Sábado 15 DE Agosto DE 2020
Domingo

La evolución de la cultura

Fecha de publicación: 02-08-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

¿Cómo reactivar la economía? La pandemia afecta remesas y turismo, dos rubros fundamentales de la economía de Guatemala. No olvidemos sin embargo que la cultura, a mediano plazo, podría ser motor de desarrollo socioeconómico. La cultura como esencia para un turismo creciente, nacional y extranjero. La cultura como sector donde pueden crearse miles de empleos. No es una utopía, piénsese en España, Italia y Grecia que “viven” en gran medida del turismo. Y en nuestro continente Cuba, Costa Rica y otros países. La periodista española Yolanda Arrebola Castaño ha estudiado el papel de la cultura en la generación de riqueza y afirma que “la relación entre cultura y economía en la sociedad actual está constatada y puede considerarse claramente estratégica. El sector cultural es un generador de riqueza con impacto social”.

La cultura brinda también consumo cuando satisface necesidades. Pero, ¿cuántos guatemaltecos pueden darse “el lujo” de la cultura? ¿Y cuántos sienten la necesidad de ir al teatro, de leer, de asistir a conciertos, conferencias y exposiciones?

Cultura es lo que se hace y cómo se hace. La cultura se entiende también como formas mentales, sociales e incluso morales. Son las representaciones comunes, la memoria colectiva, los modos de expresión y la idiosincrasia. De ahí que se haya afirmado que el subdesarrollo es mental, por no decir cultural.

El coronavirus vino a demostrar, de nuevo, que no se alcanzará el desarrollo sin cambiar las estructuras que producen la pobreza generalizada del país, y su contrapartida: la concentración de la riqueza en pocas manos. Se prevé una caída catastrófica de la economía y entre las causas la muy probable disminución de las remesas. Por otro lado, el turismo ha sufrido un impacto negativo que tiene una reacción en cadena afectando empresas y empleos.

Ningún país debe depender de un solo rubro, sean monocultivos o remesas. Esta dependencia lo convierte en una sociedad vulnerable a los cambios de todo tipo, incluso las catástrofes naturales y las pandemias.

Las remesas constituyen un indicador fehaciente del fracaso del sistema guatemalteco. El país mono agro exportador se convirtió en exportador de mano de obra barata. Las remesas paliaron la pobreza, permitieron una sobrevivencia para muchas familias a costa del sacrificio de aquellos migrantes que lo arriesgaron todo por alcanzar el sueño americano y a veces lo perdieron todo, incluso la vida.

Existe también una pobreza espiritual, la cual afecta a individuos ricos, medio ricos y también los clasemedieros. Son ignorantes en un doble sentido. Y la ignorancia es atrevida. Lo terrible es cuando las instituciones culturales caen en manos de este tipo de gente que carece de visión, y practican la sordera. ¿Cuántos guatemaltecos pueden darse “el lujo” de la cultura? ¿Y cuántos sienten la necesidad de ir al teatro, de leer, de asistir a conciertos, conferencias y exposiciones?

La actual crisis sanitaria ha puesto al desnudo las débiles estructuras del sector de salud, descuidadas por décadas y sometidas a la corrupción más infame. La red de hospitales públicos y los accesos a centros y dispensarios tienen carencias colosales en un país con mucha desnutrición infantil. Mas también se evidencia la debilidad de las instituciones de la cultura. Y la insignificancia del sector cultural para la economía. Guatemala tiene una red deficitaria de museos y de escenas para el teatro, la danza y la música.

Resulta además un escándalo que tres ministros de Cultura hayan sido ligados a procesos por diversos delitos ligados con corrupción. Esto ha sucedido en los últimos diez años sin que haya llevado a un debate serio y amplio, sin que preocupe tampoco a la “gente de la cultura”, a los llamados trabajadores de la cultura, artistas, escritores, poetas, teatristas y músicos.

Vemos la fragilidad de un turismo receptor organizado por élites para élites pero sin arraigo en el sector cultura, solo cosméticamente. Hay una falta de educación y conocimiento de los guatemaltecos sobre su historia, sus valores culturales y artísticos. La cultura es un asunto de segunda o tercera en el país. Y no se percibe una visión integradora, desde el Estado, para promover y desarrollar la cultura en relación al turismo como sucede en otros países que aprovechan la cultura, la historia y el arte para el turismo receptivo. No concebimos turismo sin la conexión con la cultura.

Históricamente ha sido pobre el papel de la cultura como proceso integrador para producir bienes y servicios. Guatemala, a pesar de su historia de violencia, tiene una cultura múltiple y una historia cultural impresionante, con ciudades como Tikal, la Antigua, Quetzaltenango, Chichicastenango, etcétera. Y nombres universales como los escritores Enrique Gómez Carrillo, Miguel Ángel Asturias, Tito Monterroso y Luis Cardoza y Aragón, dentro de nuestros clásicos contemporáneos. El poeta colonial Rafael Landívar y el gran bardo del romanticismo Pepe Batres Montúfar. El artista plástico como Carlos Mérida. El compositor Sarmientos. Es el país donde se escribió el Popol Wuj y también la Historia… de Bernal Díaz del Castillo. Pero seguimos parados sobre tesoros colosales de historia y cultura, sin que se les dé el valor que corresponde ni se comprenda el enorme potencial del turismo cultural.

Sin un desarrollo educativo que integre la historia y la cultura no podrá tenerse una capacidad receptiva de turismo consolidada y auténtica. No se trata de hacer un hechizo colonial ni un exotismo “maya”.

Guatemala parece olvidarse constantemente de su cultura. De valorarla y gozarla. Se le da demasiada importancia a lo extranjero, a lo venido de “países adelantados”. Pero se ha perdido la memoria histórica y también la autoconfianza; es una sociedad donde reina la seudo cultura del consumo y su contrapartida: la subcultura de la pobreza.

Se está convirtiendo a la Antigua en un enorme comedero y un lugar para festejar. La contaminación del lago de Atitlán es terrible y hay voces que advierten de un proceso irreversible de destrucción del mismo. Y no olvidemos que el teatro nacional ha sido usado para kermeses de colegios y hasta para una competencia de motocross. Continúa el saqueo de piezas arqueológicas y de arte colonial. A veces hablar de cultura en Guatemala recuerda la reacción del criminal nazi Goebbles que decía querer sacar su pistola cuando oía la palabra cultura. O de otro general fascista, el español Millán Astray que le gritó al gran Miguel de Unamuno: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.

El desarrollo y la cultura pueden ser dos caras de la misma moneda. Son los hechos culturales realizados por personas y grupos, pero también las instituciones culturales, las mejores vías para lograr el perfil de la nación y del progreso. Junto a una educación constante y generalizada, dentro de un Estado de derecho que funcione. La cultura se entiende también como formas mentales, sociales e incluso morales de una sociedad. Son las representaciones comunes, la memoria colectiva, los modos de expresión y hasta la idiosincrasia. No se trata solo de los niveles materiales para distinguir a una sociedad como desarrollada y con altos índices de satisfacción existencial.

El arte, la ciencia y la literatura son para muchos, supuestas preocupaciones de la élite, aunque nuestras “élites” resultan incultas y sean analfabetas funcionales. Mientras, para grandes estratos de la población guatemalteca, lo cultural es lejanía o cumbres inaccesibles.

La cultura es, sin embargo, la salida. O la entrada al desarrollo. Se trata de un proceso de integración de valores y del uso inteligente de nuestros recursos. Globalización, paz y cultura son un tema triangular en el debate internacional. Resaltándose el papel de la cultura en el desarrollo como condición para que un país prospere. Sin cultura y educación no podremos despegar en este mundo de gran nivel competitivo.

¿Será posible o seguiremos, ahora todo agravado por la pandemia, con otros cuatro años viendo más de lo mismo? La evolución de la cultura en Guatemala, en una perspectiva a futuro, resulta una visión proactiva seductora. Se trata de inversión en educación, planes con metas y sobre todo de conciencia y voluntad política.