Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Domingo

Fracaso marca COPRECOVID

Fecha de publicación: 19-07-20
Por: César A. García E.

Para muchas personas Edwin Asturias significó la esperanza de contar con un connotado guatemalteco, residente en EE. UU., experto en epidemiología, con prestigio internacional; un evento análogo al connotado cirujano cardiovascular y malogrado ex vicepresidente del nefasto gobierno de la UNE que hoy cogobierna con Vamos y Creo que con Todos. Algunos clamaron –textualmente y con gran ilusión– “ya tenemos nuestro Anthony Fauci en Guatemala”, refiriéndose al “director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE. UU.”. Siendo el chapín tradicionalmente malinchista, sin importar si se profesa de “izquierda” o de “derecha”, Asturias, generó expectativa.

En lo personal –luego de leer sus expresiones en el Twitter, no por seguirlo, sino porque me las compartieron– intuí, su selección era política y por méritos activistas e ideológicos que incluían defensas oficiosas –y a la distancia– del decepcionante presidente Giammattei. Asturias se había “ganado el hueso”, desde el prejuicio, el ataque a quienes planteábamos ideas disonantes, con el discurso de horror que proclamaba el mundo y contra quienes criticábamos –en el legítimo derecho de la libre expresión– los desmanes, hoy más que obvios que perpetraba el gobierno. En todo caso, llegó avanzando sobre su propio vientre, a ser recibido como “el gurú del Coronavirus”, actividad que no desarrolla –por lo que se sabe– ad honorem.

Sus primeras intervenciones fueron muy desafortunadas. Socarronamente procuró quemar lo antes posible al exministro de Salud, mientras compartía mesa con él; para esta faena no necesitaría mucho esfuerzo, para entonces el deslucido exministro Monroy, ya era culpado del timo al pueblo, de la magra ejecución presupuestaria y del fracaso del hospital del Parque del Industria, con supuestas “tres mil camas y el mejor intensivo de Centroamérica”, ofrecido dos meses antes, por el presidente, quien se lavaría las manos, sin inmutarse. Muchos cándidos exigían la cabeza del ministro y celebraba la llegada de Asturias con “su nuevo equipo” … nunca se percataron que, “si la cabeza está mal, nada puede funcionar bien” y la “cabeza” no era Monroy, ni Edwin.

Asturias se estrenó, con su discurso ambiguo y enredado, en el cual se considera –malamente– capaz de desautorizar a otros, sobre todos los temas: es economista, epidemiólogo, activista, relacionista público, y sobre todo, suscriptor de falacias presidenciales; no extrañó por ello que dos respetables infectólogos locales, salieran discreta y rápidamente de la recién creada Coprecovid. No habrán querido –con toda razón– desprestigiarse, quemándose como Asturias, manipulando las cifras de la enfermedad, o consintiendo estadísticas engañosas, en las cuales se compara a Guatemala con países como Chile, y no solo eso, Guatemala según el presidente –con la permisión cómplice de Edwin– “está mejor”.

Los mensajes de Asturias nunca son claros, pero su “genial” idea del semáforo y a lo que se presta esta herramienta, constituye un timo inmundo. En tal sentido, le recuerdo, al “epidemiólogo experto” que la base del muestreo estadístico debe respetar rigurosamente la técnica, para poder generar inferencias razonablemente válidas.

Si el gobierno –por medio de Coprecovid– quiere realmente, aplicar un sistema de alertas y cierres graduales, por área, necesariamente deberá contar con un muestreo técnicamente diseñado y ello implica: 1- Que sea aleatorio: En la actualidad, las pruebas para definir el COVID-19, no presentan esta característica fundamental, sino se orientan a personas enfermas, presumiblemente enfermas y cercanas a estas. Con este procedimiento antitécnico, los porcentajes nunca se reducirán. 2- La muestra debe ser representativa: Ello implica que el número de examinados será acorde a la densidad poblacional del municipio que se desea evaluar; si fuese a nivel República, de igual manera deben realizarse muestras suficientemente profusas y sin sesgos, para validar la inferencia estadística. 3- Debe definirse si la muestra es “probabilística”, en cuyo caso, implica que cualquier guatemalteco tendría la misma probabilidad de ser sujeto a un hisopado o prueba de anticuerpos. Podría –también– hacerse una muestra “no probabilística”, en cuyo caso, se debieran definir los potenciales grupos de examinados: por rango de edad, actividad económica, sexo, ubicación geográfica, etcétera; en este último caso, el resultado no podría generalizarse.

En Guatemala, el número de muestras sigue siendo errático, dándosele valor únicamente al número “absoluto” de diagnosticados diarios y su origen continúa siendo hospitalario… el sesgo es enorme; allí acuden las personas que se “sienten enfermas”, por lo tanto su posibilidad de estar infectadas es evidentemente mayor. Adicionalmente, no existe transparencia en el muestreo, ni auditoría de calidad de muestras, ni actualización fiable. De esa cuenta, la inferencia, es decir la generalización aproximada del universo o población, no es válida; la base estadística es mala y por ende todo lo que surja de ella, está contaminado. La situación es comparable a pretender erigir una casa o tan solo diseñarla, omitiendo la cimentación.

Cito un ejemplo: Supongamos que, en un condominio en Fraijanes, con quince casas, en donde viven en total cuarenta y cinco personas, existe una familia de cinco miembros, de los cuales resultaron con hisopados positivos tres de ellos. En las catorce casas restantes existen dos personas más con pruebas positivas. Ello nos daría un total de cinco personas COVID-19+, para un total del condominio de cuarenta y cinco; se podría inferir, partiendo del resultado que el 60 por ciento de una familia residente allí está infectada y que el 11 por ciento de los vecinos del condominio tiene COVID-19, pero ello no podría extrapolarse a todo Fraijanes, infiriendo que el 11 por ciento de sus habitantes tiene la infección viral, menos aún, se podría señalar –como ya se ha hecho irresponsablemente en otros municipios– que Fraijanes, representa un riesgo mayor y se le debe aplicar mayores restricciones. Para arribar a esta conclusión, se debería levantar una muestra aleatoria, estadísticamente válida, para la densidad poblacional de Fraijanes, lo cual no se hará, por la incapacidad gubernamental, ampliamente demostrada.

Bien haría Edwin en ponerse serio y aplicar los rudimentos de sus estudios epidemiológicos o desistir. Si valida las falacias del presidente y coadyuva –con sus credenciales médicas– a engañar al pueblo, está faltando a la ética y haciendo a un lado sus principios morales y profesionales (si los hubiere). He escuchado de él, es “buena gente”, con los dados cargados a una ideología, de esa izquierda “especial” que ama la vida capitalista, como tantos otros ideológicos “socialistoides” de “Etiqueta Azul y Patek Philippe” que, mostrando total inconsistencia –con lo que pregonan– han hecho añicos el emprendimiento, la empresarialidad y la propiedad privada, alrededor del mundo ¡Piénselo!