[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Cofradías, entre la transformación y la resistencia cultural


Una institución ancestral que mantiene viva la religiosidad popular, pero que hoy se enfrenta a la sobrevivencia económica y de transmisión de conocimientos.

foto-articulo-Domingo

La noche previa al 1 de noviembre, los miembros de la Cofradía de las Ánimas de Santiago Atitlán preparan los detalles del ritual de su máxima celebración: el Día de los Santos y los Fieles Difuntos. Con los primeros rayos de sol, los alcaldes y autoridades usualmente inician la jornada con un recorrido al cementerio donde se honran las tumbas de los abuelos ancestrales. La siguiente visita es al Altar Mayor de la Iglesia católica. 

“Los representantes de tres cofradías solicitan a las autoridades de la Parroquia que se abra la caja en la que se guardan una campana y una cruz de plata. Cada grupo de cofradía se encarga de adornar la cruz, resonar la campana y los de las Ánimas invocan a los espíritus con el canto”, relata Juan Mendoza, alcalde cofrade de esta última advocación. 

Este día también se acostumbra juramentar a los nuevos alcaldes. Así lo manda la tradición. Pero este año hay cambios. No irán al cementerio, en su lugar celebran en la casa del cofrade. “Guardamos el distanciamiento social, pero pedimos que se respeten nuestras costumbres como autoridades”, afirma Mendoza. 

Foto: Juan Tomás García M.

“Durante la pandemia, las iglesias cerraron sus puertas. Sin embargo, en Santo Domingo Xenacoj, Sacatepéquez, el pasado 4 de agosto, la cofradía del Santo Patrono Domingo de Guzmán, hizo un recorrido por las calles del pueblo en su fiesta patronal”, relata el antropólogo Deyvid Molina. 

Las cofradías son instituciones ancestrales que tienen su origen en la Europa medieval. En Mesoamérica fueron instauradas por las órdenes religiosas durante la Conquista, con el fin de evangelizar. Casi cinco siglos después, permanecen vigentes. Algunas de ellas han sido declaradas Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. A pesar de este título, hoy día se enfrentan a una serie de problemas. Varios expertos y, los mismos cofrades, consideran que están en peligro de desaparecer. Pero otras corrientes consideran que es todo lo contrario: gracias a ellas se conserva la religiosidad popular, debido a que representan un poderoso vínculo de identidad cultural. 

Foto: Juan Tomás García M.

Guardián de la tradición 

Juan Mendoza es oriundo de Santiago Atitlán y actualmente es alcalde de las cofradías de San Francisco de Asís y de las Ánimas. Esta última rinde culto al Santo Kame’, cuyo nahual es el búho. Años atrás perteneció a la Santa Cruz, cuya figura de adoración es el abuelo Rilaj Mam (Maximón). 

Cuenta que desde los ocho años participa en las cofradías. Comenzó como colaborador y poco a poco fue ascendiendo. Ha sido un cargo heredado de su padre, pero también admite que depende del interés de cada persona. Las cofradías son una tradición muy acentuada en su municipio, donde enumera que existen hasta 13. Sin embargo, cada vez son menos. Estima que un 70 por ciento de su población practica el catolicismo y otros son evangélicos. Solo un 30 por ciento son costumbristas. Sin embargo, muchos de ellos combinan el sincretismo religioso. 

“Nuestros abuelos decían: los españoles arrancaron nuestras ramas, quemaron nuestros retoños, pero no pudieron arrancar nuestras raíces. Mantenemos viva la cultura ancestral”, dice Mendoza. 

Pero la situación ha cambiado con los años. Atraviesan por dificultades económicas, conflictos con los miembros de iglesias católicas y evangélicas, a quienes señalan de persuadir a los jóvenes para que no pertenezcan a las cofradías. A esto se une el desinterés de algunos de continuar con las tradiciones de su comunidad. 

En Santiago Atitlán, Juan Mendoza es alcalde de las cofradías de San Francisco de Asís y de las Ánimas. Es uno de los guardianes de esta tradición y lucha para preservar las tradiciones y costumbres de la espiritualidad maya entre los jóvenes.

Una institución ancestral

La cofradía es una institución de carácter europeo reconocida por la Iglesia católica como una asociación cooperativa de fieles laicos, tanto en comunidades indígenas como mestizas. Sus objetivos en general son de apoyo mutuo, así como para financiar el culto del santo patrón del pueblo, de acuerdo con Molina.

Estas fueron instauradas por las órdenes religiosas de los dominicos, franciscanos y mercedarios durante la evangelización de los pueblos indígenas. Según Molina, a la par de este proceso de enseñanza cristiana, para los pueblos indígenas sirvió para conservar algunos elementos de su identidad cultural. 

Durante la Colonia, las cofradías llegaron a ser numerosas y se organizaron en diferentes grupos étnicos: ladinos/mestizos, indígenas, garífunas y mulatos; de hombres o mujeres. Asimismo, se clasificaron según advocación y si estas eran de carácter penitencial, sacramental, o de gloria. Además, dentro de este conjunto surgieron varias diferencias: cofradías, hermandades, mayordomías y guachibales.

Hacia fines del siglo XVII funcionaban alrededor de 800 agrupaciones de este tipo, habiéndose denunciado por parte de la Audiencia que el número de estas era excesivo. Según el cronista Francisco Ximénez, hacia 1720 se llegaron a reportar más de 5 mil en la Diócesis de Guatemala. Esto lo documenta el historiador Rolando Rubio, al elaborar la base técnica de evaluación histórica de las cofradías, cuando fungió como Director Técnico de Patrimonio Intangible en el Ministerio de Cultura y Deportes (Micude).

El estudio se hizo con el objeto de que las cofradías puedan completar su inventario y plan de salvaguardia, así como concluir su inscripción en el Registro de Bienes Culturales del Instituto de Antropología e Historia (IDAEH). Sin embargo, actualmente no existe un mapeo o base de datos que aporte una cifra de cuántas existen a nivel nacional. 

El antropólogo Alfonso Arrivillaga documentó el ritual-danzario del ‘tz’ijolaj’, un cortejo procesional ancestral que se celebra en la víspera de la fiesta de Todos los Santos en Chichicastenango. En el festejo intervienen bailadores, cargadores de lazo (de la imagen de Santiago apóstol a caballo), alcaldes y los tocadores de tambor, pitos o chirimías.

Patrimonio sin apoyo

En el 2003 las cofradías indígenas fueron reconocidas como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. Esto por considerarse instituciones que conservan elementos y características esenciales que perviven en la cultura maya de Guatemala. En el Artículo 5 del Acuerdo 516-2003, se indica que el Micude con el objeto de preservar y promover estas manifestaciones culturales “les proporcionará apoyo económico o financiero, de acuerdo con sus posibilidades presupuestarias”, según firma la entonces ministra, Otilia Lux de Cotí.

En específico, cuatro de estas fueron declaradas dentro de esta categoría: la Cofradía de San Marcos Evangelista de San Marcos (2010); la Cofradía Mayor del Niño del Santísimo de Quetzaltenango (2011); las mayordomías de la Iglesia Católica de San Juan Chamelco, Alta Verapaz (2010). Y el nombramiento más reciente: la de San Sebastián Mártir, El Tejar, Chimaltenango (2019).

A pesar de lo anterior, el alcalde cofrade Mendoza expone que una de las dificultades actuales se debe a la falta de recursos económicos. En cada celebración gastan miles de quetzales para la quema de juegos pirotécnicos, marimba y demás rituales, como mínimo tres veces al año. 

“No tenemos una organización, ni apoyo del Gobierno, ni del Micude, ni de la alcaldía municipal. No recibimos nada. Incluso, conservar el traje tradicional, con un costo superior a los Q2 mil, resulta oneroso”, se queja Mendoza.

Rolando Rubio reconoce que estos acuerdos ministeriales se elaboran utilizando un “machote”, el cual da muchos problemas. “Piden apoyo para sus trajes, pero no se les puede dar dinero, a pesar del Acuerdo. No existe un fondo específico para esto en el Ministerio. Es un problema porque llevan diseños textiles específicos de la comunidad, que solo allí se elaboran por artesanos que no pueden emitir facturas, ni tienen los requerimientos de compras que establece el Estado”, explica. 

Registro de piezas

En el Registro de Bienes Muebles del IDAEH, trabaja el historiador Carlos Morán, quien tiene a su cargo la documentación de las piezas del periodo hispánico y republicano del país. 

En distintos fólderes registran cada imagen y las piezas que lo acompañan. Una de estas es el Niño Jesús del Santísimo de Quetzaltenango, que data del siglo XVI. Las fotografías le permiten identificar la imagen con ropa y la talla en madera. Esto último le permite registrar los pormenores de la imagen, en caso de que fuera robada. Además, documenta cada una de las piezas que la acompañan: resplandor, base de plata y el Orbe que lleva en su mano. Son piezas talladas en plata, algunas con recubrimientos en oro y piedras preciosas. 

Morán explica la dificultad de financiar a las cofradías por tratarse de instituciones privadas. Asimismo, algunas de estas, como la de Quetzaltenango, gozan de holgura económica, mientras que otras, quizás sí atraviesan por dificultades para subsistir. 

Indumentaria y sonidos ancestrales

Los trajes ceremoniales de las cofradías indígenas constituyen un mundo aparte. Varios antropólogos se han dado a la tarea de documentar estos tejidos que guardan un fuerte significado desde las figuras usadas, el tamaño, hasta la forma de usarlos. Esta labor la ha desarrollado el museo Ixchel del Traje Indígena que hasta la fecha resguarda más de 8 mil piezas de 186 comunidades. Algunas con más de un siglo de antigüedad. 

Violeta Gutiérrez, directora técnica del Museo, explica que algunas piezas, especialmente, las que se utilizan en las cofradías son de alta calidad por sus materiales: fibras hiladas a mano, tintes naturales, aplicaciones de encajes y lentejuelas que denotan signos de jerarquía y de prestigio. Pero cada vez es más difícil encontrar estos huipiles o sobrehuipiles. Entre las razones están el alto costo, la complejidad de su confección.  Sin embargo, afirma que en algunas comunidades las mujeres jóvenes han adaptado el estilo ceremonial o de cofradía a uno de uso diario. Es el caso de San Juan Cotzal, Quiché y Santo Domingo Xenacoj, Sacatepéquez.     

 La antropóloga Lucía Jiménez participó en un estudio de 2013 a 2016 en 12 municipios del país. Aunque su enfoque fueron los trajes ceremoniales, que se remontan al periodo prehispánico, se percató que las cofradías enfrentan varios dilemas. 

Uno de estos es el económico, pues los cargos implican fuertes gastos. Y ante la dificultad de encontrar personas que quieran reemplazarlos, la institución se adaptó. Por ejemplo, permitir que personas que tienen los medios económicos ocupen los cargos sin necesariamente seguir el orden jerárquico tradicional. “No es algo que se pueda generalizar, ya que las comunidades que visitamos fueron pocas; incluso con bastantes variaciones”, expone.

Un legado para los jóvenes

El estudio ‘La cofradía indígena, reducto cultural de los mayas de Guatemala’, del antropólogo Flavio Rojas Lima profundiza en el dilema filosófico y social de estas instituciones. El trabajo de campo se hizo entre los años 1979-1980, por lo que no registra los cambios sucedidos en el contexto de la violencia del conflicto armado.

Rojas Lima las identifica como instituciones de naturaleza dialéctica, ambivalente y contradictoria. Españolas e indígenas. A futuro, prevé una declinación de estas hasta su desaparición total. Entre los factores señalados están el crecimiento demográfico, ladinización, actividad política y el protestantismo. También se consideran otros como las migraciones, desarrollo del movimiento catequístico Acción Católica y otras influencias externas. 

“… en todo caso, los indígenas guatemaltecos, han sido parcialmente capaces de recordar su pasado, identificarse con su historia. (…) Como parte de un mundo tradicional, la cofradía deberá dar paso a las fuerzas que construyen el futuro, pero como este es producto del pasado, la cofradía deberá quedar registrada en la historia social de los indios de Guatemala como un importante reducto cultural”, concluye el antropólogo.

Tanto Morán como Molina reconocen que son instituciones que han atravesado dificultades. Algunas son prósperas, pero otras no. Quizás con los años puedan transformarse o fusionarse, pero su esencia y cosmovisión se mantiene, lo que ha permitido darle continuidad al catolicismo popular. 

En la visión de Juan Mendoza, están a punto de desaparecer. Por eso expresa la necesidad de apoyo a nivel nacional e internacional. Ahora uno de sus objetivos es transmitir las enseñanzas de los abuelos a los niños y jóvenes en el camino del saber de la espiritualidad maya. 

“Es importante mantener viva la cultura para las nuevas generaciones. La cofradía es como la hermandad, hay paz. Estamos en la lucha de cosechar esa energía espiritual de los abuelos mayas para que nos guíen por el buen camino”. 

Mayordomo cofradía de la Santa Cruz, San Juan Sacatepéquez (1976).

Distintas organizaciones

Estas son algunas de las diferencias entre las organizaciones religiosas. 

Mayordomía: está formada por un mayordomo y su esposa, quienes tienen a su cargo velar por el cuidado del santo patrón, así como promover su devoción y celebración de la fiesta.

Cofradía: la estructura está conformada por varias parejas que participan en esta institución, las cuales varían en número. Son electos para servicio cada año por los miembros de la comunidad. Ambas cuentan con la base de las ordenanzas del Obispo. 

Guachibal: institución similar a la cofradía, pero sin contar con las ordenanzas aprobadas por el Obispo, de orden religiosa o Cabildo. Se crearon cuando el sacerdote requería de fondos extras que no fueran fiscalizados por las autoridades eclesiásticas. Fueron desapareciendo debido a que se convirtieron en focos de corrupción y aprovechamiento de los curas hacia los indígenas.

Hermandades: institución similar a la cofradía, pero conformada por personas de autodenominación ladina o mestiza. Generalmente están a cargo de una junta directiva.

Fuente: Base técnica de evaluación histórica de las cofradías, IDAEH, R. Rubio. 2019.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Por SONIA PÉREZ D., AP
Extitular de la Secretaría de Bienestar Social debe permanecer en el país

Juez dictó arraigo migratorio a Carlos Rodas por el hecho donde murieron 38 adolescentes del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

noticia Paola Guerra
¿En qué país de América Latina se vive mejor con el salario mínimo?
noticia Cultura - Europa Press
Los efectos del envejecimiento de la piel varían según el origen étnico


Más en esta sección

Ibrahimovic estará de baja diez días

otras-noticias

Klopp se queja por gran cantidad de partidos

otras-noticias

Trump aprueba el proceso de transición a la administración de Biden

otras-noticias

Publicidad