Lunes 1 DE Junio DE 2020
Domingo

El fantasma del miedo

Conforme pasan las semanas, el temor sube de tono. La intranquilidad al salir de casa se vuelve una constante en algunas personas, mientras aumenta el consumo de tranquilizantes.

Fecha de publicación: 17-05-20
Por: Ana Lucía González elperiódico

En las calles de la ciudad, hasta el pasado jueves, estuvieron circulando más automóviles y motocicletas que semanas atrás. Semanas fantasma, como podría llamárseles por su desolado semblante. Los negocios que habían estado cerrados, comenzaron a abrir sus puertas. Al mismo tiempo, como en una realidad paralela, los hospitales se quedaban sin camas, mientras los casos de infectados por COVID-19 se incrementan a un ritmo de sigilo vertiginoso.

Es el día 63 de la cuarentena. Los confirmados hasta el pasado viernes ascendían a 1,518. Hoy habrá varios que se añadirán a la lista. ¿Cien más? ¿Acaso 200? La gente se sumerge en un mar de emociones que se mezclan entre el miedo, la tristeza y la frustración. La incertidumbre nos golpea ante la posibilidad de contagiarnos. Enfrentar un virus que no vemos, nos lleva a sentir desconfianza ante los extraños y a mantener la distancia incluso con los propios: no más besos ni abrazos; prohibido salir sin mascarilla; es preciso lavarnos las manos a conciencia cuantas veces se pueda y resguardarnos en casa sin saber hasta cuándo. Información que aturde con sus millones de infectados y sus más de 300 mil muertos en el mundo. Teorías conspirativas. Tensión, desempleo. Y, como telón de fondo, un virus agresivo y voraz.

A la angustia de estas restricciones, le sigue la prohibición del movernos fuera de ciertos horarios y distancias. Y acto seguido, el drama financiero. El que para miles ha significado perder su empleo o cerrar el negocio, y para muchos otros, la desesperación de salir a las calles a ondear una bandera blanca, por la carencia de no poder llevar comida a casa.

En ese lúgubre contexto, tres psicólogos aportan un diagnóstico sobre el impacto de la pandemia en la salud mental, especialmente en cuanto al miedo. Ese que a muchos les ha quitado horas de sueño y casi toda su paz.

Un mecanismo de defensa

El miedo o temor es una emoción que se basa en un intenso sentimiento provocado por la percepción de un peligro, real o imaginario, presente o futuro. Es una emoción básica, innata, universal y necesaria que nos permite la supervivencia cuando hay un verdadero peligro, de acuerdo con una definición publicada por Europa Press.

Con la pandemia, este sentir es natural en los grupos más vulnerables. Es el caso de Juan, un profesor universitario que está por cumplir 69 años. Su historial médico lo hace proclive a ser un blanco fácil del virus. Además de estar en el grupo de edad más vulnerable, padeció de tuberculosis cuando era pequeño, de adulto fue fumador, y años más tarde padeció de una inflamación pulmonar. “Arrastro con problemas y carencias de alto riesgo y eso me preocupa”, dice.

“Es una emoción primaria, un mecanismo de defensa que nos protege. Es la más imperiosa en este momento, con sus correlativos como la ansiedad y la angustia”, explica el psicólogo Raúl de la Horra. “Y en este contexto de aislamiento, se ha convertido en una situación crónica: uno se levanta y se acuesta con miedo”.

Considera que los niveles de temor están relacionados con los niveles socioeconómicos. “Si tienes cierta protección económica y puedes sobrellevar aislamiento, estás en el territorio de los privilegiados. Pero conforme bajas en la escala social, los riesgos son mayores”, comenta. Algo así como un fantasma, peor que el Cadejo o la Siguanaba.

El síndrome de la cabaña

Lejos de ser una emoción puntual y transitoria, el miedo acecha y se prolonga por semanas, como lo describe Martín Caparrós, columnista del New York Times. Una observación puntual, dice, es que, en este momento, el gran referente, la ciencia, ha estado llena de contradicciones. “Dijeron que los asintomáticos no contagiaban, después que sí contagiaban; que no había que usar mascarillas, después que sí; que los curados no se contagiarían, después que quién sabe…”.  “Queríamos una ciencia infalible, como una religión, pero es lo contrario: la ciencia no está hecha para creer, sino para dudar”, expone.

Para la psiquiatra Lourdes Corado, directora del Departamento de Psicología de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), la gente ha pasado por diferentes etapas de adaptación durante la pandemia. Al principio la experiencia era de incertidumbre, incredulidad en algunos casos, desconcierto y búsqueda de información sobre lo que estaba ocurriendo.

“En algunas consultas, los pacientes mostraron alivio a la presión social que atravesaban. Por ejemplo, dejaron de ver al jefe o al compañero acosador. Pero después esto fue progresando el miedo al contagio, al futuro, a la incertidumbre financiera”, afirma.

Una muestra es el consumo de tranquilizantes. “La cotización de ansiolíticos ha aumentado un 30 por ciento en Chile”, describe el Canal 24 horas.

Están por verse las secuelas psicológicas de esta pandemia, desde el incremento de adicciones, hasta los trastornos mentales que están relacionados con el sueño, la ansiedad, el estrés, las fobias y uno que empieza a ser más común: el síndrome de la cabaña, o la angustia a salir de casa. El espacio donde nos sentimos seguros.

Ana María Jurado, directora del Instituto de Psicología Aplicada (Ipsa), afirma que el trastorno del sueño ha sido reportado con frecuencia por los pacientes. Esto provoca que la persona pase el día cansada e irritable, y en algunos casos con sobrecarga de trabajo doméstico, especialmente si tienen niños. Este cuadro es un caldo de cultivo para que surja la violencia de cualquier tipo, advierte.

Por supuesto, también está otro gran segmento, los que no les importa, sea por ignorancia o porque no quieren entender. “Siguen con una vida normal, en reuniones con los amigos”, destaca la psicóloga.

La fase de aceptación

Tanto la psiquiatra Corado como la psicóloga Jurado, se preparan para volver a sus clínicas, cuidando la distancia social con sus pacientes. En estos días, el Ipsa, de la cual son miembros ambas, ha ofrecido acompañamiento psicológico a grupos de colegas durante la crisis. Algunos médicos también han sido atendidos por el Colegio de Psicólogos de Guatemala.

De la Horra seguirá un tiempo más atendiendo a sus pacientes en línea. Considera que hasta finales de este año tendremos un mapa más claro de esta pandemia y por tanto, podremos racionalizar el control del miedo, debido a que la ciencia quizá tendrá aportes.

“La sociedad está como en el limbo, por la incertidumbre de cuándo termina esto, sumado a un Estado que no protege”, afirma. De manera que el miedo no será contenido precisamente por las instituciones del Estado, las cuales no tienen la capacidad de contrarrestar el temor en la población.

Corado propone una salida desde el plano individual, cuando se aplica el modelo de respuesta emocional al duelo: viene la etapa de aceptación, después las emociones de miedo, culpa, tristeza se calman. “Esto es lo que toca vivir, voy a adaptarme con mis mejores destrezas para que esta experiencia sea una oportunidad de reinventarme”, sugiere.

El retorno a la “nueva normalidad”, como muchos auguran, nos llevará a una vida donde el uso de mascarilla, la desinfección de los zapatos y el lavado de manos se volverá un hábito imprescindible. ¿Y qué queda?, pues resistir, como dice la canción española del Dúo Dinámico que se ha convertido en el himno de esta pandemia: “… cuando se me cierren las salidas y la noche no me deje en paz… resistiré erguida frente a todos, me volveré de hierro para endurecer la piel…”

El aislamiento social y el consumo de drogas

Datos preliminares de una investigación en Uruguay sobre las consecuencias del aislamiento social para contener el COVID-19 muestran que en algunas personas aumentó la frecuencia y cantidad de consumo de drogas, así como un elevado porcentaje de malestar psicológico. La encuesta se llevó a cabo con 1,874 encuestados, con una edad promedio de 31.7 años. Estos fueron los datos generales:

Una de cada cinco personas experimenta altos niveles de malestar psicológico durante el aislamiento.

No se encontró una correlación entre la cantidad de días de aislamiento y los niveles de malestar psicológico.

Una de cada tres personas aumentó el volumen de consumo de la droga que más consumía.

Las personas que experimentan mayores niveles de malestar psicológico son más propensas a sumar nuevas drogas durante el aislamiento.

La gente que hace ejercicio en casa se siente mejor.