Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Domingo

Guatemala frente al espejo

Sociedad de Plumas

Fecha de publicación: 16-02-20
Por: María Isabel Carrascosa

Pensar en el derecho como un producto de flujos y contraflujos políticos, económicos y culturales es, para muchos, un concepto disruptivo. Esto se debe a que desde el siglo 19 hemos construido un vínculo casi indiscutible entre el Estado nación y el derecho. Cuando la única fuente del derecho es el Estado empezamos a cerrarnos a la realidad, y el derecho deja de serlo y se convierte en legislación nacional. 

La ventaja más grande de ver al derecho como producto de otras ciencias sociales y no un fin en sí mismo es que poco tiene que ver con la idea de un Estado nacional. Le dejamos de ver desde la óptica de las banderas y lo empezamos a entender desde sus instituciones, desde lo que funciona y no desde el poder público de un organismo Legislativo. 

El derecho comparado se dedica a estudiar los trasplantes, los procesos de unificación y armonización, así como procesos de hibridación normativa. Quienes estudian legislación y no derecho, son reacios a voltear a ver lo que están haciendo los demás. Muchos sustentan este rechazo con base en la supuesta originalidad de cada país, y el argumento corre de la siguiente manera: país A es tan excepcional que no es viable compararlo con B. Otros detractores del derecho comparado se fundamentan en la supuesta soberanía nacional, que se confronta constantemente ante un mundo que es eminentemente global. 

Razón tienen en alegar que las normas al moverse de un país a otro necesariamente sufren cambios, y en ese sentido no podemos pretender que mediante normas jurídicas cambiemos una sociedad. Si fuera así, por ley Guatemala sería el mejor país para vivir. Lo que también es cierto es que el derecho comparado no pretende ser una metodología de copy paste; lo que busca el derecho comparado es un análisis profundo del derecho interno mediante el espejo de otros. Solo comparándonos vamos a poder comprendernos.

Y en ese ejercicio contemplativo vamos a poder establecer a quién nos queremos parecer, a qué modelos de sistema jurídico queremos acercarnos. Rafael La Porta escribió a finales de la década de los noventa un ensayo llamado: “Ley y Finanzas, porqué el origen legal importa”. En este análisis se llega a la conclusión de que las instituciones legales del derecho anglosajón son más afines al desarrollo económico y a la creatividad en tiempos de bonanza. A partir de este y otros estudios se han creado agendas de competitividad que generan guías para que los Estados vayan incorporando normativa comercial unificada y armonizada, de tal manera que sea más fácil hacer negocios entre personas de diferentes países. 

En ese mismo sentido, los Estados ya no crean regulación nacional con respecto a seguridad industrial o inocuidad de alimentos. Estos reglamentos deben de ser el resultado de la validación de científicos de todas partes del mundo y no el antojo de un 

legislador o burócrata nacional. 

El derecho comparado entonces es la medida que podemos utilizar para ver dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir. No es la obligación de seguir agendas internacionales, es el ejercicio de ver afuera para entender lo que estamos haciendo adentro. 

Dado lo anterior es importante que empecemos a revisar, cuando aprobamos legislación o regulación nacional, si el modelo que estamos adoptando responde a nuestras aspiraciones o por el contrario adoptar ese tipo de normativa nos pone en un lugar menos favorable.