Miércoles 5 DE Agosto DE 2020
Domingo

Morir con dignidad

Fecha de publicación: 05-07-20
Por: César A. García E.

Mis sentidas condolencias, a todos los que han perdido: a personas muy amadas, a abuelos que dieron tanto, a hijos que sucumbieron, ante un virus, una angustia, por el terror y el quebranto. A padres que abandonaron –para siempre y tristemente– a la gente que debían, su futuro y su presente. A miles que han padecido, por la insalubridad; bajo el acoso y las balas… que cauterizan conciencias y nos hace “Guate-MALA”.

Los sepelios siempre tristes y ahora ya sin consuelo; de despedir al difunto, de vivir un poco el duelo… con el abrazo y el brazo que: sustenta, reconforta, que sirve para llorar, para prometerse verse, porque la vida es muy corta. Sepelios siempre ignorados de víctimas inocentes por un sistema corrupto que se ríe de la muerte; que mata en vida a los niños y sentencia a los ancianos a finales de miseria, humillación y desganos.

Sistema carente y sucio que proclama hacer proezas, pero asalta sin descanso; viviendo el delincuente, infame y cínicamente: en la curul, el despacho, secretaría oprobiosa que concentra los poderes… diseñando padeceres. Un sistema legendario y dilapidador de erarios; un sistema que es sirviente del ladrón y el decadente. Que enriquece a discreción, al mercantilista oscuro que plantea los negocios… de ignominia y desazón, mismos que –infaltablemente– empobrecen al más pobre y forran al malviviente.

Todas las muertes son tristes, no importando la razón; si les venció la diabetes, sin les falló el corazón, o si fue –muy lentamente– la funesta depresión… la que les debilitó, les fue sometiendo a pausas y finalmente mató. Las muertes en Guatemala nunca fueron importantes, de hecho, aún no lo son. Ahora que se mencionan, se promueven y divulgan, no será para evitarlas… sino, atendiendo razones de los aviesos ladrones; ellos están –entre el luto– irguiéndose como héroes y viviendo como jeques, sin inmutarse un momento, del circo, de la ignorancia, del engaño y aspaviento.

En Guatemala la muerte, tiene siempre agasajados, y no solo el “infectado” que es –por mucho– minoría. La víctima suele ser: el invisible y honesto, el ingenuo, el laborioso, el honrado y diligente, es el niño desnutrido, es el viejo abandonado y el paciente despreciado. Quien se animó a crear empleo, el que abrió su negocito, quien se esforzó sin descanso, con ahínco y con pasión, para poder proveer… alegría e ilusión. La muerte es –en realidad– el rudo y cierto destino, del sabio y del bizantino, el final insoslayable del patán y del amable. El temerle es un absurdo, es la única cita cierta, el evento incuestionable, puntual, recio… impostergable.

¿Paralizarse ante el miedo por la suerte de morir? Eso es lo que quiere el necio, el mediocre e indecente que, promoviendo el terror, lo utiliza a su favor. Para robar, sin parar; para saquear a la patria, en fin… para depredar. Amenazas las hay muchas, pero es digno trabajar, para muchos necesario, para otros indispensable y tan solo al holgazán le resulta despreciable. (Proverbios 26:13 “Dice el perezoso: Hay una fiera en el camino. ¡Por las calles un león anda suelto!”).

He decidido vivir… hasta que llegue la muerte; que me encuentre construyendo, trabajando y abrazando. Que me observe disfrutando de la charla con mis hijos, de los juegos con mis nietos, en medio de mis afanes y de risas –con amigos– tan queridos… sin desmanes. No la esperaré con miedo, ni menos haciendo caso, al imbécil que “controla” y con su discurso –infame– atormenta y nos asola. Ese que espere a la muerte, en medio de su egoísmo, escuchando al adulón, viviendo una vida infausta de placeres sin razón; entre el pan que no ganó, bebiéndose los impuestos, comprando cariño falso y lleno de sinsabores que le brindan deshonestos.

La integridad del humano requiere estar bien parados… aunque duelan las rodillas; luchar por nuestros ideales… aún sufriendo diatribas; defender lo que construimos, querernos en libertad, no sucumbir ante el vil y a nuestra debilidad. La integridad es vital, porque implica dignidad y expresa una meta enorme… que no tiene el animal. ¡Piénselo!