Martes 7 DE Julio DE 2020
Domingo

La receta del doctor

Fecha de publicación: 21-06-20
Por: CÉSAR A. GARCÍA E.

En la otrora “tacita de Plata”, nació hace unos cincuenta años, un pollito diferente. Al lograr escapar de su cascarón, con una dificultad mayor a sus hermanos, por carecer de una pata, empezó su suplicio existencial. Se hizo fuerte, por aquella limitación tan complicada que le impedía movilizarse con libertad. Vivió casi siempre con hambre, por la ventaja que tenían, sobre él, sus congéneres… con habilidades motrices normales.

Pasó el tiempo –y como suele suceder con motivo de la eventual crueldad infantil– casi nadie quería a aquel pollito, ni tampoco, tuvo la suerte o la desdicha, de ser comprado, para ofrecerlo como un regalo en ninguna celebración infantil –a la usanza de aquellos años– dentro de una bolsa de papel “Kraft” agujereada… a manera de sorpresa viviente. Finalmente logró adaptarse a saltar todo el tiempo, con la única patita con la que contaba y su movilidad, aunque torpe, resultó manejable. Estudió y fue brillante, pero su vida era agobiante. Justo en medio de la tramitología, para entrar a la universidad, conoció a un pato, a quien confió sus penurias. Este, después de escucharlo con paciencia, le dijo, muy seguro de su consejo: –Busca al doctor Morales, él solucionará tu problema.

Con esta recomendación, el pollito localizó en la guía telefónica y encontró al profesional referido. Su oficina estaba en un edificio descuidado y con ascensor fuera de servicio, ubicado en la séptima avenida de la zona uno. Se apersonó al lugar y observó con ansiedad en el directorio, el cual exhibía en letras mayúsculas, el nombre del doctor Morales y lo ubicaba en el quinto piso. La tarea fue ardua… tuvo que saltar más de ochenta escalones, sucios, logrando cada uno, de forma agotadora. Finalmente llegó y las sillas de espera, ocupaban aquel estrecho pasillo lúgubre, rodeado de puertas cerradas. En una –entreabierta– se leía “Doctor Morales, Economista”.

El pollito quedó asombrado, ¿Un economista podría ayudarle con su deficiencia física? Luego de esperar casi dos horas, finalmente el doctor lo atendió y escuchó inquieto, casi sin poner atención, el relato de la vida difícil del pollito, para luego responderle: –No se preocupe mi amigo, usted lo que tiene es un problema de porcentajes; siendo usted bípedo, le hacen falta el 50 por ciento de sus patas, si usted fuese ciempiés, la falta de una pata, sería despreciable, pues su pérdida tan solo significaría el uno por ciento. – ¿Y qué hago? – replicó el pollito– visiblemente confundido. –Está fácil mi amigo, conviértase en ciempiés, sentenció –sin inmutarse– el profesional. – ¿Cómo logro hacer eso?, increpó desesperado el pollito. –Vea, vea, le contestó el economista, con gestos de desprecio. –Nosotros los economistas, diagnosticamos el problema y damos la salida, la ejecución de las soluciones no es de nuestra competencia. El pollito, salió desconsolado, no sin antes haber pagado “la consulta”. Esta historia, chusca –con menos detalles– nos la relató un catedrático en la facultad de Economía, en el lejano 1980; se trataba de una lección importante que confrontaba a los futuros profesionales de esa disciplina, con la responsabilidad de resolver seriamente.

Me vino a la memoria, por las “soluciones” que ha planteado el médico, cuyo ejercicio es el capricho y la dictadura, esquema que quisiera prologar por siempre, así como sus asesores locales e importados que insisten en proponer – como remedio– recetas tan irreales, para nuestro entorno, como lo hizo, el economista de la historia. Cito ejemplos: 1- “Quédate en casa” … aunque debas ganarte la vida y vivas al día (60 por ciento de los guatemaltecos son pobres). 2- “Encierro obligatorio de fines de semana decretado un viernes”…aunque no tengas nada para comer. 3- “Lávate las manos” … aunque no exista acceso a agua potable. 4- “Prohibido circular por números de placas pares o impares” … aunque ello implique mayor hacinamiento de transporte; ojo, aseguró, el doctorcito –activista– repatriado “No se permitirán más que la cantidad de pasajeros que indica la tarjeta de circulación, pero debe mantenerse el distanciamiento social” ¿Cómo así? Para que esto fuera posible, si asumimos en un asiento trasero tres pasajeros y el distanciamiento físico, mínimo recomendable es de un metro y medio; el vehículo debería medir de ancho, unos cuatro metros; los cabezales, por ejemplo, miden 2.6 metros y un automóvil promedio no mide más de 1.8 metros; es decir, el cacaraqueado “distanciamiento social”, viajando solamente dos personas, sería posible, solamente a bordo de un camión. 5- “Apertura paulatina de la economía, iniciará al aplanarse la curva” … ignorando que aniquilar plazas de trabajo es un acto, tan cruel como fácil, pero reponerlas tiene un costo monumental en tiempo y dinero, absorbiendo, según la línea de negocio, mínimo seis meses y costando entre US$10 y US$20 mil. 6- “La salud de los guatemaltecos es nuestra prioridad” … pero se suspenden todos los programas de vacunación, de enfermedades como la rubéola, poliomielitis, tuberculosis, entre muchas. También está suspendida la atención de males crónicos: renales (no hay hemodiálisis), diabetes, hipertensión, cáncer, entre muchas otras. 7- “El confinamiento aplanará la curva de contagios” … quizá de Coronavirus, pero aumentará los contagios de tuberculosis, incrementará la malnutrición y deprimirá los sistemas inmunológicos, además –claro está– de la plaga infausta de carencia de salud mental, suicidios, depresión y ansiedad.

Los médicos a cargo de la salud pública guatemalteca, empezando por el que nunca ejerció y miente sin inmutarse, mostrando alteraciones emocionales erráticas, propias de alguien digno de ser declarado interdicto, quedan pocas dudas que son menos aptos que el Doctor Morales, Economista. Sus recetas, son un fraude y mientras inyectan terror y alarma, logrando confrontar a los guatemaltecos de bien, resquebrajando la economía y el sustento de millones… los verdaderos médicos, quienes están en el campo de batalla, frustrados por la incapacidad material de atender a los enfermos, sin la protección debida y con magros recursos, se resignan a ser héroes silentes, en medio de la pesadilla de un inexistente sistema de salud, rebasado por el caos y ahora cerrado –prácticamente– para todo lo que no sea COVID–19, amenaza que se constituye –desde la viciada y superficial manipulación mediática– “la única causa de muerte”. Es mandatorio, el ministro de Salud, brinde datos de los fallecidos, en la red hospitalaria pública, por otras causas ¿O no los hay?

Existe genocidio social, a las claras y con aplauso de muchos fanáticos amantes del caos y la miseria. El “distanciamiento social”, es una aberración que pretende destruir la inherente naturaleza social de la persona humana; sutil pero gran diferencia, el distanciamiento “físico”. El “social”: disocia, aleja, abstrae y nos convierte en entes egoístas, preocupados solamente de nuestros propios problemas. Se anula –por decreto– la empatía y la solidaridad. ¿Quién quiere esto? Los amantes del totalitarismo que manipulan a millones de ilusos, convenciéndoles que el Estado, les mantendrá, sin trabajar… aun y cuando, se extinga a los contribuyentes y la producción.

Las propuestas de Lenin se están aplicando, vea usted: “La libertad es algo precioso, tan precioso que debe ser racionada cuidadosamente”. “Usaremos a tontos útiles en el frente de batalla. Incitaremos el odio de clases, destruiremos su base moral, la familia y la espiritualidad… el Estado será Dios” ¿Renunciará usted a sus libertades? ¡Piénselo!