Lunes 1 DE Junio DE 2020
Domingo

Feliz cumpleaños AEU

Fecha de publicación: 17-05-20
Por: Manolo Vela Castañeda*

El próximo viernes, 22 de mayo, la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León” cumple cien años.

El momento fundacional de la Asociación, aquel mayo de 1920, estuvo marcado por una serie de movilizaciones en contra del presidente Manuel Estrada Cabrera, que recién había sido derrocado. Aquella fue la penúltima dictadura sanguinaria de nuestra historia, cuyo retrato, en la novela El Señor Presidente, le valió el Premio Nobel de Literatura a Miguel Ángel Asturias.

Ante aquel inicio, cualquiera podría haber vaticinado cómo iba a ser la trayectoria de la organización de estudiantes que estaba siendo fundada: seguiría –irremediablemente– librando batallas contra las injusticias.

Como en una película, desde la asociación se puede ver la historia del país: el ascenso de otra dictadura en 1931, la de Jorge Ubico Castañeda; y su caída en 1944, con la Revolución de Octubre; la contrarrevolución de junio de 1954; y la entrada a los infiernos, con la guerra y las esperanzas de una revolución que terminó en tragedia, genocidio; y, la democracia tutelada por los militares; los acuerdos de paz; la posguerra y los nuevos tiempos del nuevo siglo. El siglo veinte vio emerger la utopía comunista y su antítesis, el anticomunismo; y, después, el paraíso que vendría tras el triunfo de la revolución guevarista, la guerra de guerrillas y la guerra contrarrevolucionaria. Luego vendría el neoliberalismo, que llevó al desmantelamiento del escaso Estado que algún día aquí se construyó. Ahora, tras el fin de esos grandes discursos, lo que queda, a comienzos del siglo veintiuno, es una disputa encarnizada por la democracia. La democracia es ahora el campo de contienda. Ganar esta batalla es lo único que permitirá ir reparando las graves taras sociales que arrastramos.

Pasados cien años, ahora como entonces, en 1920, las elites económicas ponen y quitan presidentes. Les basta sacar la chequera en tiempos de elecciones para meterle plata a unos y a otros candidatos. La condición: que sean inofensivos. Si son corruptos, mejor; si saben gobernar, eso no importa; si tienen equipo, profesionales capaces, eso tampoco importa; si tienen programa, eso es lo de menos. Lo que importa es que estén al llamado, que obedezcan, que se pongan de rodillas. Les apuestan a varios, para ver quién es el que despunta. Esa ha sido la clave desde 1985. Aquel es el mecanismo de poder para preservar la mezcla mortal: no pagar impuestos y pagar salarios de hambre. Para ellos, el Estado es una posibilidad para hacer negocios y nada más. Pasados cien años, qué poco han cambiado las reglas del poder.

A lo largo de estos cien años, generaciones y generaciones de guatemaltecos y guatemaltecas han vivido con la esperanza de ver un mejor país para ellos y para sus hijos. Y han terminado sus vidas sabiendo que ellos no lo verán, que para ellos no fue posible. Seguimos luchando por esa coyuntura mágica que nos lleve a desatar esa pequeña reacción atómica que permita llevar adelante los cambios que el país precisa. A esto no se llegará así porque sí. No habrá concesiones de las elites. Debemos de tomar consciencia de su poderío, de los múltiples recursos de poder con los que cuentan, de la larga trayectoria de éxitos que acumulan.

Pero el dominado también colabora –activa y eficazmente– en su propia dominación. Nos dividimos y hacemos a un lado a unos, porque ni nosotros mismos podemos lidiar con nuestro ego, y a otros les hacemos a un lado porque tememos que su luz pueda opacarnos; ocultamos nuestra falta de praxis política real con los discursos de las grandes utopías que no tienen tácticas razonables; y hay otros que han colaborado abiertamente con los dominadores porque el hambre (y la ambición), son unas hijas de puta. Y así, cualquiera podría pensar que nos merecemos lo que tenemos, pero no, no es así. Y no por nosotros, sino por la gente que espera los cambios que el país necesita.

Para los poderosos de hoy y del mañana los universitarios serán siempre motivo de graves dolores de cabeza ¿cómo se sentirá ver que a pesar de tanta muerte; de las ejecuciones extrajudiciales de tantos estudiantes y dirigentes; de la ocupación del campus central por el Ejército; de los 17 años que la asociación pasó secuestrada (gracias por la recuperación) por una banda de delincuentes, hoy celebramos cien años?

Y lo mejor está por venir. Porque por ser una población que tiene acceso a literatura, ideas, arte, teorías, interpretaciones, formas de expresión, cierta disponibilidad biográfica, espacios para reunirse y hallarse en la ciudad capital, la asociación seguirá jugando un papel importante en las grandes coyunturas que van a definir este nuevo siglo. Universitarios: siéntanse orgullosos de ser parte de esta historia, que es la historia de Ustedes, de todos los que hemos estudiado en la Universidad de San Carlos.

Cuando tuve el honor –entre 1994 y 1996– de estar en aquel pequeño edificio, que es la sede de la Asociación, conmemoramos, con un pequeño afiche, los 75 años. Desde entonces, sabía que aquella era una institución con un legado que, más que por los años, se contabilizaba por un cierto sentido de resistencia, de rebeldía, de dignidad absoluta. Que nosotros no soportábamos quedarnos callados cuando alguna injusticia se estaba dando, que nos afecta el dolor, la miseria, la humillación, el hambre de los otros. Que aceptábamos que teníamos, y seguimos teniendo, un compromiso, una obligación moral, con nuestra época, con el país, con el tiempo que nos tocó vivir. Sabíamos que no teníamos espacio para la desesperanza, porque nada, nunca, está absolutamente perdido. Aquellas son, eso sigo creyendo, las mejores características de esta especie de la que formamos parte.

*Entre 1994 y 1996, Manolo E. Vela Castañeda fue Secretario General de la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León”.