Martes 11 DE Agosto DE 2020
Domingo

El hambre golpea en el Corredor Seco

Más de un millón de personas requieren de asistencia alimentaria en el Corredor Seco. Y más de 17 mil casos de desnutrición aguda se registran en todo el país. Esto, en el marco de una crisis económica agravada por la pandemia. 

Fecha de publicación: 12-07-20
Blanca Lidia López de 28 años vive en aldea Naranjo, Jocotán, junto a sus cuatro hijos, su mamá y dos hermanos. / Juana de Jesús López, de 28 años, con cuatro de sus seis hijos, cuenta que el COVID-19 les ha afectado en sus ingresos diarios.
Por: Ana Lucía González elPeriódico

Blanca Lidia López vive en una precaria casa de adobe en la aldea Naranjo, Jocotán. En este municipio de Chiquimula no es el único caso. Ella convive con cuatro hijos, su mamá y dos hermanos. La situación se le ha tornado cada vez más difícil en las últimas semanas por la falta de trabajo. Hasta el punto de que las tortillas con sal han sido su único alimento. Es cierto que ha recibido dos veces la bolsa de refacción escolar del Ministerio de Educación, pero esta se acaba pronto. No ha recibido otro tipo de ayuda de los programas de gobierno creados a partir de la emergencia sanitaria del COVID-19. No los conoce.

A sus 28 años es sobreviviente de violencia doméstica. En 2011, su entonces cónyuge la atacó a machetazos. Ahora, él guarda prisión. Producto de ello tuvo un aborto, perdió un ojo y uno de sus pies quedó dañado. No puede caminar como antes. A Blanca se le hace más difícil ganarse la vida, cuando lava y plancha ropa ajena. “Desde entonces sufro desmayos y padezco de los nervios”, afirma.

La familia de Blanca es una más entre miles que sufren de inseguridad alimentaria severa en Guatemala. Esto es lo que revela el más reciente informe de Oxfam, basados en el monitoreo de 4 mil 536 hogares de seis municipios del Corredor Seco de Chiquimula y Baja Verapaz, hecho durante los meses de abril y mayo de 2019 y 2020, respectivamente.

Blanca Lidia López es sobreviviente de violencia doméstica. Desde entonces sus nervios quedaron dañados.

Este año, el deterioro alimentario se ha incrementado. En comparación con 2019, hasta un 102.8 por ciento de los hogares requiere asistencia, entre severa y moderada. El mayor incremento se dio en los hogares considerados de Inseguridad Alimentaria Severa, en los que fue de hasta un 289.2 por ciento. En la moderada ocurrió en un 25.3 por ciento. De esa cuenta, se estima que más de un millón de personas precisan asistencia alimentaria. 

El informe evalúa el aumento de casos de desnutrición aguda, los cuales hasta la semana epidemiológica 26 (21-27 junio 2020, según el Ministerio de Salud), muestran un total de
17 mil 195 casos en todo el país, con ocho decesos de menores.   

Además, incluye un análisis del alcance de los programas de protección social del Gobierno a partir del COVID-19 en los hogares citados, los cuales se ubican en la línea de la extrema pobreza. Es decir, si la ayuda llegará a las poblaciones más necesitadas.

Necesidad en aumento

Las tortillas con sal y el café desabrido han sido la dieta que durante el último mes ha permitido sobrevivir a la familia de Francisco Javier García y García, de 38 años, y su esposa Juana de Jesús López, de 31, y sus seis hijos. Ellos viven en el caserío Guayabo, aldea Naranjo de Jocotán, Chiquimula. “Quizás hace un año comimos carne”, afirma Juana.

Las restricciones de movilización por la crisis sanitaria les ha afectado, al igual que a muchas familias, para que puedan ir a cortar café a Honduras, hacia donde suelen viajar en esta temporada. “No hemos podido hacer chapia ni abonado, tampoco pases para salir a ganar en otros lugares”, dice Francisco, quien sufrió un derrame y ahora se apoya con el trabajo de sus dos hijos mayores. Por eso sembraron maíz en una manzana de terreno alquilado, el cual tienen que pagar a Q40 la tarea en efectivo, antes que dé la cosecha.

Francisco García y Juana López afirman que tienen como un año de no probar carne.

La familia García como la de Blanca López coinciden en las dificultades de compra debido al alza en los precios del maíz y el frijol. Ellos han sido parte de los hogares encuestados por el monitoreo de Oxfam en Chiquimula y beneficiados por los programas de alimentos específicos implementados por dicha institución, Asedechi y Corazón de Maíz, con el financiamiento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea.

El informe de Oxfam presenta un análisis de la situación alimentaria de 4 mil 526 hogares, de los cuales se hizo 2 mil 717 entrevistas en 2019 y 1,809 entrevistas en 2020, correspondientes a 51 comunidades de los municipios de: Jocotán, Camotán y Olopa en Chiquimula; y los municipios de Rabinal, Cubulco y San Miguel Chicaj en Baja Verapaz. Esta zona se conoce como el Corredor Seco.

Estos hogares cuentan con dos medios de vida esenciales: el jornaleo agrícola y los cultivos de autoconsumo, como el maíz y frijol. A la precariedad de sobrevivencia con estos medios de vida, se suman dos factores importantes que dibujan un escenario más complicado. Los déficits de lluvias desde 2012 debido al cambio climático, ha implicado pérdidas superiores al 80 por ciento de la producción de autoconsumo. A esto se sumó la pandemia del COVID-19 que aplicó restricciones de movilidad y distanciamiento social que ha generado una crisis económica de largo alcance. “Esto les ha impactado en la reducción de búsqueda de trabajo temporal”, indica el informe.

Como parte de la metodología se tomaron en cuenta cuatro niveles de alimentación: seguro, leve, moderado y severo. Asimismo, se hizo una selección de los hogares a encuestar –y recibir ayuda–, uno de estos fue descartar los que no tienen problemas de alimentos.

En Chiquimula

Los resultados generales muestran una situación alimentaria muy precaria en Chiquimula. En 2020 se encuestaron 1,423 hogares. De esta cantidad, se excluyeron 433, de acuerdo con el criterio antes mencionado. Al solo tomar en cuenta los hogares más vulnerables, los datos de las encuestas muestran un aumento de la inseguridad alimentaria severa de 165.6 por ciento, al comparar los años 2019 y 2020.

La muestra general tomó en cuenta a los hogares “seguros” no encuestados, y la compara con los evaluados en 2019 y 2020 en la misma zona. De igual forma se puede apreciar un deterioro importante en la alimentación de este departamento: evidencia un incremento de 114.4 por ciento en el porcentaje de hogares que requieren asistencia alimentaria (severa y moderada). El mayor incremento fue en el grupo “severo” el cual se cuadruplicó, pasando de 11.6 por ciento en 2019 a 47.9 por ciento en 2020.

En Baja Verapaz

Este departamento muestra resultados menos dramáticos que Chiquimula, aunque graves. El total de hogares encuestados este año fue de 1,777, de los cuales se descartaron 958 aplicando los criterios de exclusión citados. Los hogares más vulnerables mostraron un aumento de la inseguridad alimentaria 64.4 por ciento de la población con necesidad de asistencia en alimentos. Esta pasó de 8.3 por ciento en 2019 a 29.4 por ciento en 2020.

Al tomar en cuenta a la población general, incluyendo “hogares seguros no encuestados”, también se demuestra un deterioro, con un incremento del 102 por ciento en los hogares que requieren asistencia alimentaria (severa y moderada) con relación al año anterior. Esta pasó de 3.1 por ciento en 2019 a 13.6 por ciento en 2020.

Proyección de población rural que requiere de asistencia alimentaria (severa y moderada) en el Corredor Seco de Guatemala.

Escenario desfavorable

Luego de evaluar y depurar encuestas, la muestra de Chiquimula (990) y Baja Verapaz (819) tomó en cuenta a 1,809 hogares. La muestra de los hogares más vulnerables con relación a un año y otro, muestra un incremento de 183.3 por ciento, pasando de 18 por ciento en 2019 a 51 por ciento en 2020.

Mientras que las cifras de la población general de las zonas evaluadas muestran un incremento de 102.8 por ciento de los que requieren asistencia alimentaria (severa y moderada) en comparación con 2019. Hubo un mayor incremento en el grupo “severo” la cual casi se cuadruplicó, pasando de 7.4 por ciento en 2019 a 28.8 por ciento en 2020. La inseguridad alimentaria moderada también tuvo un incremento del 25.3 por ciento.

Más de 17 mil casos de desnutrición aguda

A los 44 años, Eulalia López sabe cómo hacer para que las tortillas con sal y el quilete alcancen para los nueve miembros de la familia. Es oriunda del caserío Pericón en aldea Oconblá, Jocotán. Debido a que la cosecha de maíz y frijol no suele dar para más, elabora y vende shecas para ayudar con el gasto de la casa.

Eulalia López, de 44 años, alimenta a los nueve miembros de su familia con tortillas con sal y quilete.

Con mascarilla y guantes de protección, afirma que hace como dos meses que comieron pollo. Pero últimamente se ha complicado más la situación por la falta de trabajo y el aumento de precio de los granos básicos. “Da pena contar, pero hasta ‘migra’ le da a uno cuando los niños lloran que quieren comer y uno de dónde echa mano para comprar el maíz”, dice.

Los hijos de Eulalia no padecen desnutrición aguda, gracias a la refacción escolar del Mineduc y las donaciones de alimentos recibidos por Oxfam. Sin embargo, el hambre que ronda en esta zona es preocupante, como sucede en muchos municipios del país.

De acuerdo con cifras del Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Siinsan) del Ministerio de Salud, hasta la semana epidemiológica 26 (del 21 al 27 junio 2020) se contabilizaban 17 mil 195 casos de desnutrición aguda a nivel nacional en niños menores de cinco años. Los menores fallecidos ascienden a ocho. En ese mismo periodo de 2019, se reportaban 8 mil 421 casos.

Los departamentos que superan los mil casos de desnutrición aguda son: San Marcos, Guatemala, Escuintla, Huehuetenango, Alta Verapaz y Quetzaltenango.

De acuerdo con Iván Aguilar, coordinador del programa humanitario Oxfam Guatemala, las cifras publicadas por el MSPAS no son definitivas. Destaca que a partir de este año cambió el procedimiento para registrar los casos, los cuales se toman directamente del cuaderno de Sigsa 5ª. “No existe un proceso de depuración en la calidad de los datos que se ingresan en el reporte de casos”, indica. Aguilar prevé un incremento más adelante, pues la mayor parte de casos se registraron hasta la semana 15 (221.4 por ciento), es decir, aún no se ha visto el impacto del coronavirus, cifras que tienen el potencial de incrementarse y que se reflejarán en los meses de julio y agosto.

La ayuda que no llega

Los programas de protección social implementados por el gobierno de Alejandro Giammattei para que sirvan como un alivio económico para las poblaciones más necesitadas, no necesariamente van a cumplir su propósito en los hogares del Corredor Seco, como lo prevén las encuestas de Oxfam.

El programa Bono Familia utilizó un criterio de inclusión de hogares cuyo consumo es inferior a 200 kWh, así como teléfono celular e Internet. Sin embargo, este criterio no aplicó para los hogares rurales más vulnerables (inseguridad leve y severa), debido a que el 58.6 por ciento no tiene energía eléctrica, el 94.5 por ciento no tiene teléfono celular y el 83.2 por ciento no tiene Internet en su teléfono.

En cuanto al programa de Asistencia Alimentaria, se determinó que el monto de las raciones es bajo y no es suficiente para cubrir al menos un mes de su dieta. Está diseñado para una única entrega, donde los hogares beneficiados recibirán el 11.7 por ciento del monto de los beneficiados por el programa Bono Familia.

El programa de apoyo a la economía informal contempla una sola entrega de Q1,000, con una cobertura prevista de 200 mil hogares. Este aporte representa el 33 por ciento de lo que reciban los beneficiarios del Bono Familia. En los tres programas, la regla es evitar duplicidad de beneficiarios.

Aguilar expone que se identificaron las brechas previo a la implementación de programas, para que puedan corregirse deficiencias. Por ejemplo, los listados de beneficiarios están bajo el control de las municipalidades. “Queda el riesgo de que esto se maneje en forma clientelar y las poblaciones más vulnerables queden fuera de esta cobertura”, afirma.

Por su parte, Laura Melo, representante del Programa Mundial de Alimentos (WFP) en Guatemala, considera que el Gobierno puso en marcha un programa de respuesta sin precedentes. En uno de estos, el WFP ha apoyado con la compra de alimentos de estos programas. “Es un esfuerzo grande para responder a las necesidades. Tienen muchos retos”, comenta.

Más de 2 millones en todo el país

Un informe de la Secretaría de Seguridad Alimentaria (Sesan) realizado a fines de 2019 revela que en el país hay 2.3 millones de personas en inseguridad alimentaria moderada y un promedio de 0.5 millones en el rango de inseguridad severa, afirma Mario Morales, subsecretario técnico de esta entidad.

En consecuencia, comenta que una de las estrategias de gobierno fue la “Gran cruzada por la nutrición”, integrada por seis instituciones del Ejecutivo, con el fin de reducir indicadores negativos para la población más vulnerable, pero sin considerar el escenario de la pandemia. Sabe que el hambre ya no solo ocupa a la población del Corredor Seco sino a todo el país, debido a múltiples factores, como el retorno de población migrante y el cese de la economía informal.

En cuanto a los datos del Informe de Oxfam en el Corredor Seco, la proyección de población rural de los 82 municipios que requiere asistencia alimentaria (moderada y severa) es de 1 millón 12 mil 292 personas, lo que representa un estimado de 191 mil hogares. Con relación a las cifras de 2019, se observó un incremento de 102.8 por ciento.

De acuerdo con Aguilar, parte del problema se debe a una inversión social que ha sido deficiente y se ha mantenido así por muchos años. Esto debido a un bajo presupuesto, con servicios que no mejoran la calidad de vida de la población. “No se resuelven los problemas estructurales, a esto se añade un cambio climático que cada vez hace más difícil la subsistencia”, comenta.

Eulalia es ajena a toda esta problemática. Al igual que Juana y Blanca, piensa en cómo estirar la donación de alimentos recibidos hace un par de semanas por los organismos internacionales. “Estoy contemplando para que alcance hasta para el mes que viene”, dice Eulalia.

A Juana, más que el coronavirus, que no ha llegado a su aldea, le preocupa que sus hijos dejaron de recibir clases en la escuela y que la comida alcance para unos ocho días; mientras Blanca agradece que tiene un quintal de maíz que quizá le llegue hasta fin de mes.

Desde 2012, el cambio climático ha alterado los ciclos de lluvias en el Corredor Seco.

Brigadas de salud

La Sesan en conjunto con el Ministerio de Salud y la cooperación internacional planifican el lanzamiento en los próximos días de brigadas de salud, con el fin de establecer una búsqueda activa, casa por casa, para rastrear más casos de desnutrición aguda a nivel nacional, informa Mario Morales.

“El proceso comenzará en forma periódica, de momento con 101 brigadas de campo integradas por una nutricionista, un representante del MSPAS y dos acompañantes. Cada área de salud establecerá un plan para iniciar este proceso con el objetivo de identificar casos de menores y poder dotarlos de Alimento Terapéutico Listo para Usar (ATLU). También se contempla integrar un esquema de vacunación infantil”.

El trabajo de campo abarcaría los departamentos de Huehuetenango, Chiquimula, San Marcos, Alta Verapaz, Quiché, Sololá, Chimaltenango, Quetzaltenango, Retalhuleu, Zacapa y Jalapa.

“En este momento se están sumando varios actores de la cooperación internacional, así como de la iniciativa privada. El costo inicial de este proyecto era de US$7 millones, pero se reducirá con los recursos aportados por el Gobierno. El monto real todavía no se ha establecido”, informó el funcionario de la Sesan.