Lunes 1 DE Junio DE 2020
Domingo

La “Plan-demia” y el Ratoncito Pérez

Fecha de publicación: 17-05-20
Por: César A. García E.

El posicionamiento mental de quedarse en casa… “para preservar la vida”, es un claro embuste en sí mismo, porque asume que nadie muere en casa. Pero es una mentira que repetida mil veces –al mejor estilo del jefe de propaganda Nazi, Goebbels– se convirtió en “realidad”, aceptada por millones de personas. Algunas de ellas, con motivos legítimos de privilegiar su supervivencia –instinto dominante en cualquier especie– pero mucha otra gente, con intereses oscuros ligados a ideologías aún más siniestras que luchan incansablemente por convencernos de una realidad fatal que en realidad no existe… pero van logrando su objetivo, blandiendo “el petate del muerto”, con muchísimo éxito. Hoy en día, de las otras causas de muerte –las mayoritarias– no se habla.

Así las cosas, si me encierro estoy libre de morir y si debo salir para procurar la subsistencia de los míos, pagar sus universidades, alimentos, ejercer mi trabajo del que me he ganado la vida honradamente por cuatro décadas… no solo es probable que muera, sino además me constituyo un homicida culposo, porque me convierto en vector de contagio, de una “enfermedad mortal” que está “diezmando al mundo”. Esta es la falacia que han comprado muchos y mientras tanto… el mundo se cae en pedazos. Se destruyen sueños, colapsan empresas, se pierden empleos, aumenta la miseria y la desesperanza, pero “lo importante” es “hacer caso”, como si fuésemos autómatas solamente condicionados a movernos, de acuerdo con la voluntad de quien nos manipula. Cándidamente se ha llegado a creer que los gobiernos producen riqueza y pueden repartirla indefinidamente, mientras la gente no produce ¿Le suena a tesis populista y socialista? ¡Pues lo es!

En la calle del Arenal, en Madrid, se encuentra una placa, rindiendo honor al personaje ficticio “Ratón Pérez”, creación de Luis Coloma, quien según se dice, escribió el cuento para el niño rey de apenas ocho años, Alfonso XIII. El pequeño había perdido uno de sus dientes de leche y el escritor encontró la forma de consolarlo, escribiéndole aquella historia de todos conocida, en la cual el ratoncito canjea la pieza perdida que a muchos niños afea, por un tiempo, a cambio de una moneda; el intercambio se hace debajo de la almohada y mientras el infante duerme. Esa tradición serviría a muchos padres, para paliar el trauma de la pérdida dental de sus pequeños, lo cual no estaba mal, pues se trataba de una ilusión infantil, creada desde una mentira “piadosa”.

El sistema mundial no visible –el poder real– que orquestó, lo que un conocido creativo denomina “La Plan-Demia”, es obvio busca: 1- Restricción de libertades, 2- Abolición paulatina de propiedad privada, 3- Control total de los habitantes del mundo, 4- Surgimiento de un solo gobierno y una sola religión y 5- Diezmar a la población, especialmente a viejos y pobres. Esta pretensión –lo vengo señalando desde hace muchos años– es favorecida por los personajes más influyentes del mundo noticioso, político, tecnológico y económico y nos llevará a un modelo seudosocialista, estatismo infausto e igualdad en pobreza e ignorancia. Tanto terror priva que pueden ustedes revisar el porcentaje de ocupación hospitalaria privada en el país… la mayoría de tratamientos, operaciones y procedimientos –que no sean emergencia– son postergados para “mejor ocasión” y en lo público, lo único “importante” es el coronavirus; todas las noticias de salud están ligadas a esta enfermedad y pareciera que todas las demás dolencias –verdaderamente mortales– ya no existen. Se decreta –planetariamente– que usted puede morir solamente de Coronavirus y si usted cuida no contagiarse, renunciando a todas sus libertades y derechos, está exento del único evento insoslayable de la existencia… su final.

Es decir, usted le deja bajo la almohada de su sueño, engañosamente “tranquilo, por estar haciendo lo correcto” –según el sistema indica que lo es– sus derechos, su propiedad, su empresa, el abrazo de sus seres amados, su trabajo y su salud mental… a cambio de que una siniestra rata mundial –que emula con astucia al memorable Ratoncito Pérez– le garantice su existencia y salud. ¿Nos están durmiendo o no? ¡Claramente!

Vamos a las cifras duras. El virus ha cobrado en lo que va del año 300 mil vidas e infectado a 4.4 millones de personas. Del total de fallecidos, se oculta –vilmente– las causas reales de la muerte, asociadas a padecimientos crónicos o edad avanzada. Con esa verdad “parcial” que entonces deja de serlo, los guatemaltecos compran la idea de que “estamos mejor que Italia porque aquí hemos hecho mejor las cosas”. La edad promedio de los italianos –45 años– versus los guatemaltecos –20 años–, se excluye del simplista “análisis”, aunque exista clara evidencia de que la enfermedad presenta mayor incidencia de muerte en adultos mayores. ¿Es tendenciosa la comparación entre las muertes probables en Guatemala versus Italia? ¡Por supuesto!

Comparto otras cifras espeluznantes que evidencian la engañosa “Plan-demia” (fuente: worldometers.info): Mientras escribo estas líneas, solamente hoy 14 de mayo a las 12:35, han muerto 84 mil personas y nacieron 201 mil. En lo que va del año –como resultado de que la vida prevalece sobre la muerte– el crecimiento poblacional alcanza casi los treinta millones de personas. También se registran del 1 de enero al 14 de mayo de 2020, casi cinco millones de muertes por enfermedades infecciosas (300 mil, es decir solamente el seis por ciento de estas por Coronavirus). Hoy han muerto –en un solo día– 14 mil personas de hambre alrededor del mundo y 4 millones en lo que va del año… el cierre económico exacerba esta cifra; también murieron hoy tres mil personas por cáncer. Se registran más de cuarenta millones de personas con SIDA y en el año han muerto más de seiscientas mil. Pese a los 15 millones de abortos realizados durante los cuatro meses y medio de 2020, la población sigue creciendo… y esa parece ser la gran preocupación de los gestores de la Plan-demia. Entonces, los esfuerzos mediáticos globales y de la OMS, ¿son provida o promuerte? ¡Piénselo!