Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Domingo

Hora de dejar el Podio

Fecha de publicación: 16-02-20
Por: César A. García E.

Presidente Giammattei: Logré creer en sus buenas intenciones, como escribí antes y a partir de su encendido y fluido discurso te toma de posesión. No creo que exista un buen guatemalteco que quiera que usted fracase, al contrario, Guatemala no se puede dar el lujo de seguir a la deriva, y usted –usando sus propias palabras– “no quiere ser recordado, como otro hijo de p… más” (tomado de su discurso en Flores Costa Cuca, en mayo 2019).

Entiendo el tal apelativo, por usted usado, para referirse los malos gobernantes, no se refiere a las progenitoras que lucran con la lujuria, sino –justamente– a sus malas acciones que hacen de Guatemala el país de la miseria, la injusticia y la sangre… y de sus políticos, la raza más despreciable, siempre apoyados en el cinismo y populismo, capitalizando así, la ignorancia y candidez de, por lo menos, la mitad de los guatemaltecos. Ojo: La falacia de que “todos somos responsables de la condición del país” es inmoral, porque el sistema está diseñado –estrictamente– para el ejercicio del poder por parte de los amorales, blandengues o títeres, mientras que muchos guatemaltecos –como borregos– pagamos impuestos y sostenemos con nuestro esfuerzo a personajes que –como usted ahora– ejercen el poder y comúnmente han traicionado al pueblo, solazándose en su nueva vida llena de apetitos satisfechos, nepotismo y servilismo a los poderes fácticos y reales.

A un mes de haber tomado el poder, se supone que, con plan de gobierno y equipo idóneo, elegido sesudamente, para servir al país y no para servirse de éste… lo veo perdido en sus promesas que, lejos de empezar a cumplir, multiplica de acuerdo a su auditorio, con un ansia de cámara no poco común, en los presidentes bananeros y con quebradizos cimientos de demagogia. Su gabinete, no se nota, parece no existir; exceptuando el canciller que se encargó de robar cámara en los primeros días de su nombramiento, el resto es prácticamente desconocido para sus votantes y permanecen –medrosos– bajo su sombra. Usted explica, desde la instalación de una máquina expropiada a la corrupta, hasta cuántos carros paran en los operativos de prevención de la delincuencia, causantes de innumerables embotellamientos… como si eso fuese lo que necesitara la población honrada.

Da la impresión presidente que ha optado, malamente, por caminar dos pasos atrás del “showman” Bukele y replica sus anhelos de figurar en todas partes; eso no es lo que necesita este país urgido de cambios radicales. Se ha constituido –dese cuenta– en “vocero de la presidencia”, “relacionista público”, “ministro de todo”, “jefe de la policía”, “gobernador”, “negociador de tratados transfronterizos”, “Director de Aeronáutica”, “Director de Presidios”, etcétera. Esa necesidad suya de protagonismo será la principal enemiga para concretar un gobierno contundente que haga la diferencia… será la responsable de no lograr el éxito que Guatemala necesita, para avanzar, aunque sea dos pasitos.

Usted debiera ser la persona más ocupada del gobierno, pero dedicándose a presidir el Ejecutivo, imponer la hoja de ruta –basada en la moral y el compromiso con sus votantes– y pedir resultados a sus ministros y secretarios, todo ello con el apoyo irrestricto del vicepresidente, quien tiene –como Usted– sus funciones constitucionales, claramente definidas. Aspiraríamos –quienes queremos que Guatemala avance– que su tiempo fuese digno de mejores causas que el discurso mediático… la hora del podio ya pasó, salvo de que, deba comunicar al país decisiones trascendentes, pero no cualquier nimiedad.

Si usted quiere atacar la desnutrición crónica infantil –que es el problema principal de Guatemala– pues hágalo sin más demora, implementando un modelo de educación a la madre, salubridad y asistencia alimentaria urgente… no hay que inventar la rueda, ya está inventada y solo es menester rodarla. La desnutrición crónica no es “un problema”, entre muchos, es “el problema” que genera –todos los días– la pérdida de cerebros de un millón de niños menores de cinco años y generaciones enteras de gente con magra inteligencia, presa fácil del populismo.

Si usted desea vindicar la noble profesión magisterial, en lugar de hablar, destituya al cáncer Acevedo y dé pasos en firme, por el bien de nuestros niños y su futuro. Si usted quiere prestigiar el servicio diplomático, purgue a todos los impresentables y corruptos que han vivido de éste sin trabajar… y no nos explique que “es muy caro hacerlo”. Si usted quiere que se acaben las extorsiones desde las cárceles, no haga requisas de celulares, sino obligue a las compañías de telefonía, que coloquen bloqueadores que funcionen, con la amenaza clara de que no poder seguir operando si son facilitadoras del crimen y del derramamiento de sangre inocente. Si su voluntad es optimizar el gasto público, no hable de miles de plazas fantasmas, sino concrete despidos de quienes cobraron cheques sin trabajar e inicie las acciones para que paguen por su latrocinio. Si en realidad sabe que muchas de las ONG están plagadas de corrupción y han servido para financiar a corruptos, divulgue los nombres de los responsables y fomente su persecución penal.

Estoy seguro, presidente que, si sus ruedas de prensa fuesen para anunciar estas –acciones– contundentes y valientes, los honrados nos pondríamos de pie y aplaudiríamos… pero inaugurar chorritos nunca ha sido ni suficiente ni decente. Con todo respeto le pido, envístase de la seriedad que su cargo amerita y póngase a trabajar, porque el tiempo es corto. Nuestro país es el Titanic que se dirige al iceberg; es el Hindenburg que estallará en un incendio siniestro, es el avión acrobático de Red Bull que se estrelló, después de una pirueta mal calculada… no hay tiempo para show, solo para tomar medidas urgentes e importantes. Ello quita el argumento –de todos sus antecesores– de que “el tiempo no alcanza”. Si quiere dejar legado, no hay tiempo que perder; usted luchó muchos años para lograr ser presidente… ahora le toca serlo. ¡Piénselo!