Miércoles 23 DE Septiembre DE 2020
Domingo

“OMS”. Ominosa Manipulación Social

Fecha de publicación: 09-08-20
Por: César A. García E.

La destrucción social se está perpetrando, sin ningún disimulo; la estrategia es de “rompe y rasga” y la herramienta el miedo. Todo estuvo orquestado desde el principio: medios de comunicación líderes en el mundo que se han dedicado, cada vez con más descaro a tomar partido por ideologías destructoras de valores, gobiernos regidores de destinos mundiales y sus lacayos que, sin más, siguieron la directriz de traicionar a sus pueblos e introducirlos a un tormento que aspiraba a disolver los sueños, empresas, empleos, patrimonios y familias, en un ácido pestilente… a base de psicología de masas.

Sueños de viejos planteando un viaje o terminando su casita para retirarse, después de décadas de mucho trabajo; anhelos de muchachos que salían de la secundaria, a buscarse la vida de forma productiva; ilusiones de niños que estaban emocionados porque el colegio se había reiniciado y todos los emprendimientos privados –únicos creadores de empleos productivos y dinamización económica– todo se vino al suelo. De golpe y porrazo, los despreciables políticos –cuyo desprestigio se han ganado a pulso saqueando sin vergüenza o límites– eran los “paladines y salvadores”. Encomendaríamos nuestros destinos, sin chistar a ellos y a quienes los manipulaban: gobiernos grandes y que luchan por la hegemonía del mundo y organismos parasitarios de larga trayectoria, como la OMS.

El miedo –como si fuésemos ratones frente a la más intimidante víbora– nos paralizó y de inmediato pensamos que, quienes querían dominarnos, atraparnos y llevarnos a una jaula… eran nuestros protectores. Pocos notamos la argucia, la denunciamos y entonces, fuimos señalados de: idiotas, sediciosos, ignorantes, etcétera; perdimos “amistades” que defendían la manipulación, sin siquiera darse cuenta. Note usted que, la primera lección es: frente al temor, no confiamos en las credenciales de vida, sino en oferentes de milagros, aunque éstos no tengan más que una estela de vergüenza, mañas y ambivalencia tras de sí. La segunda lección, casi inmediata, es que estamos mucho más dispuestos a entregar nuestras libertades constitucionales inalienables que nuestro celular, en un asalto callejero.

El plan funcionó. Las voces por la democracia, libertad, separación de poderes y por avanzar en los graves rezagos sociales que ostentan países como el nuestro… enmudecieron. Era hora de “obedecer para sobrevivir, sin importar el costo”. Si debíamos convertirnos en prisioneros, ver el fruto de nuestro esfuerzo desaparecer, despedir a quienes colaboran con nosotros o quedarnos sin empleo, “no importaba”, porque un virus asesino “diezmaba” a la población mundial y salir a la calle era una combinación entre suicidio y homicidio. Los manipuladores mundiales, deben haberse sentido orgullosos de su plan. Cosas increíbles pasaron; de pronto el codicioso informático Bill Gates, era no solo el profetaque anunció la pandemia, sino además el referente principal en temas de salud, moral y la virtud. Junto a él, otros merolicos de menor cuantía, pregonaron sus verdades; quien las suscribió “quería la vida”, quien las criticó “quería la muerte”. En este punto, debimos percibir la fuerte pestilencia, porque son estos “progresistas” los que han promovido la reducción drástica de la población mundial, dejando evidencia… que pocos quisieron voltear a ver.

Semanas después de la noticia –perfectamente coordinada– nos convencieron de un concepto que era toral, para disociar… el famoso hasta hoy, distanciamiento social. No se habló nunca de “distanciamiento físico”, sino “social”. Ello implica: dejar de relacionarse con quien queremos, fomentar la soledad de los viejos, sembrar la confusión en los niños y convertir a cada ser humano –de naturaleza social– en ensimismado, preocupado de su propia supervivencia, viendo con recelo a sus congéneres y “protegiéndose” de todos y de todo. Es decir, la OMS, sus pregoneros y los miles de políticos corruptos que se sumaron a esta cruzada, promovían la extinción de la empatía… difícilmente, se puede encontrar un crimen peor que ese; se trata de la muerte lenta pero segura de la sociedad.

Veamos algunas cifras: somos 7.8 millardos de seres humanos; el 11 por ciento, unos 850 millones pasan hambre, todos los días. Han nacido, en lo que va de 2020, 84 millones de personas y han muerto 35 millones, para un crecimiento poblacional neto de 49 millones. Uno de los efectos contraproducentes para quienes anhelan reducir a la población, es la expansión de esta, durante la “PlanDemia”. En el planeta hay 42 millones de personas con sida; en lo que va del año han muerto más de un millón de esta enfermedad y no se prohíben las relaciones sexuales. ¿La razón? Sería un absurdo y la responsabilidad es personal; lo raro es que la OMS no se alarme, ni alerte al mundo por esta cifra. Fumar ha provocado en lo que va del año 3 millones de muertes; 4 veces más que el coronavirus y no se prohíbe el tabaco. ¿La razón? La decisión de exponerse o no a una enfermedad es individual y ello no debe cambiar. Existen según la OMS casi 19 millones de personas infectadas con COVID-19 y han muerto 708 mil. Ello implica que el virus afectó al 0.24 por ciento de la población del mundo (un cuarto del uno por ciento) y ha matado al 3.73 por ciento de los contagiados, a menos del 0.01 por ciento de la población mundial. El hambre, claramente avasalla a 1,200 veces más personas que el virus que paró el mundo. La gente desnutrida crónica se convierte en altamente vulnerable a esta y otras infecciones oportunistas, pero eso, para la OMS, a la luz de sus actuaciones, es “irrelevante”. El daño colateral del manejo del COVID-19, será monumentalmente mayor que el provocado por el virus… la salud mental es ignorada y el golpe a esta, es inmoral y gran medida irreversible. Un mundo quebrado y deprimido es el legado del impresentable Tedros.

Si el COVID-19 nunca fue capaz de diezmar a la humanidad, si ahora la misma OMS, Bill Gates y el gurú en enfermedades infecciosas Fauci, han reconocido que “no podremos deshacernos del virus nunca”. ¿De qué se trató el funesto experimento global? Pocas dudas quedarán, para la gente pensante, de que el objetivo, de corto plazo era político y se orienta a defenestrar a Trump, cambiando de manos la hegemonía global y terminando con la del USdólar, por medio del colapso de la muy endeudada y aunque gigante –frágil– economía estadounidense. La “PlanDemia” pierde rápidamente credibilidad y el prestigio de la OMS ya no existe; ahora esa sucia institución, indudablemente apoyada por la siempre gris industria farmacéutica, advierte, es peligroso acariciar al perrito, porque se ha encontrado rastros de coronavirus en los canes; lo que no dicen es que, básicamente los catarros de los que siempre hemos padecido son “coronavirus”, parientes del que nos mantiene aterrorizados y aislados. El objetivo ulterior y más importante, de la manipulación global de perversos, era medir la capacidad de manipulación humana, a través del terror mediático, mediante la utilización de interlocutores “válidos” que en realidad son grandes manipuladores políticos transnacionales. En ello tuvieron éxito rotundo, salvo que reaccionemos, lo que es poco probable. La crisis mundial por el COVID-19, eventualmente pasará después de las elecciones estadounidenses, pero el mundo mutó al control total. Nadie nos devolverá la libertad perdida, habrá que luchar por ella… o conformarnos a ser esclavos. ¡Piénselo!