Domingo 5 DE Abril DE 2020
Domingo

Campaña electoral de EE. UU. versus el coronavirus

Mientras la economía estadounidense va hacia una fuerte recesión y el miedo está en el aire, Trump se prepara para un rival más: el COVID-19

Fecha de publicación: 22-03-20
Por: AFP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está cada vez más seguro de que Joe Biden será su rival demócrata en las elecciones de noviembre, pero el coronavirus ya es el oponente más peligroso, haciendo tambalear su campaña y arrojando dudas sobre toda la competencia.

Hace poco más de un par de semanas, Trump estaba tranquilo, al menos según los tumultuosos estándares de su presidencia. El mercado de valores estaba en auge. Los demócratas estaban divididos. Los actos de campaña en pos de la reelección, donde el mandatario hablaba frente a 15 mil personas, se sucedían en todo el país, noche tras noche.

Hoy, Estados Unidos es irreconocible.

La economía se encamina a una fuerte recesión, los mercados están en caída libre y el miedo, en lugar del optimismo de Trump, está en el aire.

Las campañas electorales también han cambiado radicalmente, especialmente para Trump, que ha tenido que olvidarse de los mítines multitudinarios.

Biden, por su parte, ha surgido inesperadamente a la cabeza de la contienda demócrata. Y la crisis del coronavirus, en todo caso, lo está ayudando. El ex vicepresidente de Barack Obama, que participó en la respuesta al brote de Ébola y fue clave para abordar la crisis financiera de 2008, tiene las credenciales para presentarse como la figura firme y mesurada que se requiere ahora.

“El próximo presidente tendrá que salvar nuestra reputación, reconstruir la confianza en nuestro liderazgo y movilizar a nuestro país y nuestros aliados para enfrentar rápidamente nuevos desafíos, como futuras pandemias. Necesitamos un líder que esté listo desde el primer día”, tuiteó el miércoles.

Guerra al virus

Trump, por el contrario, ha sido ampliamente acusado de generar confusión con su ambigua respuesta inicial al nuevo coronavirus. Durante semanas, casi bromeó descartando los riesgos, señalando con frecuencia que la gripe común mata a miles al año sin provocar emergencias nacionales. Más allá de los mensajes, Trump fue criticado por la falta de kits de prueba para detectar la enfermedad y una grave escasez en equipamiento médico, como tapabocas y respiradores.

Más recientemente, su insistencia en denominar el nuevo coronavirus como el “virus chino” ha generado polémica. El brote surgió efectivamente en China, pero al usar esa expresión el presidente ha sido acusado de promover el mismo acoso racial del que ya fue criticado antes con respecto a las personas de América Latina.

Ante los crecientes reportes negativos sobre su gestión, Trump cambió el tono esta semana. Anunció un imponente paquete de rescate económico estimado en 1.3 billones de dólares y definió toda la catástrofe como una guerra en la que él es el general.

“Un presidente de tiempos de guerra”: así se definió a sí mismo Trump el miércoles.

“Cada generación de estadounidenses ha sido llamada a hacer sacrificios por el bien de la nación”, dijo, invocando la Segunda Guerra Mundial.

“Vamos a derrotar al enemigo invisible”, afirmó. “Será una victoria completa”.

¿Suerte?

El patriotismo y los mensajes sobre triunfos devuelven a Trump a su zona de confort. Es el tono que lo ayudó a ser elegido en 2016 y que llenaba sus mítines de reelección.

Su cierre de las fronteras de Estados Unidos con Europa, China, Canadá y otros lugares es parte de la estrategia ampliamente compartida en todo el mundo de tratar de detener la propagación del virus. Para Trump, estas medidas se enmarcan fácilmente en la narrativa de Estados Unidos como una fortaleza, o de “Estados Unidos primero”, un mensaje que ha enviado a su base en los últimos cuatro años.

Pero lo que realmente podría decidir la batalla por la Casa Blanca en noviembre no es solo cómo se vence al virus, sino cuándo.

Si las cosas mejoran para mitad de año, Trump tendría tiempo para cantar victoria, y esperar una rápida recuperación de la economía. Si tuviera mucha suerte, esto teóricamente podría crear una oleada de percepciones positivas sobre su mandato.

Pero si no tiene suerte, la recesión económica podría no irse tan fácilmente, o el virus podría incluso volver hacia fin de año, antes de las elecciones del 3 de noviembre.

Trump claramente mantiene los dedos cruzados.

“Va a explotar”, predijo sobre la actividad económica acumulada una vez que el virus desaparezca.

“Un día, estaremos de pie, posiblemente bien alto, y diremos: ‘Bueno, ganamos’”.

“Tan seguro como que ustedes están ahí sentados, vamos a decir eso. Y vamos a ganar, y creo que vamos a ganar más rápido de lo que la gente piensa”, afirmó en rueda de prensa en la Casa Blanca.

“Espero”, agregó.

60%


de los estadounidenses tienen poca o ninguna confianza en las declaraciones de Trump sobre la crisis según una encuesta de NPR/PBS/Marist publicada el martes pasado.