[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Editorial de hoy

Pero aún falta el estricto cumplimiento de las leyes

opinion

Nadie puede ser condenado ni privado de sus derechos, sin haber sido citado, oído y vencido en juicio.

En el caso de Zury Ríos ya se ha hecho Justicia –su inscripción como candidata a la Presidencia de la República– resulta absolutamente irreversible puesto que casos idénticos, Jacobo Árbenz, Lionel Sisniega Otero y Zury Ríos no hubieran podido resolverse ¡Habría sido el colmo de la incongruencia y de la inconsistencia jurídicas¡ de forma distinta.

 

Por estas inconsistencias e incongruencias –afortunadamente, superada– es que las instituciones pierden su prestigio. ¿Inscritos aquellos, pero esta no? ¡Por favor!

 

Habiéndome referido al citado caso, amparado ya, no puedo sino referirme, también, a la denegatoria de inscripción del ex presidente de la República, Alfonso Portillo, como candidato a diputado.

 

La única forma en que puede inhabilitarse a una persona para acceder a cargos públicos es por resolución judicial puesto que nadie puede ser privado de sus derechos sin haber sido citado, oído y vencido en juicio y el derecho de elegir y ser electo no es algo etéreo sino un derecho que –como todos los derechos– se encuentra sujeto a la mismísima protección constitucional que los restantes.

 

En el caso del expresidente Portillo, citado y oído que fue por tribunal guatemalteco, no vencido, pues, sino absuelto y, en el caso del tribunal de Estados Unidos de América, en que sí fue vencido –condenado– cumplió su condena no teniendo esta ningún pronunciamiento sobre inhabilitación alguna, por lo demás no ejecutable más allá de sus fronteras, pendiente de cumplir.

 

¿Será el caso que se quiere erigir el Registrador Electoral, algo así como, en un “catador de pureza”? ¡Por favor! ¿Y qué? ¿Será que a partir de ahora tendrán las autoridades electorales la potestad de privar del derecho de elegir y ser electo sin citar, oír y vencer en juicio al ciudadano? ¡Por favor!

 

Está bien que aquellos no versados digan cuanto quieran –están en su derecho– pero que lo hagan las autoridades electorales –ejerciendo autoridad– es poco menos que increíble.

 

¿Les parece honorable a las autoridades electorales –catadoras de pureza– que un candidato a diputado publique –como propios– artículos plagiados? Pues, al parecer sí les parece, pues ya se encuentra inscrito. ¿Y les parecen honorables, acaso, los evasores de impuestos? ¿Honorables quienes no pagan a sus trabajadores salarios dignos?

 

Si no ponemos un alto a las arbitrariedades y necedades de las autoridades electorales –improvisadas catadoras de pureza– el día de mañana, un régimen autoritario, determinará, a discreción, quiénes le parecen dignos –y quienes no– para que participen en las distintas elecciones… (Catador –el autoritarismo– de pureza). Servida en bandeja –esta necedad– para que el Frankenstein de la arbitrariedad en cualquier momento se revierta.

 

¿No nos damos cuenta del peligro? La privación de derechos electorales –y de todo tipo– sin cita, sin audiencia y sin condena. ¡Bonito Estado de Derecho el que se pretende establecer!

 

La Corte Suprema de Justicia también tuvo que poner en orden la ocurrencia de los antejuicios en contra de Manuel Baldizón, Sandra Torres y Mario Estrada, calenturas políticas que pueden comprenderse en los partidos pero –jamás– en las autoridades electorales. ¿Qué les pasa? ¿Mareadas por el poder? ¿Por el (entre comillas) “clamor popular”?

 

Es oportuno prevenir sobre otra “ocurrencia” que, menos mal, no ha llegado al Tribunal Supremo Electoral y que es la negación misma del más elemental principio de Derecho Registral: “Que los efectos de la inscripción no se retrotraen al momento en que la inscripción se solicita”. ¡Por favor!

 

Finalmente, en todo esto, una humilde sugerencia ¿Por qué no se permite que sea el pueblo –el soberano– quien decida con su voto?

 

¿Cuál es el temor?

 

Estamos hoy a 40 días de elecciones –el tiempo perdido, hasta los santos lo lloran– y el caso es que el Estado distinto que queremos no puede surgir sino del mismo Estado: El día en que se cumpla la Constitución de la República –todas y cada una de sus normas– y funcionen las instituciones, como constitucionalmente corresponde –especialmente– la Contraloría General de Cuentas, el Ministerio Público, la Procuraduría General de la Nación y el Procurador de los Derechos Humanos –tendremos una Guatemala distinta–. Todo lo demás –rompimiento del orden constitucional incluido– no vendría a ser, sino más de lo mismo.

 

No existen los 500 justos en la tierra, ni siquiera vestiditos de primera comunión y es mejor, entonces, que sean las instituciones quienes pongan en orden a “justos” e “injustos”. ¿O acaso lista ya, la primera piedra”?

 

Quienes atentan en contra de la institucionalidad del Estado –lejos de hacer el bien, hacen un mal– imposible que pueda combatirse la corrupción con el atropello de las leyes. Amén.

 

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Amílcar Álvarez
Borrar el tiempo

El principio de igualdad ante la ley y su observancia de carácter general debe prevalecer sin atender a un grupo social determinado.

noticia Luis Aceituno
Escuchando a Ernesto Cardenal

Lado b

noticia
Inauguran exposición “Abrazo de hilos y pigmentos”

David Ordóñez ha sabido ver y transmitir por medio de hilos, la conexión entre el corazón de los mayas y la tierra.



Más en esta sección

La portada del día

otras-noticias

Las de la paciencia

otras-noticias

El obstáculo en la negociación de las Cortes

otras-noticias

Publicidad