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Editorial de hoy

Apoyo radical a la CICIG

opinion

Todo el peso de la transformación del Estado ha caído sobre la CICIG.

En esta profunda crisis política, Guatemala ha tenido pocos amigos poderosos. Los ciudadanos de a pie, la gente común y corriente, ha persistido en una larga protesta que parece que no terminará pronto. Y muchos, en lugar de apoyarla y fortalecerla, se solazan en criticarla: no es tan masiva como los primeros días, es de clasemedieros, la gente no sabe lo que quiere, no tienen líderes o lineamientos. Cada una de estas aseveraciones son falacias. El movimiento está vivo, es cada vez más incluyente, ha articulado propuestas concretas y se trata de un movimiento horizontal con líderes y propuestas y diversas. Quien no lo quiera ver, abandónese a su ceguera y duerma.

 

Mientras la gente se organiza, los políticos se atrincheran en una soberbia macabra. Pareciera que nada de lo que pasa en el país les incumbe. Se sienten inmunes a todo reclamo. Han llegado a un profundo estado psicótico en que la realidad distorsionada les convence de que son dueños del país y su destino.

 

Las redes mafiosas nacieron, crecieron y se multiplicaron en esta Guatemala de la posguerra. En lugar de utilizar estos casi 20 años desde la firma de los Acuerdos de Paz para reconstruir nuestro país, los políticos han trabajado de forma ardua para establecer un reino de corrupción con múltiples aristas.

 

Un perfecto sistema, bien orquestado, de iniquidad al que, encima de todo, le clavaron el nombre de “institucionalidad”. Resulta muy triste que en un momento crítico el Embajador de Estados Unidos haya liderado un errado apoyo al Presidente. Era su momento de caer y precipitar una urgente depuración del sistema. Sostenerlo en el poder ha agravado la crisis y envalentonado a la jauría de congresistas para manipular las acciones necesarias: conocer el antejuicio contra el Presidente, aprobar las reformas a la LEPP.

 

Si no fuera por la CICIG y la activa respuesta del MP los ciudadanos estaríamos desnudos y en la calle. ¡Qué peligroso resulta abandonar los espacios políticos!

 

Pero una cosa debemos tener clara: no podemos tirarle todo el peso de la transformación política de nuestro país al sistema de justicia. Es urgente articular otras respuestas y para ello, necesitamos alianzas. ¿Será que el cuerpo diplomático empieza a comprender su importante rol en la coyuntura? ¿Y el sector privado del país? ¿Y las organizaciones sociales no vendidas a cambio de limosnas? ¿Será que podemos todos levantarnos en contra de un Estado mafioso y liberar a Guatemala?

 

En este momento histórico, la fuerza de todos debe apoyar a la CICIG y al sistema de justicia. Pero además, se deben diversificar las acciones, fuertes, radicales, contra el sistema corrupto y sus actores. ¿O queremos “tener paciencia” otros cuatro años?

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