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Domingo

Madres en edad de jugar muñecas


Hay más de 77 mil casos de menores embarazadas de los 10 a los 19 años este año. Huehuetenango y Alta Verapaz encabezan los departamentos con mayor número de víctimas por violencia sexual. 

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A los 13 años, María López presenta un embarazo de seis meses. Está desnutrida, se niega a comer, debido a que atraviesa una profunda depresión. Fue víctima de las constantes violaciones de su papá desde que tenía 11 años. La madre se gana la vida vendiendo elotes. Mientras ella se quedaba en casa con su hermana de ocho años, cuando el padre regresaba, abusaba de la menor bajo amenazas. Ella guardó silencio para proteger a su hermana. Por el temor de que su progenitor le hiciera lo mismo. 

La madre se percató cuando notó el estómago crecido de la niña. Tenía ya cinco meses de gestación. Con profundo dolor, hizo la denuncia ante las autoridades locales. Pero el padre tuvo tiempo de escapar. Se encuentra prófugo. 

María es oriunda de Santa Cruz Barillas, uno de los municipios más grandes y alejados de Huehuetenango. Una lejanía que se convierte en un impedimento para poder recibir la atención psicológica que necesita. El transporte para la cabecera cuesta Q50, una cantidad que les sirve para comer. Ella rechaza el bebé que lleva en su vientre. Dice que lo va a regalar, pues lo considera un castigo, un signo de mala suerte. Ahora la madre intenta reconstruir la vida familiar junto a sus cuatro hijos. Sobrevive con la venta de elotes y los tejidos. 

María es una más de las 77 mil 847 menores en el rango de 10 a 19 años que presenta embarazos este año, según datos del Sistema de Información Gerencial de Salud (Sigsa) del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), hasta el 25 de septiembre de 2020, según recopilación del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (Osar).

En los últimos cinco años, las cifras superan los 100 mil casos anuales. Son números que muestran una realidad que se repite. En 2020, en promedio se registran 14 embarazos diarios en niñas de 10 a 14 años. En el rango de 15 a 19 años, las gestaciones aumentan a 320. Hay tres departamentos que reportan la mayor cantidad de casos desde 2018: Huehuetenango, Alta Verapaz y Quiché, según el Sigsa.

Para las miles de víctimas, hay poco que celebrar este 11 de octubre en el que se conmemora el Día Internacional de la Niña. Una campaña que lanza UNICEF con el objetivo de defender sus derechos y empoderarlas. 

Osar > Linda Forsell

Este año las cifras se han reducido, pero en términos cualitativos, la violencia sexual se mantiene. Al parecer, los meses de pandemia repercutieron en un subregistro y falta de acceso a las instituciones. Se contabilizan menos denuncias, atribuidas a la falta de movilidad. También hay menos inscripciones de nacimientos de madres adolescentes, menos días de escuela, menos dinero, pero sí más encierro y silencio. “Todo esto genera las condiciones para que se dé la violencia sexual”, asevera la doctora Mirna Montenegro, directora del Osar.

Ciertamente, hay avances. Mañana, el Ministerio Público (MP) inaugura una línea de atención con el número telefónico 2411-8686 para reportar casos de embarazos en niñas y adolescentes de 14 años. Ese mismo día, el Osar lanzará un portal de datos abiertos con información sobre esta problemática.

Más casos, menos denuncias 

Un sondeo cualitativo realizado en mayo por el Osar entre 600 comadronas mostró algunas interioridades en los hogares a raíz de la pandemia. Para entonces, había aumentado el control prenatal y los partos en casa debido al temor de contagiarse en el hospital, así como por la falta de transporte. 

Contaron también que las mujeres están siendo víctimas de violencia psicológica por parte de su pareja, quienes se han quedado sin empleo. Algunas de ellas han comenzado con dolores de parto antes de tiempo y otras han abortado.

En Huehuetenango, Aura Mendoza, delegada del Osar, confirma lo revelado por las comadronas. Ha observado cómo se han incrementado los casos de violencia sexual. El encierro, las limitaciones de movilidad, la falta de trabajo, las escuelas cerradas son factores que crean las condiciones para perpetuar los abusos. Por otro lado, las personas tienen miedo de acudir a los servicios de salud. 

Osar > Linda Forsell

Ana Victoria Maldonado es coordinadora de proyectos en la misma institución. Brinda atención psicológica a las niñas embarazadas y da acompañamiento a las víctimas. Aunque el Osar lleva a cabo el monitoreo a nivel nacional, se ha priorizado la atención en cuatro departamentos: Huehuetenango, Alta Verapaz, Baja Verapaz y Guatemala. Los primeros dos, como resultado de los altos indicadores, los otros por la presión ejercida por la sociedad civil para que el Mides y las instituciones las escuchen. 

Con la pandemia, implementaron cambios en el modelo de atención de la víctima. Este consiste en acercar el personal de salud a la casa de la niña. Se organiza transporte con un equipo que cuenta con psicóloga, enfermera, terapeuta maya, más donación de víveres, cuenta Montenegro. 

Un paso positivo es que Alta Verapaz es el único departamento que cuenta con mayor atención en salud mental. Hay una coordinadora y hasta 12 psicólogas contratadas por el MSPAS. También se incluye el acompañamiento de terapeutas mayas. Esto les permite a las niñas recibir atención con pertinencia cultural para superar el trauma. 

“Hacen falta más psicólogas, no se dan abasto pues atienden de 10 a 12 casos diarios. Son 17 municipios”, comenta Carmelina Chocooj, delegada de Osar en dicho departamento. 

Las instituciones

En Guatemala hay una serie de instituciones que toman el pulso a la violencia sexual, embarazos y partos en menores de edad. El Inacif es una de estas, con un conteo de los reconocimientos médicos por delitos sexuales. Hasta septiembre de este año contabilizan 4 mil 591 denuncias (todos los rangos de edad). El 90 por ciento son mujeres. En los rangos de edad de 10 a 19 años, representó el 54 por ciento de casos. 

Sin embargo, hay menos denuncias con relación al año anterior. Por ejemplo, en septiembre de 2019 hubo 768, en contraste con los 552 de septiembre de 2020. 

En el Observatorio de la Mujer del MP, los delitos en contra de la niñez y las mujeres son los más denunciados. En 2020, el 31 por ciento de las denuncias que ingresaron afectaron a estos grupos. En esta institución se reciben 197 denuncias diarias por diferentes tipos de delitos de violencia sexual y maltrato. En el perfil por edad, de cada diez víctimas, dos son niñas o adolescentes y dos carecen de registro. 

Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) coordina el Programa Vida. Este atiende a niñas y adolescentes embarazadas, o madres víctimas de violencia sexual menores de 14 años. Se les entrega hasta ocho veces un aporte de Q1,500 para la madre, en un lapso de un año. Es una transferencia condicionada en la que debe cumplir varios requisitos. Uno de estos es que su caso esté registrado en el sistema de justicia. Por eso su cobertura es escasa. Durante 2018 y 2019 atendieron a 169 niñas. Es decir, solo el seis por ciento de las víctimas. “En Huehuetenango solo hay tres afiliadas”, indica Montenegro. 

La maternidad cuando se es muy joven también representa un riesgo. Este año se ha registrado una muerte en una niña de 12 años, así como de 25 adolescentes en el grupo de 15 a 19 años. 

Osar > Linda Forsell

El abuso normalizado

Después de más de 12 años de dedicarse a apoyar a mujeres, Carmelina Chocooj ya no debería sorprenderse después de escuchar tantas historias. Pero no puede dejar de indignarse con cada abuso que conoce. Algunos de los más recientes son el de un pastor de una iglesia evangélica que abusó de una menor de 13 años con capacidades diferentes. Ella tiene un bebé de diez meses. 

Pero el más trágico quizá sea el de tres hermanas abusadas en una finca de Alta Verapaz. Una de ellas, por el administrador de la finca. Y los hijos de este, abusaron de las otras dos hermanas menores. Las tres resultan embarazadas por la misma familia agresora. Una de ellas tuvo gemelas. A los bebés se les apoya con leche de fórmula. La niña-madre de 14 años no pudo darles lactancia materna porque está desnutrida. 

Sin entrar a explorar en el impacto psicológico, de salud, o el perfil de los agresores –la mayor parte de las veces un familiar–; Carmelina afirma que esto es algo que ha existido siempre. Asegura que no es parte de la cultura ancestral, sino de los modelos patriarcales y machistas, cada vez más normalizados. Por eso, muchas familias optan por casar o unir a las jóvenes desde temprana edad, para protegerlas. “Para asegurar que no sean violadas”. 

Más allá del discurso

La violencia sexual y los embarazos en menores se abordan desde múltiples disciplinas, pero las brechas todavía son amplias, a pesar de la intervención de decenas de instituciones desde lo gubernamental, lo privado o los organismos internacionales. 

Para Montenegro, hay avances, pero no se resuelve la problemática de fondo. Se necesitan protocolos. La mayoría de niñas pone la denuncia y no pasa nada en la investigación. Todo queda en las órdenes de captura. “Debemos hacer un llamado a la acción, donde la realidad vaya más allá del discurso”, señala.

“Se sigue viendo a la niña como un objeto de servicio dentro de un mundo patriarcal y machista. La diferencia será cuando tengan mejores oportunidades de educarse. En Huehuetenango el analfabetismo alcanza hasta del 65 por ciento”, observa Aury Mendoza.

Carmelina Chocooj considera que debe partirse desde el empoderamiento de niñas, niños y madres. Partiendo de esto, podrán estar en posición de defender su cuerpo y su territorio. 

La escritora Carolina Escobar Sarti lo resume en una de sus columnas desde una perspectiva de liberación. “Hay que abrirle las puertas a las niñas y adolescentes de Guatemala para que salgan del silencio y de los espacios pequeños que las ahogan, de los abusos cotidianos que padecen, de la violencia sexual normalizada en sus cuerpos. Tenemos que abrirle las puertas a las niñas y adolescentes para que abandonen las violencias físicas, emocionales, mentales, económicas y simbólicas que padecen en sus vidas. (…) Hay que sacar a tantas del infierno”.

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