Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Domingo

Giammattei, el gran impostor

Fecha de publicación: 19-07-20
Por: José Luis Chea Urruela

El Doctor YO – consumado histrión citadino, impostor de altos vuelos, primer merolico de la nación, enfermizo ególatra, narcisista summa cum laude, audaz timador de falsas ilusiones, contumaz hablantín, engañabobos fuera de serie, matasanos sin clínica, ilegítimo usurpador de los destinos del país, clarividente médico de sórdido cuerpo y alma, puño en ristre, cejas inquietas, pose de redentor inveterado y tribuno de alto coturno, que al hablar sus ojos mece- cada domingo, apoyado en la comodidad de la falta de incómodas preguntas, se dirige a una Nación cada vez menos crédula, para recordarle que los únicos culpables de los muertos y contagiados del COVID-19 son los propios guatemaltecos, quienes por tontos se empeñan, desde la miseria y la pobreza o desde la ignorancia e intransigencia, en salir de sus destartaladas covachas, casitas de colonia o casas residenciales, en busca de trabajo y productividad.

Al unísono, en plena sintonía, como oficiosa caja de resonancia, el otro YO del Dr. Merengue, el ocurrente, dicharachero y chinche twittero, el Dr. Corbatín, sueldo Q42,125.00 mensuales, importada panacea 90 días después del inicio de la crisis, convoca, a los guatemaltecos de bien para que al ritmo de cacerolas, pitos y matracas apoyen el trabajo que en primera línea realizan LOS OTROS MÉDICOS, enfermeras, y laboratoristas sin ocurrírsele que talvez, digo talvez, que lo más lógico sería, no solo pagarles, sino duplicarles sus sueldos y pagárselos a tiempo. Es, Doctor, una verdadera vergüenza e ignominia nacional que muchas de las enfermeras tengan que pagar, de su paupérrimo peculio, el transporte a su trabajo.

De lo ocurrente, el Dr. Corbatín salta a la infame insensibilidad al salir diciendo con un sutil deje despectivo, que la culpa de los médicos y el personal de salud contagiados de COVID-19, no es culpa de su trabajo, de su sacrificio, de su entrega, ni de la falta de instrumentos y equipos, ni del stress de no recibir su pago a tiempo, ni de la saturación de los hospitales, ni del colapso de las emergencias, ni de la falta de insumos, ni de la corrupción ministerial, ni la falta de apoyo del Gobierno, sino que, según el ilustre galeno, seguramente estas personas al llegar a “sus” colonias o casas, relajan, en familia, sus medidas sanitarias y por eso se contagian.

Mientras tanto, en medio de la noche y de la nada, en el Hospital Temporal del Parque de la Industria, es despedido con pesar, entre aplausos y sirenas, el cadáver del Doctor Oscar Guillermo Hernández Alonzo por familiares y colegas. La frase “ACABA DE FALLECER UNO DE LOS NUESTROS” sería su epitafio. El Dr. Hernández falleció víctima del COVID-19, pero en realidad lo mató la indiferencia del Ministerio de Salud y la perversidad, de la subdirectora del Hospital Temporal del Parque de la Industria, quien, aferrada al puesto, como puño de trapecista, deliberadamente le negó la atención médica requerida, probablemente porque en las semanas previas a su muerte, el Dr. Hernández había sido un duro crítico del Ministerio de Salud en materia de insumos y seguros médicos. Nunca el Presidente, como es debido, expresó sus condolencias a la familia y a la comunidad de los “OTROS MÉDICOS”.

Queda claro que, desde el inicio, más allá de la verborrea presidencial y la ineficiencia de las autoridades de Salud, estamos en la fase de SÁLVESE QUIEN PUEDA, fase que no se ajusta a ninguno de los colores del confuso semáforo propuesto. Cuatro meses después, entre los sabios consejos de Doña Chonita y las brillantes recetas y protocolos de los “OTROS MÉDICOS”, llegamos a la inexorable conclusión que el COVID-19 “NOS DA O NO NOS DA”. Doctoral e histórica flatulencia cósmica de un funcionario que devenga Q148,838.00 mensuales; en medio del pico de la pandemia y frente una ciudadanía que en silencio se debate entre el deseo de rebelión y su perseverante anomia y estoicismo.

Cruce de superhombre y bufón, el pequeño YO del Presidente, aspira a convertirse en un émulo del exquisito Dr. Francia, “YO, EL SUPREMO”, engolosinado por la idea de un Estado de Calamidad permanente, sin contrapesos institucionales, apoyado por el Pacto de Corruptos y aliados de ocasión. Y es factible, porque no hay mejor aliado para un aspirante a dictador que un pueblo ignorante, temeroso, hambriento y conformista. ¿HASTA CUÁNDO GUATEMALA?