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Domingo

Economía naranja: Las artes y su apuesta por la sobrevivencia


Los grupos artísticos están golpeados por la crisis sanitaria. Con la reapertura, algunos se han reinventado, aunque se cuestiona la viabilidad de operar bajo las reglas de una “nueva normalidad”. Ellos forman parte de las industrias culturales, un motor clave en el desarrollo económico del país. 

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El pasado 1 de octubre fue el banderazo de salida que dio el Ministerio de Salud para la reapertura de las actividades culturales, religiosas, deportivas, hotelería, turismo y otras. Según el color de la alerta, se definieron los aforos permitidos en cada sector para guardar el distanciamiento social. 

Después de seis meses de haber cerrado las salas de teatro, despedir empleados y guardar vestuario, los grupos de artes escénicas, se encuentran escépticos. Se restriegan los ojos con incredulidad ante las nuevas restricciones sanitarias. Medidas que les resultan casi imposibles de cumplir para tener la capacidad de abrir nuevamente el telón frente a un público que ya no es el mismo. Algunos migraron a las modalidades virtuales, sin mayor éxito. 

No se tienen cifras de las pérdidas económicas ni del número de empleos que dejó castigados a miles de artistas y grupos culturales por la pandemia. El teatro es solo una pequeña muestra de los sectores creativos –que se estima pueden superar más de cien–, y que a la vez forman parte de un mosaico que aglutina a las industrias culturales en Guatemala. 

Conocidas también como economía naranja o creativa, estas representan un conjunto de expresiones culturales que van desde el arte y las artesanías hasta la gastronomía, moda, diseño, arquitectura, cine, libros, medios de comunicación tradicionales y muchas otras. Durante años se le consideró un sector invisible. Pero fue con el estudio de Ernesto Piedras, en 2006, que mostró el aporte de más del 7.2 por ciento al Producto Interno Bruto (PIB) del país. 

Según datos de la Comisión de Economía Naranja de la Gremial de Exportadores (AGEXPORT), en 2019 esta industria produjo US$886 millones y generó 33 mil 761 empleos. Además, tuvo una contribución al PIB del 0.65 por ciento y un crecimiento interanual de US$244 millones a US$249 millones, entre el primer trimestre de 2019 y el mismo periodo de 2020. 

Con la soga al cuello

La esperanza de abrir pronto las puertas del Teatro Lux se derrumbó mientras transcurrieron los meses de restricciones por la pandemia. Para Patricia Rosenberg, directora de Saravandah Producciones y del Teatro Lux, las artes escénicas han sido el medio de vida de ella y su familia.

Por razones de sobrevivencia, decidieron cerrar las puertas del Teatro Lux para alquilarlo en los próximos cinco años. Cuenta que a su equipo le ha costado “mantenerse a flote”. Tocó puertas en el Ministerio de Cultura y no encontró ningún apoyo. Por eso, optaron por transmitir obras para niños vía Zoom. Una iniciativa que comenzó con buen pie, pero que ahora empieza a decaer, confiesa.

Por eso, la reapertura de los escenarios la ve con más dudas que certezas. Se siente atada de manos ante las disposiciones del Gobierno. “Las delimitaciones son confusas, de un aforo con capacidad para 585 personas, ahora solo pueden ingresar diez ¿o es una distancia de 10m?”, se pregunta. De cualquier manera, esto hace poco rentable el montaje de una obra teatral. Si antes era difícil que el público pagara Q100 por función ahora es imposible duplicar precios, asegura. 

El caso del productor Joam Solo es similar. Después de 15 años de ser propietario de Solo Teatro, se declaró en quiebra por la pandemia. Ahora está afligido. Además de cerrarse los teatros privados más importantes, se despidieron a los técnicos. Los productores estiman que las pérdidas, como grupo, serán hasta de Q4 millones en un periodo de tres meses. 

Desde el año pasado, 33 productores escénicos nacionales formaron la Asociación de Productores de Teatro. Esto les ha permitido unir fuerzas frente a la soledad que han enfrentado desde el Estado. “No hemos tenido guía, ni apoyo, menos palabras de aliento. Que cada quien vea como sale”, expresa Solo. 

Ante la inminente reapertura, la Asociación de Productores de Teatro se ha organizado para alzar la voz y presentar un plan de acción el 13 de octubre próximo. Proponen que los teatros estatales sirvan de soporte a los grupos culturales independientes, durante un periodo de tiempo, para poder generar producciones audiovisuales o digitales. 

Considera además que deben establecerse protocolos lógicos para poder trabajar con medidas de bioseguridad. “Es inaudito y ridículo. En el banco, el supermercado o el Transmetro se encuentran filas de gente, es un caos. Pero para el arte y la cultura el distanciamiento significa ahorcamiento”, afirma.

Jorge Mario Chajón, experto en turismo, considera que estas restricciones son como decir: “les doy permiso de jugar afuera, pero solo para los que tienen 100 puntos en sus notas”. De esa cuenta, con aforos tan bajos, las artes tendrán que subir sus precios, o mantenerse cerrados un tiempo más para poder operar con ganancias.

Las artes escénicas forman parte de una cadena más amplia: la economía creativa, naranja o industrias culturales. Esta comprende un conglomerado de sectores productivos que ha tenido un rol poco visible dentro de la economía nacional. 

La naranja invisible

El estudio Economía naranja, una oportunidad infinita de Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez propone la siguiente definición: “la economía creativa o economía naranja, representa una riqueza enorme basada en el talento, la propiedad intelectual, la conectividad y por supuesto, la herencia cultural de nuestra región”.

Con la pandemia, podría afirmarse que este sector se partió en dos. A unos les fue bien y a otros no. Wendy García, vicepresidenta de la Comisión de Economía Naranja de Agexport, indica que las primeras mediciones comparativas del año no mostraron una caída. Identifica dos grandes grupos: el online: que comprende la comunicación corporativa, diseño gráfico, marketing digital, BTL digital. Todo ellos pudieron adaptarse al teletrabajo. 

Mientras que el sector Offline sufrió bastante: espectáculos, teatro, diversión, entretenimiento. Todo lo relacionado con presencia de audiencias. Incluso, la producción cinematográfica por la imposibilidad de filmar. Parte de las soluciones fue adaptarse a las medidas de seguridad y proseguir de la mano de la tecnología y la creatividad virtual. 

Una de las apuestas de esta comisión, creada hace cinco años, reside en crear el marco laboral y legal para exportar servicios, por ejemplo, generar acciones para que Guatemala sea un destino para la producción cinematográfica internacional. García destaca que la base de esta economía reside en la propiedad intelectual, donde el alma es la creatividad. 

Su visión es la de un motor creativo que no se detiene. Anuncia que el 21 y 22 de octubre se organiza el primer foro regional (virtual), para discutir sobre la importancia de la economía naranja. Contará con la participación de invitados locales y extranjeros. 

Tecnología que multiplica la producción 

Para Jorge Mario Chajón, las industrias creativas deben abordarse desde una narrativa diferente y positiva. Una donde se retome el valor de la identidad cultural y la sostenibilidad ambiental. “Es dejar de pensar que en Guatemala todo es malo”, afirma. 

Max Araujo, estudioso de la cultura, reconoce que los artistas han sido de los sectores más castigados. Indica que en otros países, los gobiernos han creado subsidios específicos para estos gremios. En Guatemala, para lograrlo, se debe hacer a través de una legislación específica en el Legislativo. De lo contrario, el presupuesto del Ministerio de Cultura no permite entregar este tipo de subsidios. También considera que Agexport ha reducido la economía naranja a las industrias creativas de la nueva tecnología. “Es una visión que excluye a otros sectores”, afirma. 

Araujo rescata lo positivo de esta reapertura. Por un lado, con la reactivación del turismo cultural. Por otro, se abrió una puerta al arte con el uso de la tecnología. “Los eventos culturales se han multiplicado. Esto va a convertirse en una amplitud de actividades mixtas que serán presenciales y virtuales”, afirma. 

Juan Pablo Asturias, director de Escenarte, lamenta la falta de comprensión del sector cultural, donde muchos que se dedican a este campo subsisten, movidos solamente por la pasión. A pesar de la frustración de no encontrar apoyo por parte del Ministerio de Cultura, lo que rescata es la organización entre los grupos de productores. A través de un planteamiento concreto, esperan pasar de la queja a encontrar soluciones que beneficien a todos. 

Sabe en el día a día que las artes generan trabajo para muchas personas. “La costurera me llama, para saber si hay pedidos. Necesita comprar su medicina”. Asturias, como todos los creativos sabe que la pandemia lo obligó a reinventarse. Fue un parteaguas. Por eso la frase de Charles Darwin viene como anillo al dedo: “No sobrevive el más fuerte, ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta al cambio”. Sabe además que sus mejores armas son la creatividad, la cultura y la identidad. Es el significado del color naranja. 

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