Jueves 1 DE Octubre DE 2020
Domingo

Hacer ciencia en Guatemala a pesar de la indiferencia

La inversión en investigación científica en Guatemala es escasa. A pesar de esta limitación y de muchas otras más, en Guatemala se produce conocimiento. Desde laboratorios, computadoras o trabajo de campo, decenas de científicos nacionales se dedican al desarrollo de proyectos. Aportar e incidir son dos acciones clave para lograr cambios.

Fecha de publicación: 06-09-20
Ilustración: Daniel González
Por: Ana Lucía González elPeriódico

El doctor en astrofísica Rodrigo Sacahuí es profesor titular de la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad de San Carlos (Usac). En los últimos años ha centrado su esfuerzo en la investigación de “blazares”, un tipo de galaxias muy brillantes en el cielo de rayos Gamma. También incursiona en las emisiones de este tipo de rayos que se originan por la muerte de estrellas masivas. Esto, como parte de un trabajo colaborativo con investigadores de México, Italia, Argentina, Suecia y Honduras, lo cual combina con su labor docente. 

En el campo nutricional, la doctora Mónica Orozco, vocal I de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Guatemala, investiga sobre la adecuada ingesta de micronutrientes en mujeres en edad reproductiva, lactantes y niños. Estudia también los efectos negativos de la toxicología ambiental y cómo la presencia de metales afecta en la leche materna.  

Mientras que el doctor Edwin Castellanos, director del Observatorio Económico Sostenible de la Universidad del Valle (UVG), parte de su trabajo lo enfoca en el cambio climático y las necesidades de adaptación de los pequeños agricultores en las comunidades rurales.  

Guatemala presenta un escenario poco alentador para los científicos. Les toca trabajar con insuficiente inversión y falta de recurso humano. El país invierte el 0.029 por ciento del PIB en investigación y desarrollo, uno de los porcentajes más bajos en Centroamérica.  

A pesar de ello, como muchos otros, ellos nadan contra la corriente, emprendiendo en diferentes especialidades. Estas son sus historias. En ellas exponen por qué decidieron permanecer en el país y plantearle resistencia a la indiferencia social desde sus espacios profesionales. Están convencidos de la necesidad de sembrar más y mejor conocimiento. Y creen con toda su convicción que esta es la mejor forma de hacer patria. 

Cuesta arriba 

En Guatemala hay registradas 3 mil 319 personas dedicadas a la investigación. De estas, 269 poseen un doctorado, 829 grado de maestría y 1,524 de licenciatura. Con nivel de estudios inferior, o no actualizado, se encuentran 697. De acuerdo con el Directorio Nacional de Investigadores de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología. En este grupo académico, el 67 por ciento son hombres y el 33 son mujeres.  

Hay varias causas detrás del reducido número de profesionales que ejerce este tipo de actividades. A decir de Rodrigo Sacahuí, algunas de estas son el limitado acceso a recursos financieros, especialmente locales, a lo que se suma el exiguo presupuesto de las instituciones. Otra dificultad se nota en las demoras que preceden a los proyectos. Por ejemplo, en su caso, ingresó una propuesta en 2017 y todavía no sabe si fue aprobada o no. Además, que le den luz verde para arrancar con su plan no garantiza el acceso a los recursos. “En dos casos he tenido que terminar de financiarlos con mi propio dinero, puesto que se quedaron sin fondos. Uno como investigador ya tiene compromisos establecidos”, afirma.    

Mónica Orozco cuenta que en una ocasión a pesar de haber firmado un contrato con una entidad nacional, esta no cumplió con su compromiso financiero. Entonces se vio obligada a recurrir a los fondos de la institución en que laboraba para completar el proyecto.   

A la dificultad de obtener financiamiento, Edwin Castellanos añade la falta de profesionales capacitados en ciertas disciplinas como Climatología y geografía, las cuales no existen como carreras universitarias en el país. Un segundo obstáculo es la limitación de acceso a datos. “Esto, porque las instituciones públicas no quieren compartirlos”, señala. Pero no se queda ahí: también se queja de la escasa seguridad al momento de hacer trabajo de campo en áreas remotas.  

El doctor en Física Enrique Pazos se dedica a estudiar modelos climáticos. Coincide con sus colegas en los dos puntos anteriores, pero agrega a sus obstáculos el impacto del nivel académico de los investigadores, debido a que muy pocos tienen estudios de doctorado. En consecuencia, las publicaciones no cumplen con los estándares internacionales. Además, se necesitan investigadores con nivel de posgrado locales (maestrías y doctorados) de tiempo completo.  

“Faltan programas de becas que permitan al estudiante subsistir sin tener que procurarse ingresos para pagarse los estudios. Esto hace que aquellos que cursan un posgrado se vean obligados a trabajar y estudiar, lo cual va en detrimento del tiempo dedicado para sus investigaciones”, se lamenta. 

La satisfacción de superar obstáculos 

A pesar del terreno árido y del “aislamiento académico”, como lo califica Sacahuí (la única persona que investiga Astrofísica en el país), varios de ellos encuentran razones para sentirse satisfechos de su labor.   

Orozco afirma que ha logrado producir ciencia de alto nivel que ha sido publicada en revistas científicas de renombre. Por otro lado, algunos de los estudios que ha generado junto con su equipo, han permitido la toma de decisiones respaldadas por datos científicos. Además, conoce del impacto directo de sus estudios en el bienestar de la población. Uno de ellos dedicado a combatir la desnutrición crónica. 

Rodrigo Vargas es coordinador de la Maestría en Biología Molecular de la Universidad Galileo y profesor en la Universidad Mariano Gálvez. Reconoce la satisfacción de aportar a los estudiantes el interés por la investigación. Según él, una cosa lleva a la otra. Los resultados de proyectos generan otros, y a estos se suman más investigadores. “En el equipo empezamos dos, ahora somos siete”, afirma.  

Alberto Marroquín tiene un doctorado en Protocolos de Telecomunicaciones. Es, asimismo, el director de Ingeniería en esta rama y en Mecatrónica de la Universidad Galileo. Considera que, contra todos los pronósticos, si se tiene voluntad y paciencia es posible superar las dificultades académicas. “Mi especialidad era una temática bastante obtusa, que en un principio no le encontraba ni pies ni cabeza”, admite. Sin embargo, recuerda una anécdota con orgullo. Estaba en un congreso en Lisboa, con un profesor que trabajaba en Telecomunicaciones. Durante la charla, le comentó al profesor que uno de sus retos había sido utilizar una herramienta muy novedosa. Para su sorpresa, el profesor portugués no la conocía y le dijo: “Qué interesante, no sabía que estaban tan adelantados en Guatemala”.  

Conocimiento es desarrollo   

Toda esta reflexión surge en el contexto de Converciencia 2020, el evento organizado por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), que se llevará a cabo del 26 al 30 de octubre. Esta vez será en modo virtual y permitirá reunir a la mayoría de científicos guatemaltecos que residen fuera del país, así como a los locales. Cada uno impartirá charlas ad honórem con el objetivo de promocionar y difundir la ciencia entre estudiantes y público interesado. De acuerdo con Mercedes Orozco, de Concyt, este año no se incurrirá en ningún gasto. 

Sin embargo, es un evento que empieza a cuestionarse dentro de la comunidad científica. Los altos costos de ediciones anteriores y el escaso impacto social obtenido figuran entre los señalamientos que se le hacen. Pero también se considera imperativo aprovechar estos fondos en programas puntuales de investigación, que permitan a varios de ellos mantenerse en la órbita académica mundial. “Deberían de crearse métricas o indicadores de lo que dejan estos programas en los jóvenes”, sostienen.   

Si un acuerdo se logró entre los entrevistados al analizar el escenario social adverso que enfrentan, es que la solución no necesariamente es atrincherarse y resistir, sino más bien trazar rutas para cambiar la situación.   

Según Castellanos, el Concyt apenas tiene asignados Q15 millones y ese monto ni siquiera llega completo a sus arcas cada año. Adicionalmente, ve necesario refundar esta institución, la cual considera un ente burocrático y poco operativo que no permite que los científicos tengan interés en presentar propuestas. Por último dice: “Hay que promover que la iniciativa privada invierta más en investigación, apoyando a las universidades y a los centros que se dedican a eso. La generación de nuevo conocimiento es una fórmula segura para el desarrollo”. 

Sacahuí propone mayor financiamiento a las entidades que promueven la investigación científica en forma continua, hasta alcanzar los indicadores adecuados. Además, sugiere replicar programas e incentivos que existen en otros países, así como invertir en equipo y crear centros de investigación, entre otras ideas.  

“El gobierno y el sector empresarial deben reconocer el valor y la importancia que tiene la ciencia para el desarrollo tecnológico y económico del país. “Cuando se dé un mejor entendimiento del rol de la ciencia en aportar soluciones a la problemática nacional, creo que habrá un mayor interés en financiar este tipo de actividades”, asegura Orozco.  

Rodrigo Vargas considera que debe invertirse como mínimo el uno por ciento del PIB en ciencia. A su criterio, se precisan mas postgrados en Guatemala y otorgar becas para estudiar nuestros problemas. Actualmente, solo se dan para estudiar en el extranjero y la mayoría de los que se van no regresa. Dedicarse a tiempo completo a las investigaciones es un sueño. “Aquí tenemos que trabajar de cualquier cosa para sobrevivir”, señala. 

Pazos, por su parte, lo resume de la siguiente manera: “Hay que educar a los políticos para que vean en la ciencia una solución, no un gasto”.  

Quedarse en Guatemala como opción
Sin el afán de cuestionar las decisiones de otros científicos de destacar fuera de las fronteras, algunos de ellos exponen las motivaciones para regresar y trabajar en su país natal.

1. Sí, fue una decisión, la cual algunas veces ha traído dificultades, pero sigo adelante por el deseo de que mejoren las condiciones en el país, teniendo claro que toca trabajar fuerte. Otra motivación es buscar que las condiciones mejoren en oportunidades y número de investigadores para las nuevas generaciones. Rodrigo Sacahuí, astrofísico.

2. Quería regresar para poder aplicar mis conocimientos para ayudar al país. En otros países desarrollados ya tienen suficientes científicos, pero aquí siempre nos hace falta más gente que haga ciencia. Edwin Castellanos, director del Observatorio Económico Sostenible, UVG.

3. Tuve la oportunidad de quedarme en Canadá, pero siempre mantuve la idea de regresar a Guatemala. Ha sido una decisión de la cual no me arrepiento, ya que al haber tantos problemas que resolver, las oportunidades de hacer investigación de impacto son enormes. Mónica Orozco, doctora en Ciencias Nutricionales y de Alimentos.

4. Guatemala es un laboratorio para investigar, es interesantísimo desde el punto de vista científico. En mi caso, estudio la respuesta farmacológica en el guatemalteco, con hallazgos muy diferentes entre nosotros y demás países. Debemos generar nuestros propios datos. Rodrigo Vargas, coordinador de Maestría en Biología Molecular, Universidad Galileo.

5. Me di cuenta de que mi rol estaba más en la dirección de proporcionar a las futuras generaciones la oportunidad de desarrollarse como científico, en la misma forma en que se hace en el primer mundo. Guatemala es un campo muy árido para la ciencia. No hay científicos, no hay financiamiento y ni siquiera hay voluntad política de cambiar las cosas. Es por eso que se hace necesario educar a la población sobre la importancia de la ciencia y cómo la han usado otros países para salir del subdesarrollo. Enrique Pazos, doctor en Física Computacional.

6. Estudié el doctorado en Guatemala como resultado de un convenio de cooperación entre la Universidad Galileo y Telecom Sud Paris. Por mis responsabilidades familiares, era imposible dedicarme solamente a estudiar. A pesar de lo difícil, fue una experiencia inolvidable. Alberto Marroquín, director de Ingeniería en Telecomunicaciones y Mecatrónica, Universidad Galileo.

7. No me gusta Estados Unidos por su racismo. Encontré el país muy atractivo debido a la cantidad de problemas de salud y la posibilidad de investigar y encontrar soluciones. Noel W. Solomons, médico estadounidense residente en Guatemala desde hace 45 años. Graduado de Harvard, U. de Pensilvania y U. Chicago.

Guatemala en la escala latinoamericana 

El comportamiento de las instituciones del sector de investigación se mide por medio del Ranking Iberoamericano de Educación Superior (IES), que se presenta mediante el informe anual SCImago Institution Rankings 2020, con más de 600 centros universitarios y académicos en la región. Uno de los parámetros clave es el número de publicaciones.   

Según la capacidad de producción académica, clasifican tres grandes grupos de países. Guatemala se encuentra en el tercer bloque, en el puesto 19. Superado por Costa Rica, pero en ventaja con el resto de países centroamericanos y del Caribe. “Estamos en lo más bajo, pero dentro de esto, somos de los mejores”, indica Edwin Castellanos, de la UVG. 

En esta ubicación, las dos universidades del país mejor posicionadas a nivel latinoamericano son: Usac en el puesto 349, con un total de 253 publicaciones; mientras que la UVG se ubicó en la casilla 361, con 228 documentos anuales.  En cuanto a recursos humanos, en la UVG se contabilizan 70 investigadores, mientras que en la Usac hay varios cientos, además de que disponen de fondos del Estado destinados a la investigación, de acuerdo con Castellanos. 

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