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Finanzas

Suelos pueden reducir su desempeño por menos fertilizantes


Ricardo Rapallo, representante de FAO en Guatemala, explica que los altos costos de los insumos agrícolas obligará a los agricultores a reducir las dosis.

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El alza de precios de insumos agrícolas y fertilizantes para cultivar ha impactado a los productores agrícolas. El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Guatemala, Ricardo Rapallo, respondió por correo electrónico algunas preguntas al respecto.

Desde FAO ¿han observado algún impacto o reducción en la siembra de cultivos de agricultores guatemaltecos?
-Aún faltan algunas semanas para que inicie la siembra de granos básicos en la mayor parte del país. Sin embargo, si los precios de los agroinsumos se mantienen altos —y todo apunta a que así será debido también al conflicto bélico en Ucrania—, un significativo número de productores reducirán la compra de fertilizantes u optarán por adquirir algunos de menor calidad. Incluso, los que puedan comprar fertilizantes a mayor precio, reducirán sus ingresos, aunque trasladen parte del mismo a los consumidores. El aumento de los costos de producción preocupa porque se trasladan tarde o temprano al consumidor, y de forma inmediata al productor.

Permítame ilustrar esta situación con un ejemplo. Los productores del Oriente de Guatemala, especialmente del denominado Corredor Seco, tienen un promedio de tierra para cultivar de media manzana por familia. En nuestra experiencia trabajando junto al MAGA por más de dos décadas en esta parte del país, estimamos que una familia de seis miembros consume anualmente en torno a 32 quintales de maíz. Hace un año, cuando el precio del fertilizante era al menos un 50 por ciento menor, apenas lograban comprar fertilizante para producir suficiente maíz y frijol para garantizarse cinco o seis meses de reservas (es decir unos 15 quintales de maíz).

Con el actual precio del fertilizante los agricultores disminuyen la dosificación y por lo tanto los rendimientos serán menores. Aun teniendo un invierno climáticamente normal. Esto obligará a las familias a utilizar sus ahorros, vender algunos activos (productivos principalmente), y su mano de obra más meses al año, utilizar remesas o migrar. Estas opciones les permitirán adquirir esas reservas de alimentos para las familias.

 

¿Qué impacto puede tener si los productores siembran menos hectáreas de granos básicos y otros cultivos, tanto para familias productoras como para la población en general?
-En términos de disponibilidad, lógicamente el impacto esperado es que se redujera la oferta de alimentos de procedencia nacional. El mercado internacional podría ayudar a cubrir una parte de esta oferta, pero la mala noticia es que los precios internacionales de alimentos se encuentran por encima de los promedios de las últimas décadas. Solo en el último año aumentaron en un 20 por ciento.
Si los precios internacionales de los agroinsumos y de los alimentos se mantienen, y no se impulsan medidas de apoyo a la producción o el consumo a nivel nacional, el escenario para productores y consumidores puede complicarse.

¿Cuál es la perspectiva que se tiene en cuanto al precio de insumos agrícolas y fertilizantes? ¿hay riesgos de desabastecimiento y de precios más altos?
-En los últimos meses el precio de los fertilizantes ha oscilado fuertemente, pero manteniéndose en niveles altos en comparación con los últimos años. No contemplamos problemas de desabastecimiento para el presente año. El precio dependerá de las estrategias comerciales de los proveedores y el contexto internacional que está aconteciendo en Europa. No olvidemos que Rusia y Ucrania son actores muy importantes en el mercado de cereales y fertilizantes a nivel mundial.

Tomando como referencia la información de los proyectos que desarrollamos junto al MAGA en distintas áreas de Guatemala (norte, occidente, oriente), se confirma el aumento de los precios de las diversas mezclas de nitrógeno, fósforo y potasio, y de forma mucho más acusada de la urea.

Permítame añadir la preocupación de la pérdida de fertilidad de los suelos por la erosión. Según la FAO (2015), la relación erosión del suelo – productividad, sugiere que una pérdida media mundial de 0.3 por ciento del rendimiento anual de los cultivos, ocurre por fenómenos erosivos. La Alianza Guatemalteca para el Manejo de los Suelos señala que las pérdidas de suelo por año debido a la erosión y degradación supera los 149 millones de toneladas. Siendo la vertiente del Pacífico la más erosionada (710 TM/ha/año) (MARN, 2009).

De hecho, se estima que la erosión hídrica transportó fuera de las tierras agrícolas de 23 a 42 millones de toneladas de nitrógeno (N) y de 15 a 26 millones de toneladas de fósforo (P) a nivel global. Estos flujos pueden ser comparados con las tasas de aplicación anual de fertilizantes, que son aproximadamente 112 millones de toneladas de N y 18 millones de toneladas de P. Lo cual representa un costo económico de 33 a 60 billones de dólares para N y de 77 a 140 billones de dólares para el P.

La combinación de los altos precios de agroinsumos y la pérdida de fertilidad de los suelos no son buenas noticias para los productores (ni para los consumidores), especialmente para los agricultores que dependen de su cosecha para alimentar a sus familias.

¿Qué acciones se podrían tomar para evitar alguna crisis de inseguridad alimentaria?
-Hay recomendaciones de corto y mediano plazo, pero se pueden enfrentar las necesidades urgentes atendiendo también los problemas más estructurales que ayuden a los productores a que en el futuro, las alzas en los costes de los fertilizantes no les afecten de forma tan severa.

Por ejemplo, el Gobierno recientemente presentó un programa que entrega estipendios monetarios que ayuden a las familias a acceder a fertilizantes a los precios actuales.

Pero lo importante no es sólo entregar esta transferencia y hacerlo a las personas que lo necesitan, sino también que esta entrega se pueda vincular con asistencia técnica con la conservación y restauración de sus suelos, inversiones en sus huertos para diversificar su producción de alimentos con productos de interés nutritivo, y la preparación de abonos con productos disponibles localmente, lombricompost, biofertilizantes, gallinaza, polvos o cenizas de rocas volcánicas etc. Es decir, sustituir en parte, los fertilizantes químicos por abonos orgánicos de forma gradual.

Sin duda, estas alternativas necesitan de más tiempo y asistencia técnica, y ojalá se acompañe con técnicas de conservación de suelos y humedad, así como con riego. Es una alternativa más sostenible para los productores de menores ingresos para no estar tan expuestos a los cambios de los precios de los fertilizantes, a la vez que se mejora la fertilidad del suelo, la microfauna y se incorpora materia orgánica. Al final el suelo y el agua siguen siendo esenciales para cualquier actividad productiva.

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