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Economía

La preocupante nueva normalidad de Europa


DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

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He estado diciendo desde hace un buen rato que Europa y Estados Unidos están trabados en una intensa competencia por ver cuál sociedad enorme, poderosa, rica y sofisticada puede pifiarla más. Durante mucho tiempo, Europa parecía estar ganando el concurso, pero recientemente la “buena banca” del Partido Republicano dio un gran impulso a Estados Unidos.

No obstante, Europa de ninguna forma ha abandonado la competencia. Hasta a los cosmopolitas desarraigados como yo se nos ha dificultado enfocarnos en los problemas de Europa cuando tenemos aquí nuestro propio espectáculo de fenómenos, pero las cosas van increíblemente mal allá. La crisis de refugiados encabeza la lista, probablemente seguida por el riesgo de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Pero, los infortunios económicos de la eurozona siguen con nosotros. Recientemente hubo un poco de falso amanecer, conforme el crecimiento general en el Continente finalmente regresó en 2014-15 y el riesgo de deflación pareció retroceder.

Pero la página de Internet de análisis económico Eurointelligence señaló hace poco que la inflación subyacente parece estar firmemente afianzada por debajo del uno por ciento, y Gavyn Davies, de The Financial Times, informó a finales de febrero que los modelos de predicciones de corto plazo muestran una marcada desaceleración en el Continente.

¿Qué está pasando? Básicamente, “el despertar de eurolandia”, tal como se dio, reflejó desarrollos únicos que ahora quedaron en el espejo retrovisor. Primero estuvo la estabilización de los mercados financieros luego que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, declarara que el banco estaba listo para hacer “lo que sea necesario” para conservar el euro. Después vino el final de una austeridad en perpetua intensificación, lo que eliminó un gran lastre para el crecimiento. Finalmente, se dio un impulso con el debilitamiento del euro (que lo atribuiría a la percepción del mercado de que Europa seguiría estando débil indefinidamente).

Todo eso ahora es parte del pasado y Europa puede regresar a su estado normal, que sin lugar a dudas se ve como un estancamiento secular.

¿Qué le sucedió a la Gran Divergencia?

Ese es el título de un discurso muy interesante pronunciado recientemente por Lael Brainard, una integrante del Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal que desde hace tiempo ha estado advirtiendo que las finanzas internacionales (particularmente la importación de debilidad extranjera vía dólar fuerte) hacían muy obvio el caso a favor de elevar las tasas de interés en Estados Unidos.

Brainard ahora se ha extendido sobre el tema en su discurso: “A partir de 2014, vimos pronósticos confiados de una fuerte divergencia venidera en la política monetaria de las principales economías. A la fecha, en realidad ha habido menos divergencia de política que lo que se había pronosticado. Esta observación hace que surja la pregunta de si podría haber límites para la divergencia de política bajo las circunstancias actuales. Dichos límites podrían reflejar fuentes comunes que azotan a las economías de todo el mundo, o la potente transmisión de impactos transfronterizos vía tipo de cambio y otros canales financieros que podrían tener el efecto de ajustes ventajistas en la política monetaria en la vecindad del límite inferior cero. Para decirlo en otras palabras, las predicciones de que la política monetaria de Estados Unidos mostraría una senda notablemente divergente han sido templadas por poderosas contracorrientes del exterior”.

Según lo entiendo, el argumento de la señora Brainard se asemeja mucho a lo que dije hace un año cuando escribí: “La economía de Estados Unidos cosecha gran parte de las ganancias de la creciente demanda con respecto a otros países, si y solo si ese aumento relativo es percibido por los mercados como temporal. Si es visto como permanente (si, digamos, los inversionistas ven una demanda fuerte en Estados Unidos, pero ven a Europa empantanada en un estancamiento secular), deberíamos esperar que un dólar fuerte anule muchas de las ganancias”.

En un mundo todavía inundado con ahorros deseados sin ningún lugar a dónde ir, es verdaderamente muy difícil que alguna economía entre en auge mientras el resto sigue en estancamiento.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2015 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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