Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Domingo

Política y democracia en el Istmo

Fecha de publicación: 16-02-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

Dos acontecimientos recientes en Centroamérica deben llamar la atención sobre los peligros del autoritarismo. Bukele en El Salvador lo demostró suprimiendo por unas horas el sistema de independencia de poderes. Lo hizo en el mismo camino del peruano Fujimori en el siglo pasado, o del fracasado intento de Serrano en Guatemala. Resulta una paradoja que Bukele, asumiéndose antes como millennial, haya retrocedido con esta acción anticonstitucional a la época decimonónica, imitando al dictador liberal Gerardo Barrios que suprimió de hecho el poder Legislativo arrogándose enormes potestades que le permitieron un poder omnímodo, en nombre del progreso. 

Mientras tanto en Guatemala el Congreso, maniobrando su propia Agenda, aprobó una ley de ONGs a todas luces antidemocrática y sin cuerpo legal en la Constitución. Se critica sobre todo la intención velada de criminalización de la protesta social. 

Además de la democracia representativa existe otra dimensión: los procesos de participación, comúnmente llamados democracia participativa. La democracia participativa corresponde a una dinámica no solo de mecánica electoral, sino se trata del involucramiento de amplios sectores ciudadanos en la sociedad civil. Otra forma de pobreza es la incapacidad de los ciudadanos de influir sobre las decisiones que les atañen, incluyendo la asignación de recursos. De ahí que la sociedad civil tenga un campo grande y necesario. Entendemos por sociedad civil, todas aquellas organizaciones no gubernamentales ni religiosas, separadas de la esfera empresarial y de los partidos políticos.

Los sucesos en Guatemala y El Salvador, que no solo coinciden en el tiempo sino en la esencia antidemocrática y autoritaria, obligan no solo a rechazarlos sino a reflexionar sobre el déficit democrático del Istmo. 

El país más alejado de la democracia es Honduras. Las últimas elecciones mostraron las grandes fallas del sistema. También que es uno de los Estados menos transparentes del mundo, según la organización Transparencia Internacional que ubica al país hondureño en el lugar 145 entre 170. O sea de los lugares más opacos y corruptos del planeta. El gobierno fraudulento de JO Hernández se ha caracterizado por el aumento de la corrupción y la gestión ineficiente. También por la represión contra el movimiento social y popular, por ejemplo el asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres.

Tenemos de todas maneras gobiernos electos en todos los países centroamericanos. Un escenario político diferente a las dictaduras de juntas o de caudillos militares, que privaron durante toda la segunda parte del siglo pasado, con la excepción de Costa Rica que ha tenido una tradición democrática prolongada. Sin embargo Costa Rica ha retrocedido en varios aspectos sociales, por ejemplo ha aumentado la pobreza y observadores señalan una creciente militarización de la Policía. A finales de año pasado fueron reprimidas manifestaciones de estudiantes universitarios en San José que protestaban por el recorte presupuestario a la educación pública y a la cultura, lo que generó duras críticas desde la sociedad civil, personalidades y partidos de oposición.

América Central no está libre de las gestiones abiertamente autoritarias. En Nicaragua el régimen de Daniel Ortega se ha alejado demasiado de lo que se entiende por un verdadero sistema democrático. La censura de prensa es una realidad lamentable, para no hablar de la represión sangrienta y las violaciones de los derechos humanos que costaron en las protestas del año pasado cientos de vidas. 

El Istmo es una las regiones más pobres del continente. La pobreza tiene una extensión superlativa entre la población rural de Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras. La monoproducción de agroproductos de exportación, por ejemplo el café, caracterizó antes la economía, con la existencia paralela de los enclaves bananeros y la ostensible dependencia económica y política hacia los Estados Unidos. Centroamérica se convirtió en el llamado “patio trasero” y en “Repúblicas Bananeras”. Estados Unidos durante la Guerra Fría consideró geopolíticamente el área como estratégica e invirtió en recursos militares. 

La tendencia histórica de los agroproductos y de las materias primas de devaluarse respecto de los productos industriales, ha sido una cruda realidad en el área. Con impactos perturbadores en el campo social. Al mismo tiempo que el crecimiento de la población ha convertido a la agricultura no industrializada en una vía imposible para el desarrollo justo y sostenible. La migración forzada se ha disparado en el área con sus nefastas consecuencias sociales.

Centroamérica tiene democracias representativas pero el desarrollo económico sigue estando ausente. La pobreza ha aumentado y de acuerdo con los estándares del Banco Mundial y de la OMS, el área socialmente se ha deteriorado. La paradoja consiste entonces en tener gobiernos electos que no impulsan políticas democráticas.

La crisis política centroamericana se podría entender como crisis de representatividad. La democracia se ha desgastado debido a que no ha logrado suministrar los satisfactores sociales esperados. Incluso se comienza a aplicar el concepto de “Estado fracasado”, donde la democracia no ha logrado concretar los derechos sociales. Sin olvidar los fraudes electorales como en Honduras y Nicaragua. O la corrupción rampante y enemiga principal del desarrollo. Baste recordar al expresidente guatemalteco Jimmy Morales y su campaña pro impunidad y de combate a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala –CICIG–. Asimismo los casos de los expresidentes salvadoreños Saca, Flores o Funes, procesados, perseguidos o condenados por corrupción. Panamá es considerado por Transparencia Internacional como un país con alta corrupción. Desde el descubrimiento de los célebres “Papeles de Panamá” se han venido revelando las altas dosis de lavado internacional de dinero. El exmandatario Juan Carlos Varela fue denunciado por los delitos de blanqueo de capitales. 

También sobresalen las conexiones de la política con el narcotráfico, por ejemplo el expresidenciable guatemalteco Mario Estrada condenado en Estados Unidos o José Antonio Hernández alias Tony, hermano del presidente de Honduras, condenado y señalado de haber recibido dinero del Chapo Guzmán que habría servido para la campaña presidencial de su hermano JO.

De todas maneras debe verse como positivo que dentro de estos regímenes electos se hayan iniciado procesos anticorrupción que han logrado desmantelar estructuras criminales incrustadas en los Estados y condenar a funcionarios y políticos implicados, incluyendo a algunos exmandatarios, diputados y otros 

funcionarios.

Una cuestión fundamental es la materia sobre lo que suministra la democracia. ¿Qué se recibe de vuelta? Si la democracia suministra salud, educación, seguridad y empleo, entonces un país se habrá desarrollado y la democracia habrá cumplido su cometido. 

La gente centroamericana desea cambios y que sucedan pronto. Se anhela el desarrollo. La pobreza es el enemigo mayor de la democracia en la región y sigue habiendo carencias en la democracia participativa. La criminalidad organizada, narcotráfico y maras, han aumentado hasta grados que hacen pensar en estados de ingobernabilidad, al mismo tiempo que más del diez por ciento de la población centroamericana ha emigrado a los Estados Unidos (muchos como ilegales) desde donde envían las remesas que permiten la supervivencia, en especial en El Salvador y Guatemala. 

El modelo de economía agrícola de subsistencia combinado con el de plantación ha entrado en definitiva crisis y sus contradicciones parecen a corto plazo insolubles sin realizar cambios estructurales, como la tenencia de la tierra, el combate a la corrupción y una reforma fiscal. Se suma negativamente la debilidad institucional y la creciente fragilidad del Estado de derecho en varios países centroamericanos. El peligro del autoritarismo se presenta como una nube gris en los cielos del Istmo. Centroamérica es una unidad geopolítica y la inestabilidad política puede con facilidad impactar en las economías nacionales y regionales.