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Economía

“Es una oportunidad de mejorar la SAT” Juan Ricardo Ortega, asesor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y exsecretario de Economía, ex viceministro de Hacienda y exjefe de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia.


El funcionario internacional, junto a un grupo de expertos del Banco Mundial, el Gobierno de EE. UU. y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ofrece apoyo al Ministerio de Finanzas en el proceso de fortalecimiento de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).

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¿Evalúan como grave el momento actual de la SAT?

– Es una gran oportunidad de mejorar. Es un momento claro para que las cosas puedan salir bien.

A partir de su experiencia, ¿qué recomendaría para reestructurar la SAT?

– La estrategia del Ministerio de Finanzas es buena y hay bastante optimismo en lo que se puede lograr. El fortalecimiento de la institución es algo que todos consideramos importante. Un buen inicio es desde cómo se gobierna la administración y la propuesta de crear un inspector tributario, algo que arranca en los años cincuenta en EE. UU., es algo bueno para darle confiabilidad a la información, evitar que hayan abusos y además separar los conflictos de interés del tema administrativo. Estos aspectos pueden hacer que los cambios sean algo exitosos. Y los resultados estarán por verse con el trabajo.

¿Hay algunas propuestas para eliminar el Directorio de la SAT?

– Lo que se pretende es eliminar las cosas malas que hay en la actualidad, cosas como el conflicto de interés que se genera porque hay personas que trabajan fuera de la entidad y ven recursos tributarios. Eso tendría que cambiarse por un modelo con rendición de cuentas, que las personas sean idóneas, que llevan una discusión sana de las necesidades de control con las necesidades del sector privado.

Por ejemplo, el modelo del Directorio de Australia es uno de los mejores del mundo. Otros, como la administración sueca, están obsesionados con estar cada vez más cercanas al contribuyente. Lo que se tiene es un diálogo con las personas y se demuestra que la mayoría cumple si entiende, si el sistema es ágil. Así tan simple como que en Canadá se pueden pagar los impuestos desde una aplicación en el celular, ese tipo de cosas solo se logra con diálogo.

Usted propuso cárcel para los evasores cuando estuvo en la Dian.

– En este tema hay matices que se deben explicar. Hay quienes cometen errores en sus declaraciones y no deben ser castigados con cárcel, pero otros llevan contabilidades dobles, contratan softwares especializados y se quedan con el 30 o 40 por ciento del IVA que tienen que pagar. Se quedan con millones pagados por personas de ingresos bajos y medios, eso sí es punible y debe ser sancionado porque es una clara voluntad de defraudar, esconder montos con los que se puede pagar la salud y la educación de la ciudadanía.

¿Cuáles son los aspectos más vulnerables y en los que se tienen que tener mayor auditoría social y transparencia para evitar casos de corrupción?

– Se tiene que procurar un ambiente de control en la entidad. Un ambiente que sea agradable, pero que se tenga la certidumbre de que cuando alguien haga algo que sea ilegal, se le va a sancionar pronto.

¿Cómo evaluar el número de empleados que requiere la SAT?

– Hay procesos que son altamente automatizados, como los cruces de información y auditorías. Se necesita personal para la fiscalización, también educadores, como misioneros que van de negocio en negocio y ayudan y explican cómo presentar su documentación, esa es la mejor forma de ampliar la base.

¿Cree que es fácil retomar la credibilidad y levantar la moral tributaria?

– Es difícil, pero considero que hay personas competentes. Lo que se requiere es liderazgo.

La SAT tiene menos de dos décadas de creación, ¿qué le recomienda?

– Algo similar ocurrió con la Policía de Nueva York, en donde habían sistemáticos escándalos. Las aduanas, impuestos y policías son proclives a ser capturados por los criminales, se necesita de alguien que reaccione si se da un caso y que de oficio esté controlando para que no lleguen esas semillas dañinas. Esa es la figura del inspector tributario.

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