Domingo 12 DE Julio DE 2020
Domingo

Para mi Piky

Fecha de publicación: 09-02-20
Por: César A. García E.

Hoy es un día importante, lleno de gratos recuerdos, de ilusiones imborrables, de nervios que provocaron… no durmiera la noche antes. Me bañaba apresurado; tenía lista mi ropa, para asistir a una cita, con una desconocida que yo aguardaba, hacía años. Me había comprado un saco, para aquella ocasión que, ella ni notaría, ni tampoco lo esperaba, ni le causaba ilusión. Me acicalé en cuanto pude, puse música en el carro… que ni siquiera escuché y finalmente llegué a la cita tan ansiada, con aquella mujercita, tan querida y añorada. 

Me quitaron el “tacuche”, me hicieron lavar las manos, me pusieron un gorrito y yo seguía instrucciones… ciegamente y asustado. Escenario: inesperado; Entorno: limpio, inquietante; Actividad: a no poder; Actores: Pues los doctores, enfermeras y ayudantes. Allí estaba yo parado, viendo ocurrir el milagro, esperando a mi pequeña con la sonrisa en los labios. El proceso fue abrumante, grandioso y gratificante. Corrí a tomarla en mis brazos, a contarle sus deditos, a revisar sus orejas y ver que “todo viniera” perfectamente enterito. 

Me ha tocado criar tres hijos; dos varones, y a mi “hijita” … hoy cumple veinticuatro años, no sentí el andar del tiempo, ni me ha propiciado agravios. Recuerdo perfectamente, el día de su nacimiento; ya conocía mi voz, sabía de mis cariños, de mis frases y aspavientos. Era entonces un muchacho, pero ya con alma vieja… llena de preocupaciones, experiencias y ambiciones; ocupado y atareado, afanoso e impetuoso. Ese día hice una pausa, para poder saborear… lo verdadero y glorioso. Y es que los hijos son mágicos y las hijas son las magas… nos derriten con abrazos, con preguntas y apapachos. Demandan –sin inmutarse– la protección imperiosa, compran sin tener razón y son celosas guardianas… de nuestro amor y tesón. 

Verla nacer fue genial; era enorme y era fuerte, cambió mucho de mi historia, ella fue determinante, atrevida y hasta, a veces –como su padre– arrogante. Se paró sobre sus pies… a los meses de nacer; no ha parado de dar pasos… para avanzar y crecer. Hoy la veo realizada, buscando sus propios sueños, considerando a los otros, convertida en un ser humano, sencillamente genial; decidida y sensible, comprensiva algunas veces y por ratos irritable –porque lo marcan sus genes– pero siempre… vertical. 

Será pronto una pediatra y podrá ser el consuelo, de padres muy preocupados, o de amorosos abuelos. Su visión no es el dinero y eso me parece hermoso, es ayudar a los otros, su corazón es de carne… es frágil y generoso. ¿Qué más puedo pedir yo, ante el privilegio pleno, de ver a mis hijos rectos, buscándose la existencia, con hidalguía y decencia? Nada. ¡Piénselo!