Sábado 15 DE Agosto DE 2020
Domingo

Los medicamentos más prometedores y los más peligrosos para tratar el coronavirus

Un mapa de los principales productos avalados por los científicos, así como de los que implican más riesgos para la salud de los pacientes.

Fecha de publicación: 26-07-20
Por: Ana Lucía González elPeriódico

Los investigadores médicos se encuentran inmersos en una carrera científica para entender y brindar un tratamiento efectivo para los pacientes de COVID-19. El virus que ha puesto al mundo de rodillas y el que ha causado más de 15.4 millones de contagios y más de 631 mil fallecidos, desde el comienzo de esta pandemia, en diciembre de 2019.

Todavía no existen curas ni tratamientos totales. Sin embargo, las respuestas parecen estar cada día más cerca. Esta es una guía de los principales medicamentos que se usan actualmente y que podrían clasificarse como una serie de colores de alerta con base a su eficacia y seguridad: en verde los ampliamente utilizados, con evidencias prometedoras y resultados confiables. En amarillo los que muestran evidencias contradictorias. Le sigue el naranja, es decir, los que prometen menos resultados; y en rojo, los fármacos que constituyen un fraude o son pseudociencia.

Al mismo tiempo, se desarrollan casi 150 proyectos de vacunas experimentales alrededor del mundo, en donde diez investigaciones se encuentran en la tercera fase, solo pendientes de la aprobación final. Encabezan la lista la Universidad de Oxford-AstraZeneca y Sinopharm, en China.

Tres infectólogos guatemaltecos comparten su punto de vista y experiencia sobre la seguridad de aplicación de diez medicamentos. Además, advierten sobre los peligros de los botiquines de auxilio que ofrecen algunas municipalidades, así como de algunos recetarios que se viralizan en las redes sociales.

Prometedores

Remdesivir

Este fármaco originalmente se probó como un antiviral contra el ébola y la hepatitis C, en principio con resultados prometedores, hasta que se encontraron tratamientos más efectivos. Este año el fabricante Gilead Sciences comenzó pruebas para el tratamiento del COVID-19 y logró que fuera el primer medicamento aprobado de emergencia por la FDA (Federal Drug Administration).

Los datos preliminares de los ensayos más recientes sugieren que este medicamento puede reducir el tiempo de recuperación de las personas hospitalizadas de 15 a 11 días. Otros estudios sugieren que el remdesivir puede reducir las tasas de mortalidad hasta un 62 por ciento.

El Remdesivir todavía no se encuentra en el país, aunque infectólogos como Eduardo Pezzarossi y Mario Melgar aseguran que pronto estará disponible. “Esperemos que el costo esté al alcance de la población”, afirma el primero.

Dexametasona

Es un tipo de corticoide muy usado para combatir inflamaciones en patologías como asma, enfermedad pulmonar y otras. Los órganos bajo esta condición pueden provocar daños severos y mortales en las fases avanzadas de COVID-19.

Un estudio de la Universidad de Oxford aplicado en 2 mil 104 pacientes que recibieron dexametasona, comparado con otros 4 mil 321 que recibieron la terapia usual; el medicamento redujo en 36 por ciento las muertes de pacientes lo suficientemente enfermos para necesitar respiradores artificiales. El 29 por ciento de los que recibieron este fármaco murieron, comparado con 41 por ciento de los que recibieron la terapia usual.

Según el estudio, el fármaco pareció causar daños en las fases iniciales y moderadas de la enfermedad: 18 por ciento de aquellos que recibieron la dexametasona murieron, comparados con 14 por ciento de los que recibían el cuidado usual. En consecuencia, se recomienda su uso solo en pacientes que están conectados a un ventilador o reciben oxígeno suplementario. “Funciona en etapa grave”, aclara Pezzarossi.

Evidencia tentativa o contradictoria

Plasma convaleciente

Es un procedimiento que consiste en hacer transfusiones de plasma de la sangre de pacientes recuperados de COVID-19 para donar a los pacientes que están luchando contra el virus. Se utilizó hace un siglo en pacientes recuperados de gripe española y posteriormente con el SARS, ébola, H1N1 y otras.

El plasma es un líquido rico en anticuerpos. Por eso los primeros ensayos con este método han mostrado resultados prometedores, pero todavía preliminares. De momento, la FDA ha autorizado su uso en pacientes muy enfermos infectados por el coronavirus.

En Guatemala, el Hospital Roosevelt ha comenzado a implementar el uso de plasma convaleciente, iniciativa que nació en abril y hace una semana entró en fase de aplicación. Por ello demanda la necesidad de colaboración de quienes se han recuperado de este virus, incluso, el mismo director, Marco Barrientos, fue un donador.

El doctor Juan Pablo León es uno de los encargados de este proyecto multidisciplinario que hasta el momento suma 13 voluntarios. “De momento, los resultados internacionales son mixtos, como también existe evidencia de sus beneficios en la literatura médica. En Guatemala todavía es muy temprano para medir resultados”, indica.

“Hasta el momento no hay estudios científicos que demuestren su utilidad, como tampoco alguien que diga que no sirve”, afirma Pezzarossi. En cambio, Melgar considera que es una opción muy prometedora.

Inhibidores de citoquinas

El cuerpo produce moléculas de señalización llamadas citoquinas para combatir las enfermedades. Pero cuando se fabrican en exceso, estas pueden provocar que el sistema inmunitario reaccione exageradamente a las infecciones, de acuerdo con una publicación del The New York Times.

Para contrarrestar este proceso, conocido como “tormenta de citoquinas” se han desarrollado medicamentos que son eficaces en la artritis y otros trastornos inflamatorios. Algunos de estos son: tocilizumab, sarilumab y anakinra, que han ofrecido una ayuda moderada en algunos estudios, pero fallado en otros.

El tocilizumab es inhibidor de Interleucina 6. Funciona en el síndrome hiperinflamatorio agudo en etapa grave, explica Pezzarossi.

No promete

Lopinavir y ritonavir

Esta combinación de medicamentos fue aprobada por la FDA hace 20 años para tratar el VIH. Hace poco, algunos investigadores lo probaron para el COVID-19 y descubrieron que impedía que el virus se replicara. Los exámenes clínicos en pacientes no fueron positivos, por lo que a principios de julio la Organización Mundial de la Salud (OMS) suspendió los ensayos en pacientes hospitalizados con coronavirus. Sin embargo, las investigaciones continúan al combinarlo con otros antivirales como interferon beta-1b y ribavirin. Los resultados parecen ser alentadores, según de The New York Times.

Hidroxicloroquina y cloroquina

La cloroquina es un medicamento utilizado para tratar la malaria. Fue sintetizado por químicos alemanes en 1930. Años más tarde, en 1946 se introduce la hidroxicloroquina, una versión menos tóxica que se aplica en enfermedades como lupus y artritis reumatoide.

Con la pandemia, varios ensayos clínicos mostraron resultados esperanzadores con la combinación de estos dos fármacos. El presidente Donald Trump lo promovió e incluso anunció que él mismo la tomó. De manera que la FDA otorgó a estos medicamentos una autorización de emergencia para usarse en pacientes con COVID-19. Pronto hubo una alta demanda y luego escasez del mismo.

Posteriores estudios clínicos demostraron que no reducía la gravedad de la enfermedad. Un estudio de la Universidad de Oxford determinó que no fue efectivo. “Luego de 28 días, 27.5 por ciento de los pacientes con hidroxicloroquina habían muerto, comparados con 23.5 por ciento en la terapia usual”, cita.

De momento, la FDA advierte que dicha droga puede causar efectos secundarios graves en el corazón y otros órganos. Mientras, existen más de 180 ensayos clínicos que ponen a prueba la efectividad de este fármaco, según The New York Times.

Pezzarossi mantiene sus reservas sobre este fármaco. “Con o sin azitromicina (antibiótico) y LPV/RTV no ha mostrado beneficio en el tratamiento de COVID-19, pero sí efectos secundarios como arritmias cardíacas que pueden ser graves, así como trastornos gastrointestinales (náusea, vómito, diarrea)”.

Ivermectina

Esta es una droga usada desde hace más de 30 años en enfermedades tropicales parasitarias como la oncocercosis. También se utiliza para otros bichos como piojos y ácaros.

A partir de un estudio preliminar para el tratamiento del SARS-CoV-2 en células infectadas en forma experimental y dos prepublicaciones, se determinó que estos no son concluyentes para apoyar a este antiparasitario como alternativa terapéutica. La mayor información disponible se basa en la experiencia con animales.

Tanto la OPS como la OMS advierten que los estudios sobre este fármaco contienen un alto riesgo de sesgo y evidencia insuficiente para llegar a una conclusión sobre sus beneficios o daños. “No aconsejo el uso de ivermectina para cualquier otro fin diferente del que está debidamente autorizado”, dice Pezzarossi.

Sin respaldo científico

Dióxido de cloro

Se trata de un compuesto químico utilizado en el tratamiento de aguas industriales o como blanqueador en textiles, pulpa y papel. La medicina alternativa lo ha promovido en los últimos años como una “solución mineral milagrosa” para la cura de decenas de enfermedades, entre estas el autismo. Ahora como prevención para el COVID-19. También se le conoce por las siglas MMS o CDS.

El alemán Andreas Kalcker es uno de sus promotores, mientras que la FDA comunicó oficialmente que no se recomienda su ingesta, por carecer de respaldo científico. “Esta institución ha recibido informes de personas que requieren hospitalizaciones, desarrollan afecciones potencialmente mortales y mueren después de beber MMS, según un comunicado de prensa de la Oficina del Fiscal de Estados Unidos para el Distrito Sur de Florida”, según el medio Tampa Bay.

Sin embargo, en Bolivia ha surgido una polémica por su uso. El Senado, con mayoría del Movimiento al Socialismo, aprobó un proyecto de ley para autorizar el dióxido de cloro.

“En dosis altas es tóxico. Lo coloco en alerta roja porque no existe evidencia de que funcione”, advierte el infectólogo Mario Melgar.

Luz ultravioleta

Los investigadores han utilizado este tipo de luz para esterilizar superficies y matar virus en laboratorios o salas de operaciones bajo un manejo cuidadoso.

El presidente Trump especuló sobre la posibilidad de irradiar el cuerpo con “luz ultravioleta”. Sin embargo, expertos indican que este tipo de luz no sería capaz de purgar el virus del cuerpo de una persona enferma. Lo que sí puede hacer es dañar la piel.

“Todavía hay especulación sobre su uso. Algunos estudios experimentan para aplicarlo en el pulmón, pero está en fase inicial. No hay evidencia de su efectividad”, aclara Melgar.

Ibuprofeno, antigripales y esteroides

La doctora María Eugenia Barrientos, médico internista de El Salvador, ha ganado notoriedad en las redes sociales en los últimos meses al proponer un tratamiento sencillo y aparentemente efectivo para tratar el
COVID-19. Se basa en un protocolo o coctel de medicamentos para detener la inflamación basado en: ibuprofeno, azitromicina, antigripales y en algunos casos, esteroides.

Pero el protocolo de Barrientos y su discurso han sido cuestionados por los profesionales de la salud. La Junta de Vigilancia de la Profesión Médica de El Salvador la citó para una audiencia. Ella respondió con un escrito pidiendo que se le notificaran en forma legal, en tanto el presidente Nayib Bukele la defendió, de acuerdo con el medio digital Agencia Ocote.

Los médicos guatemaltecos consultados no le dan mayor credibilidad. “La vi una vez y me despreocupé. No merece que yo gaste un minuto de mi tiempo en escucharla o leer lo que escribe. Incluso dudo que sea médico, pues no creo que tenga la capacidad científica para respaldar sus medicamentos en algo real”, asevera Pezzarossi.

Melgar, en cambio, considera que algunos puntos son razonables, pero no todo puede aplicarse. “En la mayoría de mis pacientes niños, el mayor riesgo es la sobremedicación. Si solo cinco de cada cien se van a complicar, puede ser complicado para la mayoría”, comenta.

Combos de medicina o botiquín familiar

Los combos de medicamentos también son puestos bajo la lupa. La doctora Nancy Sandoval, presidenta de la Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciosas (AGEI), comparte el criterio de no usar medicamentos en forma generalizada. Aunque propone algo básico: abastecer a los puestos, centros o promotores de salud de fármacos utilizados para infecciones respiratorias superiores. Otra posibilidad es apoyar la entrega para equipar el botiquín familiar, que puede ser muy útil en tiempos de pandemia. Esto incluye antipiréticos, o los usados comúnmente para bajar la fiebre (acetaminofén o paracetamol) que pueden aliviar el malestar general.

En este botiquín es imprescindible un termómetro (de preferencia de mercurio), oxímetro de pulso para monitoreo (que pueda alertar en la búsqueda de asistencia médica en caso de tener baja saturación de oxígeno). Además, alcohol, jabón, guantes descartables y mascarillas.

No existe tratamiento específico, ni vacunas

El tratamiento para los pacientes leves a moderados de COVID-19 demanda solamente tratar los síntomas, salvo algunas excepciones. Debe estar enfocado en el alivio de la fiebre, dolor, congestión y tos. En tal sentido, Pezzarossi exhorta a las personas a no acaparar medicamentos. “Les servirá de muy poco. No existe tratamiento antiviral específico, ni vacuna. Hacerlo en forma generalizada es incorrecto”, puntualiza.

Respecto a los pacientes moderados que padecen neumonía, mientras no muestren dificultad respiratoria e hipoxemia (bajos niveles de oxígeno en la sangre), considera que pueden continuar con el tratamiento sintomático en casa. Y para los contagiados en grado severo con síntomas de hipoxemia y 24 respiraciones por minuto, deben acudir al hospital para ser evaluados por un médico. En estos casos se administrarán fármacos especializados como anticoagulantes, antiinflamatorios, esteroides, antibióticos e incluso oxígeno.

Por tanto, la prevención es uno de los recursos más razonables. Melgar apuesta por una óptima alimentación, practicar ejercicio, contar con micronutrientes adecuados, como vitaminas y suplementarlo si hay deficiencias. “Llevar un estilo de vida sano”, resalta.

Sandoval enfatiza que no existe evidencia científica robusta de medicamentos que fortalezcan el sistema inmunológico, coincide con Melgar, aunque añade el dormir adecuadamente, así como un entorno emocional y familiar que puedan contribuir positivamente en el fortalecimiento del sistema inmune.

Al final, Pezzarossi resalta que lo mejor es aplicar las tres medidas básicas de prevención: distanciamiento, uso de mascarilla y lavado de manos. Y añade la limpieza de superficies. Mientras que Sandoval destaca la necesidad de educación comunitaria para el manejo de casos leves. Una comunicación efectiva permite que la población tenga mayor adherencia a las medidas básicas antes mencionadas.