Lunes 1 DE Junio DE 2020
Domingo

Petén: el fuego que no perdona

El combate a los incendios forestales en este departamento representa cada temporada un reto mayor. Menos lluvia y más calor se suman a quemas provocadas. Y eso representa una combinación letal que atenta, sin misericordia, contra la Reserva de la Biosfera Maya.

Fecha de publicación: 03-05-20
Por: Ana Lucía González elPeriódico

Tres helicópteros sobrevuelan la selva petenera sobre la línea de fuego y las columnas de humo que se levantan a varios kilómetros de altura. El piloto calcula la distancia para posicionarse y así derramar más de 5 mil galones de agua, mientras las llamas avanzan sin piedad.

En abril recién pasado, el fuego devastó miles de hectáreas en las áreas protegidas de este departamento, pese a que las acciones para su combate se intensificaron en las últimas semanas por aire y tierra.

Los incendios se han convertido en un drama recurrente en la selva petenera, con un saldo anual de miles de hectáreas quemadas.

Entre  estas, el helicóptero de la Fuerza Aérea de Honduras, que acudió a cubrir la emergencia. Durante tres días sobrevoló el área de San Miguel La Palotada, San Andrés, en un incendio que llevaba alrededor de dos semanas activo. Su intervención implicó 20 descargas de 5 mil 200 galones de agua cada una, de la mano con 160 brigadistas de Conap efectúan labores en tierra.

En aldeas como Cruce Dos Aguadas, también en San Andrés, trascendió que el Cocode ordenó evacuar a las familias al salón comunal debido a la magnitud del siniestro.

Hasta el pasado 1 de mayo, en Petén se contabilizaban 122 incendios forestales y 17 no forestales atendidos, según Conred. Es la mayor cantidad si se mide por departamento. Las cifras preliminares estiman que superaron, en menor tiempo, a los del año pasado.

Las áreas más afectadas en la Reserva de Biosfera Maya son las zonas núcleos como: Parque Nacional Laguna del Tigre, Biotopo el Zotz, Parque Nacional Sierra del Lacandón, el Triángulo de Candelaria, Biotopo Laguna del Tigre-Río Escondido y el Biotopo San Miguel La Palotada.

Sin duda, la emergencia sanitaria por el COVID-19 complicó este año la respuesta del Gobierno para poner manos a la obra en las acciones de prevención y control de la temporada de incendios 2020; la cual una vez más dejará una estela de devastación sobre miles de hectáreas en el área protegida más grande de Centroamérica.

Petén es el territorio con mayor cobertura forestal del país y el más azotado por estos desastres, principalmente en los municipios de la zona oeste: San Andrés y La Libertad, los más extensos y alejados. Ante este recurrente drama, autoridades y vecinos demandan políticas de largo plazo que permitan aprovechar el potencial boscoso, así como garantizar la conservación de esta zona privilegiada, sin causar más daños.

El mapa climático

La precipitación pluvial y la temperatura son dos variables clave en el comportamiento de los incendios forestales. Los expertos miden este impacto del 1 de enero hasta el 31 de mayo de cada año, de acuerdo con el Centro de Monitoreo y Evaluación (Cemec) del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) en Petén. Esta unidad provee información técnica para generar acciones de prevención y de control.

Hasta el pasado mes de marzo, Cemec había previsto que las condiciones climáticas en el territorio petenero serían menos severas que el año anterior.

Sin embargo, el informe semanal del 27 de abril de Cemec mostró un escenario “muy negativo”. Este expone que el valor de la lluvia acumulada, de enero hasta abril de 2020, representó menos del 35 por ciento del valor promedio histórico en el mismo periodo entre 2003 y 2019.

Víctor Hugo Ramos, director de Cemec, explica las diferencias. En la temporada del 2019 hubo menos precipitación total, pero estuvo más distribuida a lo largo del tiempo. Este año hubo 30 días de sequía desde principios de abril, combinada con temperaturas diarias de hasta de 40° C. “Son condiciones muy favorables para la propagación de los incendios”, dice.

Los informes de Cemec muestran dos fuentes de datos satelitales para medir puntos de calor: El MODIS es un sensor con una resolución espacial de aproximadamente 1,000 metros. Esta guarda un historial de los últimos 20 años. Y el sensor VIIRS brinda datos con una resolución espacial de 375 metros, pero su historial comprende los últimos cinco años. Como muestra, hasta el 26 de abril, el satélite MODIS registró 3 mil 071 puntos de calor; mientras que el VIIRS detectó 10 mil 321.

Ramos aclara que es muy distinto detectar puntos de calor que incendios forestales. El recuento de daños se hace al final de la temporada, y estos datos no necesariamente coinciden con los de Conred, pues esta institución reporta los casos atendidos, mientras que Cemec se concentra en la totalidad de áreas afectadas. “No todos se combaten, no se tienen los recursos”. Mientras, sugiere no especular sobre la cantidad de superficie quemada. Solo espera que las lluvias vengan pronto, según las previsiones. Pero para eso faltan varios días.

Reacción lenta

Una de las conclusiones del informe de Cemec de esta semana es que la coyuntura por las medidas de control del COVID-19 limitaron las capacidades operativas y de coordinación de las entidades encargadas de la prevención y el control de los incendios. Por tanto, este escenario se considera muy negativo.

Rudel Álvarez, que fungió como gobernador de Petén entre 2008 y 2012, ha sido un crítico de las acciones de las autoridades para combatir los incendios. Su evaluación es que este año la respuesta fue tardía, considerando que las primeras horas son decisivas para controlar las llamas. “Combatir incendios por aire y tierra es fundamental. El presidente Alejandro Giammattei minimizó los daños al principio, pero luego algo lo hizo cambiar”, afirma.

Otro factor importante en esta problemática es la falta de voluntad política. No  se asignan suficientes recursos para planificar y enfrentar la emergencia. “Cada institución aporta de sus partidas ordinarias, pero se carece de un presupuesto fijo para esta emergencia”, comenta.

Sergio Guzmán, gerente de proyecto de Guatecarbon, organización asociada con las comunidades forestales, coincide con Álvarez en que las acciones de respuesta fueron lentas. “Hasta hace una semana se abrió el Centro de Operaciones de Emergencia, y esto debió hacerse hace un mes”, afirma.

Por su parte, Benedicto Lucas, exsecretario Ejecutivo de Conap y consultor, identifica dos momentos clave en esta crisis. Por un lado, una respuesta potente y sólida a nivel de las autoridades superiores. Como muestra, los helicópteros que estuvieron trabajando en combate y monitoreo, que lograron el rápido apoyo del sector privado organizado. Sin embargo, reconoce que la dirección regional de Conap no se movió a una velocidad adecuada desde el inicio. “De lo contrario, tendríamos mejores resultados”, sostiene.

Invasores y Estado ausente

Los expertos estiman que todos los incendios son provocados por el hombre, ya sea por descuido en quemas agrícolas o por mala intención.

También identifican que la mayoría de los puntos de calor -y siniestros- ocurren en el oeste petenero, es decir, en el Parque Laguna del Tigre, en San Andrés, el municipio más grande del país, donde la mayoría del territorio es parte de la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera Maya.

El problema es que en esta zona hay decenas de comunidades invasoras. “Son las responsables de los siniestros, pero no se hace nada al respecto. En cifras conservadoras estimo que son unas 8 mil y 10 mil personas, pero otros datos extremos apuntan hasta números de 50 mil habitantes”, asegura Álvarez.

Guzmán explica que la primera oleada de gente fue pagada por finqueros para botar y quemar el bosque hasta convertirlo en grandes potreros. Por esa razón, los incendios se producen en su mayoría en áreas usurpadas convertidas en pastizales que se queman cada año. La ausencia del Estado se nota desde hace muchos años.

El cambio de uso del suelo es la principal motivación para provocar incendios. Ello, con fines agrícolas o ganaderos, y hasta para facilitar negocios ilícitos mayores, afirma Lucas.

En este proceso, en la época lluviosa, los usurpadores botan, extraen, descreman el bosque y trafican con la madera. Cuando llega la época seca, acumulan todo este material, le prenden fuego y allí es donde se dan los incendios.

Asimismo, Lucas recuerda que en 2015, cuando era Secretario Ejecutivo de Conap, le tocó asistir a un desalojo, en el cual hubo resistencia violenta por parte de los invasores. “No podemos seguir con esta ambivalencia, ciertamente se necesita el desarrollo humano, pero también deben ponerse sobre la balanza los convenios firmados por Guatemala. Estas zonas son patrimonio y el Estado tiene la obligación de proteger la biodiversidad”.

Las sanciones penales por cometer estos siniestros en áreas protegidas se basan en la Ley Forestal. Incluyen una multa equivalente al valor del avalúo que haga el CONAP y prisión de cuatro a doce años. De momento, no se sabe cuántas personas cumplen condena por este delito.

Hasta el pasado 1 de mayo, Conred reportaba 19 incendios forestales activos en Petén. Expertos opinan que la quema de bosque prevalece como una visión de desarrollo, pero hay opciones donde los comunitarios han aprendido a obtener recursos en armonía con la conservación.

El bosque como valor agregado

El informe Deforestación y Políticas Públicas, del Programa Regional de Investigación Prisma (2018), evaluó el impacto de los incendios sobre los bosques y las propuestas para su conservación.

Analizó tres trayectorias: una, donde la quema prevalece como visión de desarrollo. Otra, la de conservación inconclusa y surgimiento de redes ilícitas. Y una tercera: la del modelo de concesiones forestales que ha demostrado una incidencia de fuegos 16 veces menor en comparación con otras zonas núcleo. Esto debido a las acciones de protección de los grupos comunitarios.

Desde el lado climático, Ramos considera que los incendios se han convertido en un problema endémico en la región. A este escenario debe considerarse el cambio climático, en el que cada vez nos enfrentaremos a eventos más graves: menos lluvia y más calor, una combinación letal.

Rudel Álvarez resalta la necesidad de que se haga prevalecer la Ley de Áreas Protegidas. Esta dice claramente que no se permite la actividad humana en las zonas núcleo de la RBM, y que en las zonas de amortiguamiento solo deben darse actividades en armonía con la conservación del medio ambiente. “No palma, no ganadería, no agricultura intensiva”, asevera.

Guzmán demuestra la ausencia de puntos de calor, y por tanto de incendios, en las zonas que se rigen por el modelo forestal concesionario. “No necesitamos carta de presentación. La gente cuida y protege este territorio, porque les genera beneficios sociales y económicos”, asegura. Por ello, una de las sugerencias es ampliar las concesiones forestales en el oeste petenero. Pero, de momento, recomienda fortalecer la gobernabilidad y que las sanciones penales sean más severas.

Benedicto Lucas recuerda que el modelo de concesiones forestales, ubicado en el centro y este de Petén fue un acierto del Estado a través de políticas públicas, con el apoyo de la cooperación. “No se organizaron solos”.

En cuanto a las soluciones, estas son diversas. En el lado oeste, el más complejo, tiene algunas áreas potenciales que podrían aprovecharse para generar bonos de carbono. Para lograrlo, considera que se puede trabajar con el 30 por ciento de los comunitarios de esta zona. “Las instituciones los conocen y sabemos con quiénes se pueden firmar acuerdos. En cambio, el 66 por ciento de ellos sí debería ser expulsado de este territorio por el Estado”.

En el lado este, identifica al menos cinco polígonos en la zona de usos múltiples que pueden concesionarse, quizás no con la misma cantidad de maderas preciosas, pero sí con otras especies comerciales valiosas.

Muy lejos quedaron los días en que la selva petenera era ese territorio verde e inmenso en donde los exploradores se abrían paso a golpes de machete. Ahora, se ha convertido en muchos terrenos de pastizales y ganado. Todavía es posible la conservación de este pulmón verde, pero solo si se logra armonizar la visión de desarrollo y biodiversidad.