Domingo 12 DE Julio DE 2020
Domingo

Enrique Gómez Carrillo: periodismo y crónica en el modernismo

Fecha de publicación: 31-05-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

Enrique Gómez Carrillo (1873-1927) es de los autores más prolíficos de la lengua castellana con 88 libros publicados, sus numerosos prólogos a otras obras y miles de crónicas en periódicos que le valieron el sobrenombre de “El Príncipe de los cronistas”. Es el máximo representante de la crónica modernista que se consolidará después en el reportaje. Introduce también la interviú. Su legado al periodismo español está documentado.

Como paradoja, otro escritor significativo de la lengua también nacido en Guatemala, Augusto Monterroso, es famoso por su escritura breve, sus pocos libros y  por el cuento más corto, el celebérrimo El Dinosaurio.

Gómez Carrillo fue de las cabezas del modernismo hispanoamericano. Su vastísima obra refleja el trabajo incansable y profesional de una mente nacida en una pequeña ciudad de América pero agigantada en las grandes capitales de Francia, España y de todo el continente hispano. Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo fueron las figuras emblemáticas del modernismo, el poeta y  el prosista. Casi como decir “el modernismo”. Augusto Monterroso los llama “grandes limpiadores de establos” y puntualiza: “En su tiempo, la obra de Gómez Carrillo significó en todo el ámbito de nuestro idioma escrito en prosa lo que la revolución de Rubén Darío en el verso”.    

A los 23 años fue elegido miembro de la Academia Española de la Lengua en Madrid y comenzó a significarse en los periódicos y revistas españolas y de Latinoamérica, realizando entrevistas a Oscar Wilde, Augusto Strindberg, Daudet, Zola, Catulo Mendés, Verlaine, Unamuno, y otros. La publicación de su primer libro Esquisses en Madrid en  1892 contribuyó a significar tempranamente su presencia literaria.  Más tarde ponderaron su obra Blasco Ibáñez, Jacinto Benavente, Leopoldo Alas “Clarín” y Benito Pérez Galdós. 

Gómez Carrillo sobresale por su posición de feminista en la época patriarcal que le tocó vivir.  La mujer es tema central en la obra de Gómez Carrillo, intentando posicionar la perspectiva femenina. Su biógrafo Alfonso Enrique Barrientos señala: “Introdujo la mujer en la literatura, la mujer se transforma en fuente de inspiración y en una constante de su obra”.

Su primera esposa, Aurora Cáceres,  fue de las primeras y más destacadas feministas del Perú en la primera mitad de siglo XX. Ella resalta sus vínculos literarios con Carrillo  y el soporte que él le brindara leyendo, comentando, haciendo reseñas de los textos de ella y facilitando contactos con editores.    

Cuando Alejandro Sawa, el célebre literato, escribió en 1910 que Enrique Gómez Carrillo era “El Mago de las letras españolas” estaba expresando la imagen del prodigioso escritor guatemalteco que había conocido en París y a quien le había visto brillar en las conversaciones con Oscar Wilde, Jean Móreas y Paul Verlaine. Pronto sería considerado como el mayor cronista de la lengua española.

¿Qué es la crónica? Es un subgénero característico del movimiento modernista, de una naturaleza híbrida o confluencia del ensayo y la semblanza. Por su brevedad, al formar parte de publicaciones periódicas, no llega a convertirse en ensayo. Pero también por su libertad de abordaje de un tema. Es preciso distinguir la crónica modernista de la historiográfica, o sea la crónica antigua y también las crónicas de Indias que consignaban los hechos de los conquistadores y de la Colonia. 

Gómez Carrillo publica un libro de crónicas sobre Japón en 1912, El Japón heroico y galante y otro sobre Egipto en 1913, La sonrisa de la esfinge. Uno de sus últimos libros de crónicas es sobre Marruecos, Fez, la andaluza, que ha dado motivos a reediciones y a estudios a nivel de doctorado de Karima Hajjaj Ben Ahmed de la Universidad Complutense de Madrid.

Otros libros de sus crónicas de viajes son La Grecia eterna (1908) con prólogo de  Jean Moréas. El encanto de Buenos Aires (1914), La Rusia actual (1906) y Paisajes de Alemania (1905). 

La crónica  se leía en las grandes capitales hispanohablantes: de Madrid a Buenos Aires pasando por México, La Habana, Santiago de Chile, Bogotá, Lima y Montevideo. La crónica tiene estructuras afines al reportaje. De ahí la consolidación de Gómez Carrillo y otros modernistas como escritores profesionales, que se concretó con las regalías pagadas por los grandes diarios españoles El Liberal y ABC y en Latinoamérica La Nación y La Razón en Buenos Aires.

Gómez Carrillo se significó como periodista hasta alcanzar el grado de director de El Liberal entre 1916 y 1917, el diario español más importante de entonces. El escritor español Rafael Cansinos Assens (1882-1964) recuerda una visita a El Liberal donde fue recibido por un dinámico Gómez Carrillo trabajando en mangas de camisa junto a su equipo, entre ellos los redactores estrellas el célebre Leopoldo Bejarano y Larios de Medrano. 

Los aportes de Gómez Carrillo durante la dirección de El Liberal consisten en un ordenamiento diferente del periódico, con la intención de abarcar de una manera estructural tres dimensiones: 1) información 2) Debate, opinión, crítica literaria y artística 3) Entretenimiento y textos de creación literaria. 

Alfonso Enrique Barrientos afirma que “la influencia del escritor guatemalteco en el desarrollo del periodismo español e hispanoamericano ha sido reconocido en la Península y no será omitido en la historia del periodismo español porque fue un innovador”. Leopoldo Bejarano escribirá después de la muerte de Gómez Carrillo:  “…su paso por El Liberal marca una línea divisoria entre la vieja y la nueva prensa”.

Respecto a la entrevista, fue un maestro y pionero de la misma, consolidándola en el periodismo. Desarrolló un concepto propio en su ensayo El culto de la interview,  donde destaca la importancia de no intervenir en la voz del entrevistado y alcanzar la comunicación ideal por medio de la empatía. El escritor Luis Eduardo Rivera afirma: “Sus entrevistas eran retratos sutiles, llenos de observaciones inteligentes sobre estos autores, legendarios en su momento, y que luego publicaba en los grandes rotativos del mundo hispánico; más tarde los reunía en volúmenes que eran editados por firmas españolas”. 

Las innovaciones de Gómez Carrillo incluyeron el reportaje, donde se recalca la importancia de la objetividad desde la perspectiva personal. También el uso de encuestas, siendo de gran impacto la encuesta de “cinco preguntas sobre el modernismo” realizada para El Liberal.

Notables sus crónicas como corresponsal durante la Primera Guerra Mundial, que compiló en obras como Crónicas de guerra (1915), En las trincheras (1916) y En el corazón de la tragedia (1916). Le valieron la legión de honor de Francia y fueron un éxito total de ventas. Dos de estos títulos han sido reeditados por Ediciones del viento, fundada por Javier Reverte, Fernando Savater y Soledad Puértolas.

Gómez Carrillo, ha recalcado el estudioso español Manuel González Martén, fue un fundador y director de revistas, por ejemplo en 1919 la publicación mensual Cosmópolis. Salieron 37 números hasta 1922. Cosmópolis según información de la Hemeroteca Nacional de España llegó a tener un tiraje de 100 mil ejemplares, lo que la convierte en la mayor revista hispanoamericana de su época y de décadas después.

En 1923 publica El misterio de la vida y la muerte de Mata Hari, donde se defiende de las falsas acusaciones y hace una presentación sensacional de los acontecimientos. El libro fue un best seller.

Como crítico desarrolló su teoría de las sensaciones que consiste en priorizar la vivencia subjetiva de las cosas y los hechos. El lector es parte de la obra y el escritor es el que conquista al lector y no lo contrario. Teoría que cristaliza en un libro  luminoso: Sensaciones de París y Madrid (1910). Como novelista escribió Tres novelas inmorales (1898) y El Evangelio del amor (1922).

Enrique Gómez Carrillo, según la académica francesa Claude Viot Murcia en su tesis doctoral sobre el guatemalteco, fue el puente esencial e intermediario entre la cultura y literatura francesa y España e Hispanoamérica. La obra de Carrillo ha sido traducida al francés, alemán, checo, inglés, sueco, italiano, japonés, portugués, rumano y griego.