Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Domingo

Mundo raro o mundo nuevo

Fecha de publicación: 05-07-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

En pocos meses un virus microscópico ha creado macroproblemas en el mundo, evidenciándose estructuras globales que no responden a los intereses de la humanidad sino a intereses privados. Pero la emergencia sanitaria ha exigido la primacía del bien común y Estados alrededor del planeta han tenido que actuar sobre los intereses del mercado. La vida humana antes que la economía.

La pandemia desnudó la desigualdad en el mundo y se ha hecho evidente la necesidad de reformas que fortalezcan el sector público y propicien la igualdad. Desde luego que no solo se trata de darle más recursos al Estado, sino de efectivizar la acción del mismo en donde juega un papel esencial la eliminación de la corrupción. En esta coyuntura de pandemia la corrupción resulta un delito abominable y es una infamia de lesa humanidad.

América Latina se estremece por los efectos devastadores del COVID-19. El virus ha venido a poner de manifiesto las insuficiencias de los sistemas de salud en muchos países. Por ejemplo en México las muertes por el coronavirus se deben no solo a la infección, sino a las carencias de los hospitales públicos. El Centro de investigación en política pública IMCO advertía hace un tiempo de los efectos negativos por las políticas neoliberales, que condujeron a la disminución del gasto público en salud y afirmaba con la contundencia de las estadísticas y análisis que “para tener un México más saludable y competitivo se necesitan servicios de salud más inclusivos, eficientes y transparentes”. En otras palabras, el derecho humano a la salud es universal y no puede estar supeditado al nivel de ingreso. Asimismo, se señalaba la gravedad de la obesidad en México producida por el sobre consumo de azúcar y que a su vez ha llevado a la expansión peligrosa de la diabetes y la mala salud dental. En la coyuntura actual del coronavirus se ha comprobado que tanto la obesidad como la diabetes constituyen factores de gran riesgo para los contagiados.

Otro caso lamentable es la debacle del sistema de salud en Ecuador, producido en buena parte por la corrupción política. Y en Bolivia a un exministro de Salud se le acusa de sobrevaloración en la adquisición de respiradores. En un reciente reportaje del The New York Times se resalta que los verdaderos villanos del virus en el continente son los políticos corruptos que especulan con los equipos de protección y las sobrevaloraciones. Se menciona el caso de los policías peruanos que se contagiaron debido al uso de equipo de protección con defectos, como mascarillas tan delgadas que se rompían. Lo anterior y ante el elevado número de agentes infectados obligó al cierre de algunas comisarías con el resultado negativo para la protección de la ciudadanía y el combate a la criminalidad.

Volviendo al Ecuador, el The New York Times denuncia lo que llama la “conspiración de la bolsa de cadáveres”. Según el periódico norteamericano el empresario Daniel Salcedo, vinculado a redes criminales, conspiró con funcionarios de salud para obtener una licitación referida a la compra por parte del Estado de bolsas para cadáveres, destinadas a los hospitales y morgues, y que fueron sobrevaloradas en 13 veces su precio real. Según el The New York Times no hay relación de congruencia entre la gravedad de la pandemia que azota América Latina y los esfuerzos eficientes para combatirla, que se han visto socavados por una ola de corrupción.

En Brasil, donde el presidente Bolsonaro ha dado muestras de incapacidad en el manejo de la crisis sanitaria que azota con ferocidad al país más grande y poblado del continente, altos funcionarios de al menos siete estados federales están siendo investigados por malversación de fondos por una suma de dólares que supera los US$200 millones tomados de las arcas públicas.

En Colombia se investiga por parte del Procurador General a financistas de campañas políticas en las últimas elecciones. Habrían recibido contratos lucrativos para suministrar equipos e insumos por la situación que ha provocado el COVID-19.

En síntesis: “La pandemia ha ampliado las oportunidades para que los funcionarios públicos en América Latina saqueen las arcas estatales… Al declarar un estado de emergencia, varios países suspendieron algunas regulaciones que rigen los contratos públicos…” (The New York Times)

En una visión a nivel macro, a mediano plazo las perspectivas son desalentadoras para el continente. La destrucción de millones de empleos, el encarecimiento de los productos básicos, la baja en las exportaciones, miles de empresas quebrando, en suma: economías desaceleradas. Estamos hablando de retrocesos en el combate a la pobreza. Muchos de los logros alcanzados bajo el marco de las metas del milenio desaparecerían. La pobreza de nuevo como el nubarrón gris de los latinoamericanos. Y no se deberá contar con la respiración artificial de las remesas provenientes de Estados Unidos, ya que la economía del coloso del norte tampoco vislumbra buenas perspectivas. Además de que las políticas migratorias de la administración Trump han afectado a muchos países, en especial los centroamericanos. Trump nos ha enviado de vuelta a centenares de personas infectadas con el coronavirus.

Los daños colaterales de la pandemia están a la vista pero también nos ha venido a mostrar las carencias de los sistemas de salud y de las estructuras políticas. La mala salud es un indicador principal de pobreza. Si consideramos el alto nivel de la tecnología actual, en especial la electrónica, y atendemos a los avances que se realizaron en las últimas dos décadas para combatir la pobreza podemos afirmar que el mundo de pobres y enfermos con que amenaza la pandemia debe ser considerado raro. Un mundo raro donde hay demasiada riqueza pero siguen muriéndose niños de hambre. Lo raro no debería ser la riqueza sino la pobreza.

El gran perdedor ideológico resulta siendo el necio neoliberalismo. Las evidencias resultan abrumadoras: el sector público es garantía del bien común y bienestar. Al neoliberalismo se le acabó el discurso y a lo más que pueden llegar es a seguir hablando a solas, dándole la espalda a la realidad.

Es fundamental enfrentar las amenazas de corrupción en el continente. La cooptación del Estado combinada con las influencias interesadas y solapadas de los financistas de campañas políticas y partidos produce una ecuación nefasta. Si desaparece el control y la fiscalización y se elimina el sistema de pesos y contrapesos la institucionalidad del Estado resulta afectada, en un grado extremo colapsada. Si los políticos corruptos logran cooptar las cortes y el sistema de justicia, se pueden pronosticar Estados fallidos. El gobierno encubierto de las mafias, las narcodictaduras, el poder de los contrabandistas y de los proveedores privilegiados del Estado. El escenario es espeluznante: asegurar la corrupción y la impunidad por medio de magistrados y jueces nombrados por diputados corruptos a su vez financiados por redes criminales. Si se agrega la supresión de la libertad de expresión y de la prensa independiente, tendremos sistemas autoritarios gobernados por las mafias que han cooptado al Estado.

De todas maneras, esperamos la evolución hacia una nueva conciencia universal sobre el bienestar de la humanidad. El evidente malestar del coronavirus con todas sus consecuencias en el mundo ha llevado a cambios de actitud, a reflexiones profundas de muchas mentes y de amplios estratos sociales que ven ahora el mundo desde una perspectiva diferente. Un mundo nuevo es posible y necesario.

La desigualdad será la gran cuestión a superar cuando la emergencia sanitaria se haya superado. La pandemia ha venido a demostrar el valor de la solidaridad. Hemos visto aportes fantásticos en todo el mundo de voluntarios y profesionales que incluso con riesgo de su salud e integridad física están diariamente trabajando en el combate al coronavirus.

La transparencia en la gestión pública exige una nueva actitud. Las necesidades demandan un cambio radical. Una nueva moral política. Mayor participación y control de la ciudadanía. Es el momento de despertar. De más compromiso social con responsabilidad individual. La palabra justicia vuelve al tamiz. Justicia, justicia es la palabra actual. Los corruptos no deben salirse con la suya.