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Editorial de hoy

Los peligros de las redes sociales de la red

opinion

Las sociedades cerradas, como Cuba o Corea del Norte, deben estar sin duda preocupadas por los cambios.

Este mes el gobierno de Cuba ha abierto por primera vez 35 áreas con acceso público de wifi. Hasta ahora era prácticamente imposible conectarse a la red. Aún hoy no es nada fácil. El precio de US$2 por hora es sumamente alto para los niveles medios de ingreso de la población. En una entrevista con los medios de comunicación estatales de la Isla en este mes de julio, el político José Ramón Machado Ventura dijo: “Todo el mundo sabe porqué Cuba no tiene más Internet: es demasiado caro”; y continuó: “algunos quieren dárnoslo de forma gratuita, para que el pueblo de Cuba pueda comunicarse, pero su verdadero objetivo es infiltrarse dentro de nosotros… para destruir la revolución”.

 

Esta desconfianza de quienes quieren mantener sin cambios el estado actual de las sociedades parece justificada. Las nuevas tecnologías de la comunicación tienden a ser disruptivas y revolucionarias. La enorme facilidad que brinda la Internet para intercambiar información es ya por sí misma un poderoso agente de cambio social. Nada puede permanecer en su lugar, una vez que se abren las compuertas a esa imparable marejada de nueva información. Las palabras del griego Heráclito panta rhei kai ouden menei nunca han sido más ciertas que ahora. Todo fluye, nada permanece. Y es esto lo que puede ser un verdadero motivo de preocupación. ¿Puede una sociedad –o cualquier sistema organizado– mantener su identidad sometido a un incesante y profundo cambio?

 

Las sociedades cerradas, como Cuba o Corea del Norte, deben estar sin duda preocupadas por los cambios que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación traen aparejados, pero ¿qué está ocurriendo con las llamadas “sociedades abiertas”?

 

La rápida multiplicación de redes sociales y comunidades diversas por Internet está provocando cambios profundos en las sociedades. Se trata de cambios de todo tipo. Muchos que sin duda podemos valorar positivamente y otros que se podrían valorar de manera negativa. Por ejemplo: un fenómeno que parece peligroso y que podría generar graves conflictos sociales es la “polarización” que las redes y las comunidades diversas de internautas están estimulando.

 

Los viajeros de la red tendemos a viajar en grupos, las llamadas “comunidades de interés”. Y como buenos compañeros de viaje tendemos a comunicar nuestras experiencias a quienes viajan con nosotros. Les informamos de los acontecimientos que nos afectan, de los lugares y paisajes o personajes que debemos visitar o evitar, de los peligros que encontramos y debemos sortear o evadir. Todo esto es muy natural y refleja nuestra benevolencia y nuestra solidaridad humana. Sin embargo, esto se convierte rápidamente en un circuito de retroalimentación positiva, donde, como se decía de la cerrada sociedad bostoniana, “los Lowells solo hablan con los Cabots y los Cabots solo hablan con Dios”.

 

Este fenómeno, sumamente humano y natural, de formar comunidades cerradas es evidente en las redes sociales de Internet. Así encontramos que los “conservadores” solo se comunican con otros “conservadores,” los “fundamentalistas” con sus compañeros “fundamentalistas”, y así cada oveja ideológica, compartiendo su agenda particular, tiende a relacionarse y a conversar solo con su pareja respectiva.

 

De ser cierto este fenómeno, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación parecerían estar cerrando de manera paradójica las mentes de los internautas y polarizando gravemente a las sociedades. Las nuevas tecnologías informáticas podrían estar matando nuestra capacidad de conversar verdaderamente con nuestros semejantes. Y esto es algo sumamente peligroso para la sociedad abierta.

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