Sábado 19 DE Septiembre DE 2020
Domingo

UNE, un nuevo partido para las batallas por la democracia

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Fecha de publicación: 09-02-20
Por: Manolo Vela Castañeda

Hay órdenes de captura ejecutadas de forma efectiva, y que son celebradas, porque están –eso supone uno– a favor de la causa de la justicia. Pero al amanecer de aquel lunes 2 de septiembre de 2019, hubo otros que celebraban la captura de Sandra Torres, la excandidata a la Presidencia del partido UNE, Unidad Nacional de la Esperanza. Quizá si la captura se hubiera gestionado al mediodía o, mejor, al final de la tarde, hubiera dado para destapar varias botellas de champán en la “prisión” Mariscal Zavala. Nada de Malagueña, de Dom Pérignon Rosé para arriba. Pero empezar a tomar a primera hora del día es un gusto reservado para los estómagos tallados en piedra, y a eso aún no han llegado los señorones de la mafia que se hallan en aquel “centro carcelario”. 

Al llegar al Zavala, la ex primera dama fue recibida por Gustavo Alejos, el mítico “Señor de la chequera” [https://bit.ly/2S3mT83]. Coincidentemente, el exsecretario privado estaba acondicionando –para uso de él– un departamento privado en aquel “centro carcelario”, que no dudó un momento en poner a disposición de Torres. 

Y así, durante aquel día, sin quererlo, la acción de la justicia llevó a la excandidata a los brazos de uno de los capos del crimen organizado que, –por la variedad de recursos de poder con los que cuenta– debería de ser catalogado como de altísimo riesgo. Pero no, como si aquí no pasara nada, él hace y deshace a su antojo en aquella “prisión”. Y con Sandra Torres llegaban, eso pensaba Alejos, nada menos que 52 diputados. Aquel lunes, si Gustavo usara bigote, seguro se los hubiera relamido. 

Pero la ida al Zavala fue una especie de paseo para Torres que, ahora, ha vuelto a disfrutar de lo acogedor de su residencia. Una jueza aceptó su traslado a un sanatorio, donde “el Señor de la chequera” tiene sus intereses; y otra resolvió que ella podría guardar –desde su casa– prisión preventiva. 

Pero como favor con favor se paga, desde aquel septiembre, Torres empezó a mover sus piezas adentro de la bancada de la UNE para alinearla a favor de la agenda legislativa del pacto de corruptos. ¿De qué leyes se trata aquí? Cambios al código de procedimientos penales para eliminar la prisión preventiva; la ley de aceptación de cargos; la ley para el establecimiento de la comisión anti-CICIG; y, la aprobación del presupuesto 2020. Aquel fue el inicio de una ruptura anunciada. 

Después de la tregua por las fiestas de diciembre –todos, los políticos inclusive, porqué no, tienen derecho de ir a la playa e intentar ver noches verdaderamente estrelladas– vendría la batalla decisiva: la Junta Directiva del Congreso. Ya para aquel momento los bandos estaban claros: del grupo parlamentario de la UNE, compuesto por 52 diputados, seis se habían torcido y habían decidido apoyar a la excandidata. La razón: Q100 mil convicciones antes de la votación; y otras Q100 mil convicciones para después, cuando el acto se hubiera consumado. Los señores lograron venderse como agua de mayo porque sin esos votos la alianza encabezada por el partido del presidente Giammattei perdía la mayoría, y recordemos que sin mayoría en el Congreso es muy difícil gobernar el país. Pero, además de las Q200 mil convicciones, a estos diputados les aseguraron que, a cambio de su voto, recibirían obras de infraestructura que serían gestionadas por las estructuras del gobierno del presidente Giammattei, quien, para sellar el trato, se reunió con ellos. 

No es que Gustavo Alejos sea un tipo al que le guste meterse en problemas, no pensemos mal. Sucede que así es como toda la vida ha hecho negocios: financiando políticos para tener el control de los puertos y las aduanas, para hacerse con millonarios contratos, para que el Estado le compre medicina cara, para que el Estado contrate a sus constructoras. Se fue el presidente Morales y Gustavo sigue ahí, ahora, con Giammattei, que digo ofreciéndole, dándole los votos que se necesitan para controlar el Congreso. ¿Qué costo tendrán tan importantes favores? 

Y la batalla sigue, en las semanas que vienen, para que las fuerzas de la corrupción se hagan con las cortes. Y ¿qué va pasar? que los operadores de los carteles del narco, a través del partido UCN; el sector empresarial; el partido del presidente Giammattei; lo que quedó de FCN, el partido del expresidente Morales; la bancada de Gustavo Alejos, compuesta por el partido Todos, más, ahora, los desertores de la UNE, y otros más; se repartirán las posiciones de la Corte Suprema de Justicia y de las cortes de Apelaciones. Todos tendrán sus magistrados, esos que están al llamado, la justicia de los patrones. De esa forma, la justicia quedará, cuatro años más, en manos de la mafia. Con ello se confirmará que la democracia guatemalteca es un barco rumbo al despeñadero. 

Más allá de la elección de las cortes, que está a las puertas, quienes en enero pasado se hicieron con la mayoría en el Congreso son un peligro para la institucionalidad democrática. Al menor descuido pueden manipular una votación en el pleno para introducir cambios a leyes decisivas. Dos en concreto: extinción de dominio; y, secreto bancario. Aquellos son dos aguijones de los que les urge deshacerse. 

 

***

Pero la batalla seguirá, adentro de la UNE. De la mano del Señor de la chequera, la excandidata está dispuesta a pelear por el control del partido, que, eso cree ella, como si fuera su televisor, una maceta, o una mascota, le pertenece. 

Aquella es una oportunidad para que el partido, haciendo a un lado el liderazgo de Torres, y los diputados que se han alineado con ella, logre dar un giro, y se coloque del lado de las batallas a favor de la democracia y la justicia social. 

Guatemala necesita un partido de oposición que: 

1) apueste por la dignificación de la política, para que esta logre conciliar la relación con los ciudadanos, recuperar la esperanza de que sigue siendo posible mejorar la vida de las guatemaltecas y los guatemaltecos que vendrán, que es posible salir del atolladero en el que las fuerzas de la derecha conservadora y las mafias nos han llevado; 

2) consolide una estructura territorial densa, capaz no solo de competir, sino también, de pelear por el poder; 

3) presente un programa en el que se integren las preocupaciones de la gente, a favor de las grandes reformas sociales que atiendan las graves desigualdades que enfrentamos; y, 

4) presente un liderazgo en el que se combinen la experiencia y la juventud. 

La crisis dentro de la UNE pone a prueba las posibilidades de que las fuerzas progresistas puedan construir una mayoría para las elecciones de 2023. La batalla ya empezó. 

La UNE, y el nuevo liderazgo que emerja de esta crisis, tienen la posibilidad –extraordinaria– de escribir una nueva página en la historia de la democracia guatemalteca.