Lunes 28 DE Septiembre DE 2020
Domingo

Independencia

Fecha de publicación: 13-09-20
Por: César A. García E.

Que sabor tan agrio a tristeza, plantea este año el aniversario de la independencia… que nunca fue; hace un año pensé que Guatemala no podría empeorar. Para quienes amamos esta tierra, nos desgastamos estando pendientes de la fea realidad y denunciándola, mientras producimos, contra viento y marea, este año, es por mucho, el más infausto de nuestra pálida “época democrática”. Las banderas, las odas a la patria tienen olor a engaño reiterado, a demasiadas lisonjas a indecentes y excesivos agravios perpetrados. El inconfundible hedor a putrefacción mana desde prácticamente todas las instituciones del Estado, mientras el emprendimiento y empleo languidecen, teniendo como música de fondo: el compadrazgo, la complicidad, la miseria, la impunidad y el hambre. 

La independencia tiene que ver, necesariamente, con desligarnos de terceros, para tomar nuestras propias decisiones, construir nuestras propias rutas y diseñar –en lo posible– nuestro propio destino; independencia es autodeterminación, significa hacernos responsables de nuestros actos… sin quejas y con toda entereza. La independencia, necesariamente debe conllevar, no seguir patrones establecidos por otros, para arribar final y felizmente a la autonomía. La regulación de todas nuestras acciones es la ley, los linderos del respeto ajeno, son las fronteras invisibles que nos impone la moral y el decoro. 

Lo contrario le ha pasado a Guatemala y este año, en pocos meses, con un énfasis terriblemente mayor; la deuda, nos hace esclavos y nos somete, el presupuesto desfinanciado, la displicencia en el gasto público y la corrupción, nos empobrece y convertirá en menesterosos, cada vez más indignos, condicionales y dependientes. 

Nadie es independiente, cuando pasa por la vida reverenciando a otros y siguiendo sus instrucciones, sobre todo si las rectoras y consejeras, son la indecencia y la codicia. La independencia, nunca será absoluta, porque es imposible existir –como país– como si fuésemos islas remotas e incomunicadas. Eso sí, el grado de independencia o dependencia, marca el éxito o fracaso –respectivamente– de cualquier nación. Indiscutiblemente hay pocas y notables naciones dominantes 

–justamente por ser independientes– que dan libertad a los corruptos que manejan a las dependientes, una vez estos no agravien sus intereses… en eso se resume la historia “independiente” de Guatemala. 

Trágicamente la República se ha extinguido. Tenemos poderes ilegítimos, por ser nada representativos… ni del pueblo, ni del respeto, ni de la Constitución. Se coludieron, por décadas, para luego fundirse, en un potingue repugnante que nos tiene atormentados, divididos y confundidos; todo menos independientes. Los corruptos han logrado –lo impensable– dividir a los honrados y muchos de ellos –confundidos– siguen creyendo y obedeciendo a los protervos. La certeza jurídica está extinta, la propiedad privada seriamente amenazada, las libertades menguadas y sometidas a la voluntad de los incompetentes y productores incansables de desgracia; hemos delegado los derroteros de la patria a los cínicos, ladrones e inmorales. Pero por debajo de esta ralea que se fortalece –tras las calamidades– las alfombras humanas que manejan todo, ocultan sus atropellos, les dan vía libre para sus desmanes, traicionan los escrúpulos que no tienen y comparten el festín de la vergüenza. Nada que celebrar, todo que lamentar… principalmente la indiferencia del honrado, el miedo del pensante y la comparsa –vergonzosa– de la mayor parte de la prensa, en cuyo interior el pensamiento crítico, ni se ve… ni se asoma ¡Piénselo!