la crisis que se profundiza tiene más fuerza. El dirigente político que creíblemente lo asuma, conducirá la nave.

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