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Editorial de hoy

Debemos seguir despiertos

opinion

La clase media no debe ser indiferente a las luchas.

En los años recientes de la historia de Guatemala, el pueblo parecía dormido, especialmente en las áreas urbanas en donde la clase media parecía indiferente a la situación nacional que se veía, se sentía y que algunos medios empezaron a denunciar cuando su silencio olía a complicidad. Se sabía como siempre, que el Estado y sus recursos se habían puesto al servicio de unos cuantos y la corrupción galopaba de una institución a otra sin que saliéramos del marasmo, pues acostumbrados hemos estado a que las instituciones de justicia no funcionen y quizá por eso, cuando en abril se destapó un poquito la olla, las plazas públicas empezaron a ser tomadas por algunos sectores del pueblo y especialmente la juventud que justamente ha levantado una serie de reivindicaciones que de aprobarse, pueden devolver la confianza a la población.

 

Pero las luchas no deben ser aisladas, las organizaciones campesinas y su dirigencia más clara, con visión de país y que quieren un futuro diferente, no deberían quedarse al margen de la construcción de un nuevo Estado y de la nueva Guatemala en donde esta generación y las futuras, puedan vivir y respirar otros aires. La democracia hay que construirla paso a paso, pero hombro con hombro, en donde los sindicalistas, los campesinos, los pueblos indígenas, los hombres y mujeres de diversos sectores sociales unamos fuerzas para hacer realidad los sueños truncados por la oligarquía y los funcionarios y políticos corruptos que se aferran al mantenimiento del sistema injusto e inhumano que han mantenido.

 

Las páginas históricas que en el pasado la juventud y el pueblo han escrito en las calles, deben tener continuidad, pues a través de esas luchas nos despojamos de dictaduras y podemos hoy, si unimos fuerzas, cambiar el rostro de la Guatemala desnutrida, asolada por la avaricia de la oligarquía y la entrega descarada que los gobiernos han hecho de los recursos naturales a empresas transnacionales señaladas hoy de corrupción, mientras hemos soportado a una clase política que solo ve el derecho de su nariz y se olvida de las necesidades del pueblo.

 

Eso debe cambiar y solo la fuerza organizada del pueblo es capaz de lograrlo. Los pueblos indígenas, los trabajadores aglutinados en sindicatos consecuentes y las organizaciones campesinas no deben conformarse con ofrecimientos y migajas, ni la clase media debe ser indiferente a las luchas que las comunidades han librado por los recursos naturales y en defensa del territorio, por eso la lucha por la transformación de Guatemala debe pasar de las plazas, a las calles, al Congreso, a las Cortes y a las carreteras. Si despertamos, actuemos unidos y con más fuerza para lograr las transformaciones que el país necesita.

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