[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Presidente, salga del armario (“vox populi”)


“El matrimonio gay es más viejo que el mundo. Tuvimos a Julio César, Alejandro el Grande. Dicen que es moderno y es más antiguo que todos nosotros. Es una realidad objetiva. Existe”.
José Mujica

La moral no puede desdoblarse, no resulta nunca válida la doble moral. Nadie está exonerado y mucho menos un jefe de Estado y funcionarios públicos. Estamos cansados de la falta de transparencia en actos y palabras. Nuestros últimos presidentes no han sido dechado de transparencia ni fueron congruentes con las leyes, ni mostraron una conducta moral. Aunque hayan asegurado en público tantas cosas falsas y hayan escondido sus verdaderas intenciones. Irrespetaron los límites de la verdad. 

El escritor Luis Cardoza y Aragón, refiriéndose a las promesas y alardes democráticos de políticos guatemaltecos de su época, dijo una frase imperecedera que sigue impactándonos: “La esquizofrenia no es mi fuerte”.

El actual presidente debería reflexionar sobre esta frase de Cardoza. En especial en lo referido a su orientación sexual. Porque no se trata de una cuestión meramente privada cuando han surgido serias dudas sobre su relación con el jefe del llamado Centro de Gobierno, cuyo titular es Miguel Martínez, íntimo amigo del mandatario surgido de la nada para encumbrarse en una posición que pareciera clave del Ejecutivo.

Hace un poco más de una semana Martínez puso una denuncia contra Plaza Pública, medio digital, por considerar que lo acosaban e interferían en su vida privada. Y casi simultáneamente se dio una persecución, difamación y agresiones físicas al periodista Sonny Figueroa por un reportaje realizado para el medio denunciado por Martínez. Figueroa reveló aspectos que afectarían la imagen del protegido íntimo del presidente.

El presidente Giammattei salió a defenderlo, con verborrea que cuestionaba la libertad de emisión del pensamiento. Sin base alguna. Tampoco ha querido precisar en qué consisten las funciones centrales de ese Centro de Gobierno y de su joven amigo, jefe del mismo. Da la impresión de ser un gobierno sombra, un poder indefinido bajo el trono.

La llamada vox populi no puede ignorarse. Desde luego que no debe vivirse de rumores pero una figura pública está obligada a dar explicaciones, desmentir o confirmar, sacar de dudas. Para nadie es un secreto lo que corre por las redes sociales y muchas otras arenas y corrillos: la representación de que Miguel Martínez y el presidente Giammattei son pareja. De ahí que si es cierto, estaríamos ante una situación inusual donde la pareja sentimental del presidente ocupa un cargo importantísimo y ha obtenido una cuota de poder muy alta. La cuestión no es la orientación sexual, aunque la homosexualidad está demonizada en la sociedad patriarcal y conservadora en Guatemala. Lo que llama a cuidado, más allá de la relación íntima que tuvieran el jefe del gobierno y el jefe del Centro del Gobierno, es cuando se ponen sobre la balanza los intereses del Estado que deben ser manejados con la mayor transparencia posible.

A Sandra Torres se le acusó, en las dos últimas campañas, de ser representante del “castrochavismo” debido a los programas sociales que ejecutó durante el mandato del ingeniero Álvaro Colom, del cual era entonces esposa. También se le ha criticado desde varias perspectivas por haber acumulado un enorme poder y tomado decisiones de Estado que no le correspondían durante el mandato de Colom, cuando fue lo que suele denominarse La Primera Dama, La Doña decía la inconfundible vox populi.

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales pasadas Sandra Torres asumió un discurso y una actitud de completo puritanismo, para apartarse, según ella, de las acusaciones de “castrochavismo”. No fue capaz de afrontar la campaña con el contenido de sus programas sociales sino se dedicó a tratar de cautivar a los sectores derechistas dominantes y a un sector amplio de la clase media, con poses de cristianismo a ultranza. Lo peor fue el ataque que le hizo, artero y sin ética, al candidato contrario doctor Alejandro Giammattei, afirmando que ella sí era una mujer de verdad, insinuando así que Giammattei no era un hombre “de verdad”, es decir Torres acudió a la más baja artimaña homofóbica para descalificar a su oponente. Nada le dio resultado y solo se gastó el último capital político que le quedaba, destruyendo los resquicios socialdemócratas del andamiaje corrompido de la UNE. 

Torres no pudo salirse de los métodos de la vieja política. Y no solo perdió las elecciones sino que ahora está bajo un proceso judicial que puede condenarla a prisión, además de que perdería el poder dentro de su partido. Está por verse esto último.

Inevitable agregar que las mismas voces que se oponían a la CICIG, proclamando a graznidos la defensa de la soberanía, señalaban como argumento central que la comisión hacía justicia selectiva pues solo perseguía a los patriotas y otros partidos hoy comprobadamente corruptos, más bien criminales. Hoy callan ante el proceso de que fue la CICIG la que inició la investigación de Sandra Torres y al exmandatario Álvaro Colom. Eso se llama doble moral, aquí y en Marte.

Sin duda es la homofobia en Guatemala un problema de irrespeto a los derechos humanos. Una homofobia que va desde la demonización de sectores fundamentalistas, sectas evangélicas, hasta los crímenes más aviesos de asesinatos y graves maltratos. Los homosexuales, hombres y mujeres, son objeto de vejámenes, burlas y agresiones. No solo la estigmatización sino una persecución moralista y la represión física. 

La sociedad machista, autoritaria y patriarcal que tenemos, incita a la discriminación de los homosexuales. La norma heterosexual en Guatemala tiene una esencia represora y destructiva, negadora de la libertad. En Guatemala no ha habido ningún partido político que reconozca los derechos de las personas homosexuales. Ser homosexual no es delito ni es una falta moral ni una enfermedad, es un derecho. Incluido el matrimonio con el mismo sexo. ¿En qué familia guatemalteca no hay una persona homosexual? En Guatemala nadie puede tirar la primera piedra y luego hipócritamente esconder la mano.

La educación sexual es muy deficiente y los derechos sexuales y reproductivos poco conocidos, muchas veces irrespetados. Cuando no vilipendiados por una mezcla de ignorancia, conservadurismo, mojigatez, religiosidad a ultranza y ante todo temor. Todo guatemalteco, independientemente si es gay o heterosexual, debe ser tratado como persona. 

El presidente Giammattei se encuentra a mi juicio en una disyuntiva moral, en un dilema de transparencia o destructiva penumbra. Como personalidad pública número uno del país está obligado a transparentar sus actos. En este caso, aclarar su relación con el jefe del Centro de Gobierno, Miguel Martínez, del cual vox populi repite con creces que es pareja del mandatario. Si así fuere tendría que dilucidarse la validez de su papel de funcionario de alto rango como Jefe del Centro de Gobierno y si esta situación acarrea alguna forma de nepotismo o tráfico de influencias. Si se trata de un mero rumor sin fundamento, el mandatario debe también decirlo. Un presidente, o jefe de Estado, no podría nunca mentirle a la ciudadanía en una cuestión tan delicada. En aras de la verdad, que es el único límite para no pasar a la doble moral.

De todas maneras, si fuera cierto y más allá del posible nepotismo, sería una oportunidad histórica para que la igualdad y el respeto hacia la población homosexual guatemalteca tuviera un avance sin precedentes. El primer presidente gay en América Latina. Giammattei tendría una oportunidad de oro. La historia lo juzgará. 

Pero es tan fácil cuando la doble moral impera. El partido político Vamos, que lo llevó al poder, ha sido declarado opositor al matrimonio homosexual. De ahí el dilema de ser o no ser, de asumir o no asumir. De fingir o realmente ser. 

De todas maneras, la salida del presidente Alejandro Giammattei del armario sería un parteaguas para una gestión democrática en la transparencia y en la igualdad. Guatemala debe alguna vez entrar en la modernidad para comenzar su camino a la posmodernidad.

 

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Luis Aceituno
Las niñas tremendas

Lado b

noticia Anabella Giracca
La tríada oscura

Comportamientos egoístas..

noticia DPA
Demandan a Marvel por la mítica serie de animación de los X-Men


Más en esta sección

España decreta toque de queda por el virus

otras-noticias

Líder opositor venezolano Leopoldo López ya está en Madrid

otras-noticias

Sismo de 5,7 grados en sur de México sacude suroeste de Guatemala

otras-noticias

Publicidad