Martes 7 DE Julio DE 2020
Domingo

Muros y sueños

Fecha de publicación: 28-06-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

“Espero que Donald Trump sea recordado como el mandatario que tuvo solo un período en la Casa Blanca”.

John Bolton

El primer semestre ha sido desfavorable para el gran sueño de Donald Trump: la reelección presidencial. El impacto en la economía por el coronavirus y la mala gestión de la pandemia le han restado puntos. Asimismo, la crisis social producida después de la muerte a manos de la Policía de Minneapolis del ciudadano negro George Floyd, pusieron al mandatario contra las cuerdas debido a sus declaraciones provocadoras y medidas represivas sin resultado, más que una ascendente indignación ciudadana.

La semana pasada dos nuevos sucesos vinieron a perturbar al presidente. Primero, la Corte Suprema de Justicia decidió reprobar la política del presidente contra el programa “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” (DACA, por su abreviatura en inglés.) DACA permite a jóvenes indocumentados la oportunidad de trabajar y vivir legalmente en los Estados Unidos. La Corte bloqueó a la administración de Trump la posibilidad legal de terminar el programa que protege de la deportación a unos 700 mil inmigrantes conocidos como “dreamers” o “soñadores”.

El segundo hecho es el anuncio del libro The room where it happened de John Bolton, ex asesor de Seguridad de Trump. La traducción del título sería El cuarto donde eso pasó, obra testimonial en donde Bolton plasma comentarios y análisis críticos de los actos e incluso de la personalidad del presidente. En una entrevista concedida a ABC News Bolton se expresa peyorativamente de su antiguo jefe:

“No creo que sea apto para ser presidente. No posee la competencia para el trabajo. No es tampoco un republicano conservador. No voy a votar por él en noviembre”.

Bolton, conocido por sus posiciones de derecha y conservadurismo, desconfía de la capacidad de Trump al que considera un peligro para Estados Unidos:

“Yo espero que el presidente no lleve al país a una espiral de descenso de la cual no nos podamos recuperar. Trump es ingenuo y peligroso”.

Recordemos que tras anunciarse hace cuatro años su proclamación como candidato, Trump manifestó que llevaría a cabo su proyecto de construir un muro a lo largo de la frontera con México para que no entraran los criminales y los parásitos indeseables y de esta manera proteger a los Estados Unidos y restaurar el orden y la seguridad. Trump ha impulsado un nuevo proteccionismo que choca con el libre comercio y la colaboración internacional, llevando a cabo una geopolítica agresiva que ha polarizado y producido situaciones bélicas y prebélicas.

La seguridad y el orden fueron las promesas de campaña de Donald Trump. A nivel general y por sentido común, nadie puede estar en contra de que haya seguridad y orden. Pero basta remover un poco el barniz de la demagogia que ha utilizado Trump para constatar que las causas de falta de seguridad y orden, según su personal visión, residen en la presencia de “extranjeros” en los Estados Unidos. Su mensaje es racista y alevoso. Por ejemplo afirmaciones como de que el COVID-19 es un virus extranjero, que todos los musulmanes son terroristas y hay que impedirles el ingreso de Estados Unidos. Los latinos son criminales, la gente de color perezosa, etcétera.

Lo marcadamente personal de Trump en sus métodos publicitarios son las técnicas agresivas: difamar al adversario, insultar, vejar con estigmatizaciones. También denigrar a la prensa independiente que lo fiscaliza. Busca enemigos inventados y peligros inexistentes.

Su proyecto “Hacer América (Estados Unidos) grande de nuevo” parece haberse estancado. No puede engrandecerse una nación con tantos pobres y tanta gente en la cárcel. Trump no ha logrado mayores réditos impulsando medidas proteccionistas que incluso los neoliberales se llevan las manos a la cabeza. En pleno siglo XXI, estamos ante un proyecto aislacionista en la nación todavía más poderosa del mundo. ¿Hasta cuándo lo será?

La recuperación de la economía no se ha logrado. Puede achacarse en algo al coronavirus pero no totalmente. Comenzando por la negación inicial del peligro de la pandemia y las actitudes y declaraciones poco responsables del mandatario norteamericano. Ahora se lamentan los miles de muertes y de contagiados.

Un problema espinoso creado por el presidente en la presente coyuntura, fue su anuncio de suspender la contribución financiera de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud –OMS– con el pretexto, muy discutible, de que la OMS actuó mal en la gestión del coronavirus al principio, acusándola de no haber supervisado y exigido más a China, lo que según Trump habría producido un agravamiento de la epidemia y su posterior expansión en el mundo. Trump llegó al grado de acusar a la OMS de irresponsabilidad y culpabilidad en la mortandad causada por el COVID-19. El anunciado retiro ha sido criticado por la comunidad internacional ya que debilita la urgente y necesaria colaboración mundial en la presente crisis sanitaria global. Es una manera típica de Trump de culpar a otros por sus propias fallas.

La pandemia ha puesto sobre el tamiz las carencias de las estructuras institucionales e infraestructuras sanitarias del sistema público de salud en Estados Unidos. Se recuerda el intento del anterior presidente Obama de construir un sistema que cubriera universalmente a los ciudadanos, aunque planeado por etapas y en esencia bastante tímido. Fue sacado de escena por Trump, quien en cambio levanta una utopía reaccionaria basada en el egoísmo y la prelación de servir al gran capital antes que a la sociedad en su conjunto.

Como guinda en el pastel, Trump ha sido un opositor al control del bióxido de carbono y un negador del recalentamiento mundial ante la alarma y el rechazo de la comunidad científica del mundo y de muchos gobiernos y organizaciones. Trump ha tratado de debilitar la colaboración y los acuerdos internacionales, incluso atacando directamente y de diversas maneras al sistema de Naciones Unidas.

John Bolton no es el único alto exfuncionario que critica al presidente Trump. Hace unas semanas James Mattis, su ex ministro de Defensa (2017-2018), denunciaba la polarización provocada por el mandatario con sus acciones, decisiones y palabras. Afirmaba Mattis: “Trump es el primer presidente que he visto durante mi vida que no intenta unir a la población sino en cambio conscientemente nos divide”.

Las palabras de Mattis se encuadran en la crisis social y de violencia callejera provocada por grandes manifestaciones de protesta por el asesinato de George Floyd. Trump en lugar de apaciguar los ánimos salió a confrontar, utilizando sus recursos conocidos de descalificar y la estigmatización.

El balance resulta ahora desfavorable para los planes electorales de Trump. Incluso sectores y personalidades de la derecha tradicional le han dado la espalda. Aunque el Partido Republicano ha cerrado filas y lo sigue apoyando. En todo caso, el impacto en el electorado ha sido negativo y puede perder las elecciones contra el candidato demócrata Joe Biden, quien ha escogido una línea moderada para conquistar sectores indecisos y le apuesta a los sectores étnicos, sobre todo gente de color y los latinos. Si las elecciones fueran hoy, varias encuestas, entre otras la de la cadena de noticias CNN, una del Real Clear Politics y otra del The New York Times, dan por triunfador a Biden. La agencia noticiosa Fox, tradicionalmente cercana al presidente Trump presentó una encuesta de opinión en la cual el 61 por ciento de las personas preguntadas señalaron que Trump había hecho una muy mala gestión del problema causado por la muerte de George Floyd.

Pero todo puede pasar en cuatro meses. El mayor desafío de Biden es convencer a las poblaciones latinas y de color para que voten. Amplios sectores desfavorecidos acuden a protestas masivas pero no vota la totalidad por diversas razones.

En la historia del mundo nunca han funcionado los muros. No impidió la Muralla China la caída del imperio. Cayeron los muros de las ciudades medievales. La línea Maginot no salvó a Francia. Cayó el muro de Berlín. Los peores son los muros mentales.