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Domingo

“En España soy una doctora más en robótica, pero en Guatemala soy la única y soy mujer”


La científica guatemalteca Marie André Destarac es uno de los cerebros detrás de los primeros dispositivos robóticos de marcha que se desarrollan en el mundo. Se trata de un invento que permitirá caminar a miles de niños con trastornos neurodegenerativos.

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“Mami qué alto soy”, exclama Pedro Fernández. Él es un niño de cinco años que acaba de lograr, por primera vez en su vida, ponerse de pie frente a un espejo. Este es uno de esos momentos memorables que suceden cuando los pequeños con trastornos neuromusculares reciben terapia con el exoesqueleto pediátrico, un aparato que, al ser colocado en sus piernas, permite que puedan desplazarse por sí mismos.

Escenas como estas ocurren todos los días en el Laboratorio de Marsi Bionics, empresa española que desarrolló el primer dispositivo robótico para niños en el mundo, el Atlas 2030. El aparato sostiene a quienes lo utilizan, desde el tronco hasta los pies.

Una de las figuras detrás de todo esto es la científica guatemalteca Marie André Destarac, doctora en Robótica, quien se desempeña como investigadora y jefa del equipo técnico que lo desarrolla.

En esta conversación, Destarac habla sobre los avances del Atlas 2030 que pronto saldrá al mercado. Además, se refiere a los retos que para una mujer trae consigo hacer carrera en el mundo científico.

¿Cómo fue la evolución de este aparato? ¿De quién es la autoría?

– El proyecto llevó muchos años de trabajo. Nació en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Esto ocurrió en 2010. En particular, en el Centro de Automática y Robótica, donde empezó como una investigación. Poco a poco se fueron alcanzando hitos en su desarrollo, hasta que en 2013, la científica titular Elena García Armada fundó la empresa Marsi Bionics. Ella es una profesional muy reconocida; diría que la persona con mayor conocimiento en España, y quizás en Europa, en robótica y rehabilitación.

Su empresa continuó con la evolución del aparato, hasta que dio el salto mayor en 2018. Finalmente, el año pasado se logró que fuera utilizado como una terapia habitual de rehabilitación en niños con parálisis cerebral, o algún otro tipo de enfermedad.

¿En qué momento te involucras en el proyecto y cuál es tu rol?

– Llevaba un tiempo en proyectos relacionados con el área médica. De 2006 a 2012 trabajé en investigación en la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Desarrollaba dispositivos, pero todos a nivel de prototipo. Es decir, el equipo no concretaba esa transferencia a la sociedad que yo buscaba.

Faltaba el salto cualitativo

– Tenía a varios estudiantes a mi cargo. Pero uno de mis problemas era que solo disponía del título de licenciatura. Y para hacer investigación necesitas estar al día y también mayor conocimiento. Fue una decisión difícil, pues dejé Guatemala en un momento bonito de mi carrera, porque había interés en lo que hacíamos. Sin embargo, tomé la decisión de continuar mis estudios de posgrado en Robótica, una especialidad que aquí no había. Es más, sigue sin haber.

En esa búsqueda, me mudé a España en 2011. Quería continuar con la línea de aplicar la ingeniería a la medicina. Terminé los estudios de la maestría en 2013 y continué con el doctorado. Después de cinco años presenté mi tesis doctoral, centrada en un exoesqueleto robótico de hombro diseñado para adultos. Fue interesante. Asimismo, trabajé en una empresa española de dispositivos médicos, donde aprendí de tecnología aplicada a otros trastornos neurodegenerativos.

¿Por qué decidiste cambiar?

– Soy muy inquieta y me hacía falta algo. Llevaba un tiempo oyendo hablar de la doctora García Armada. El mundo de la robótica es pequeño. Más aún la robótica de rehabilitación. Su trabajo me parecía inspirador, así que tomé la decisión de levantar el teléfono y preguntar si había algún puesto para mí en su empresa. Ella se sorprendió y me dijo que ya sabía de mí. Entonces, me aceptó dentro de su grupo como investigadora posdoctoral en la Agencia de Investigaciones Científicas. Fue una etapa impresionante. Me la gocé mucho.

¿Qué ha significado trabajar con esta científica?

– Elena notó mi interés y vio algo en mí. Me propuso laborar en Marsi Bionics y ser la jefa del proyecto del exoesqueleto Atlas, para que diera el último paso que faltaba para llevarlo al mercado. Era un reto enorme y una oportunidad de oro.

Trabajar a su lado ha sido un aprendizaje diario. Ella es un referente. Si alguien con esta categoría te dice: quiero que vengas a trabajar a mi empresa, no debes decirle que no. Acepté. En enero de este año comencé como jefa de proyecto.

Es decir, ahora trabajo tanto en la Agencia de Investigación como en la empresa. Elena no quiso que dejara de coordinar sesiones ni de supervisar terapias. Y tiene sentido: no puedes empujar el desarrollo tecnológico si no ves el día a día con el paciente.

Por un lado, me ocupo de guiar al equipo técnico para terminar el diseño y llevarlo al mercado. Por el otro, superviso todas las terapias y lo que eso conlleva. Garantizar la seguridad del paciente, medir su evolución, recoger la mayor cantidad de datos para comprobar que el dispositivo funciona. Es una técnica muy nueva. Tienes que ser cuidadoso para comprobar el avance científico.

¿Cómo cambia este aparato la vida de un niño?

– Hay anécdotas memorables. Cuando se usa por primera vez, se pone un espejo de cuerpo entero frente al niño. Pedro, de cinco años, lo primero que dijo fue: “Mami qué alto soy”. Ella corrió a abrazarlo. Fue algo tremendo.

Luego, el caso de una niña con parálisis cerebral de nueve años. Es muy coqueta. Conforme camina con el aparato, vamos moviendo el espejo para que se vea. Me hizo señas para detenernos. Paramos y se quedó muy pegada al espejo. Y empezó a mover su cintura, como modelando. Soltamos la carcajada. Por primera vez se podía ver de pie.

Álvaro, el niño de la foto, tiene ocho años. Cuando llegó por primera vez no podía comer solo. Unos meses después me dijo que tenía hambre. Tomó un vaso de yogur, la cuchara y se la metió a la boca. Me dijo: “Nunca me ha gustado que me den de comer”.

Son las cosas maravillosas que suceden aquí. Creo que son milagros diarios. Todo esto te emociona y te motiva mucho. El dispositivo es un sistema muy complejo, está lleno de retos, pero finalmente cuando lo llevas a los niños se te olvida todo.

¿Cuáles son las expectativas con este aparato?

– Que lo puedan utilizar la mayor cantidad de niños posibles. Marsi Bionics no espera solo el retorno inmediato de la inversión. Va más allá. Es una empresa muy humana que ha creado diferentes modelos de negocio para llegar a más pacientes.

Aparte de ofrecerlo para la venta, puedes alquilarlo por mes o por sesiones. Cada hospital decidirá lo más conveniente. Sin embargo, detrás del resultado final hay horas de trabajo. Prototipos que se han desechado, motores sin funcionar. Todo eso es dinero. Además, se necesita continuar mejorando nuevas versiones del aparato.

¿Qué precio tiene el dispositivo?

– Alrededor de €60 mil (Q545 mil). Del alquiler todavía no hemos hecho un cálculo.

¿Qué se necesita para que este aparato esté disponible en Guatemala?

– Ese sería uno de mis sueños. He establecido comunicación con Fundabiem, esta sería la primera entidad que debería tenerlo. Es cuestión de llegar a acuerdos. Pero lo primero es lanzarlo al mercado.

¿Qué falta para que eso ocurra?

– Entregar toda la documentación a la entidad que debe evaluar si puede salir a la venta. Estimamos que para mediados de 2021 tendremos la autorización. No imaginé lo complejo y caro del proceso. Mi responsabilidad es cerrar el diseño del dispositivo y llevarlo al mercado.

¿Has tenido dificultades en tu carrera científica por el hecho de ser mujer?

– No exactamente así, pero he encontrado que constantemente debes reafirmar cuál es tu rol y tus capacidades. Que estás en el puesto no por tu cara bonita, sino porque tienes algo que aportar. Vivo en un mundo de hombres y es complicado cuando estás en puestos de mando. En el equipo técnico de Marsi Bionics soy la jefa del proyecto, con cuatro hombres dentro de mi equipo.

En la parte científica, en general, lo noto con frecuencia. Además, porque soy extranjera. Indirectamente preguntan qué hace alguien de este pequeño país, dirigiendo. No es que me pongan a un lado o me falten al respeto. Está en el ambiente y lo percibes. Pero todo cae por su propio peso. Tus acciones hablan más de lo que puedes decir de ti misma.

Ahora lo digo con calma, pero en su momento me alteraba mucho sentir la envidia de otros hacia mí. Especialmente en Guatemala, de gente cercana, por mis logros. Decidí ya no engancharme en conversaciones inútiles ni responder en redes sociales. Opté por callarme.

¿Qué tanto te has involucrado con las asociaciones científicas aquí?

– El año pasado decliné participar en Converciencia. Lo hice por exceso de trabajo, pero formo parte de la Asociación de Mujeres en Vías de Desarrollo.

En Guatemala pasa algo importante cada vez que llego, una o dos veces al año en tiempo de vacaciones. Mi familia sabe que mi tiempo está repartido en dos cosas: ellos y las conferencias o visitas a colegios. A veces son muchas horas las que dedico a estas actividades. ¿Por qué lo hago? Porque en España soy una doctora más en robótica, pero en Guatemala soy la única y soy mujer. El impacto que puedes causar es más grande de lo que imaginas. Por eso mi compromiso es devolver a mi país un poco de todo lo que he recibido. Me gusta llegar con los jóvenes que empiezan un proyecto y no tienen idea. Escuchar, asesorar, tender la mano donde sea posible.

Perfil

• Doctorado en Automática y Robótica, Universidad Politécnica de Madrid. Cum laude.

• Máster en Automática y Robótica, Universidad Politécnica de Madrid.

• Ingeniera Electrónica, Universidad del Valle de Guatemala.

• Project Manager de Atlas, el primer exoesqueleto pediátrico del mundo, de la empresa española Marsi Bionics que desarrolla y comercializa estos dispositivos robóticos de marcha.

• Coordinadora de Marsi Care, plataforma de investigación y terapia asistida por robots del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.

• En noviembre de 2015 recibió el premio “Innovadores menores de 35 años” de Centroamérica otorgado por el MIT (Massachusetts Institute of Technology).

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