Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Domingo

Dos grandes mentecatos

Fecha de publicación: 26-01-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

¿Será cierto que los pueblos tienen el gobierno o las autoridades que se merecen? Ya no es un asunto de simple vergüenza ajena, sino un escarnio nacional. Se trata de la mal llamada “pelea del siglo” que se realizará en este mes de enero entre dos conocidos mentecatos, que resultan ser ambos alcaldes de sus respectivas ciudades. La atención prestada en diferentes medios y en las redes sociales a esta bochornosa pelea de gallitos a destiempo dice mucho de nuestra carencia de verdadera cultura política. Se desnuda una vez el país de esencia patriarcal y violenta.

El desafiarse a un match de boxeo llamaría primero a reír, pero encierra también una miseria política: el nivel de gamberros callejeros de la clase política guatemalteca. Una manera de desvirtuar la praxis política, de desviar la atención a problemáticas serias y al final la construcción de un escenario cómico que emula aquello de “pan y circo” para la plebe de los antiguos romanos, aunque en este caso guatemalteco puro circo pues el pan no se ve por ninguna parte.

Tanto Esduin Jerson Javier Javier alias Tres quiebres como Neto Bran, representan la más absoluta pobreza de ideas y de capacidad operativa, algo que han sustituido con un populismo de baja estofa que apela a los sentimientos machistas de los guatemaltecos y a la ignorancia y cretinización masiva.

Un sistema democrático es un mecanismo social de toma de decisiones. Lo anterior funciona siempre y cuando haya una cultura democrática. Lamentablemente es lo que nos falta. Los ciudadanos votan por mentecatos y nos recuerdan la frase del asesinado cantautor Facundo Cabral: “Los pendejos me preocupan porque son muchos y son peligrosos porque al ser mayoría eligen hasta al Presidente”. En este caso a dos alcaldes. 

Sarcasmo aparte no puede endilgarse al ridículo perfil de los candidatos mentecatos toda la culpa de que el sistema esté fallando. Hace rato la política en Guatemala dejó de ser un deber de ciudadanía de prioridad cívica y la clase política se sustituye una a otra con perfiles e intenciones abominables: corrupción en primer lugar, lo que incluye tráfico de influencias, nepotismo, lavado de dinero, narcotráfico y contratos con el Estado y con las municipalidades dentro de un marco ilícito.

Se trata en realidad del hundimiento de la democracia. También de la credibilidad de las instituciones. No lejos tenemos la deslegitimación del Congreso con la pasada y nefasta legislatura y desde luego la fallida y corrupta gestión de Jimmy Morales, todos metidos en el llamado Pacto de Corruptos.  Dentro de la clase política hay de todo, además de la ralea narcisista y de los mafiosos hasta la médula, una buena cantidad de gánsteres, también hay exkaibiles prepotentes e ignorantes, hoy algunos prófugos de la justicia como el gritón Galdámez y Puñalito Ovalle.   

En una visión objetiva del país resaltan los rasgos bárbaros de la corrupción, el saqueo de los recursos naturales renovables y no renovables, el robo del patrimonio y la destrucción del mismo. Las alcaldías tampoco se salvan de la ola de ilícitos.

¿Cuándo se nos fue el país al despeñadero? Todos los indicadores de desarrollo humano muestran claramente las serias deficiencias sociales: la desnutrición, la educación en franca caída libre, inseguridad, violencia brutal de género, linchamientos, infancia afectada, desempleo. Con la firma de la Paz en 1996 se hizo una apuesta histórica por la resolución de nuestras deficiencias. Políticamente se construiría un Estado democrático, no uno cooptado por las mafias, controlado por la elite económica más poderosa y monopólica, estructurado en una base autoritaria con fuerzas de seguridad plegadas. La apuesta por la paz no ha triunfado sino en cambio la preeminencia de los poderes ocultos que manejan el Estado con fines aviesos. Están logrando lamentablemente la consolidación estructural de la impunidad, así también asegurando la proliferación de la pobreza al lado de la concentración de la riqueza en pocas manos. La clase media se ha  empobrecido y no entiende lo que pasa y lo que debería hacer. El pequeño y mediano empresario sufre la competencia desleal del oligopolio sin escrúpulos. 

Tres quiebres y Neto Bran son dos representantes arquetípicos de la debacle. Solo el apodo vulgar del alcalde de Ipala lo dice todo. Se acostumbra decir que el chabacano apelativo proviene de los tres intentos de asesinato que ha sufrido. También se dice que durante años no ha permitido la presencia de antagonistas políticos reales en Ipala. Tres quiebres sobresalió como amigo de Jimmy Morales. Esduin Jerson Javier Javier fue mencionado por  contactos con el crimen organizado durante la presentación del informe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Informe de Financiamiento Ilícito de los Partidos Políticos y ha sido Contratista del Estado. En 2014 el Ministerio Público lo investigó por tener supuestos vínculos con el narcotráfico y se decía en varios medios que había ocupado el lugar de Juancho León, vinculado con el Cartel del Golfo. Acorde a la revista Nómada el alcalde de Ipala fue denunciado por la Intendencia de Verificación Especial (IVE) por el manejo en sus cuentas de más de US$300 mil, los cuales declaró, eran remesas enviadas por sus socios desde Estados Unidos, en donde trabajó como obrero de la construcción. Pero un hecho lo hizo viral en las redes sociales y fue el defecar entre matorrales y filmarse así mismo diciendo que demostraba la voluntad que tenía y era una crítica a los “señoritos” de ahora. A pesar de lo anterior, Tres quiebres tuvo el 74 por ciento de los votos emitidos en las elecciones pasadas, aproximadamente 6 mil votos. 

Por su parte, Neto Bran ha sido mediático y escandaloso. Ha usado disfraces y efectos espectaculares, “echando pulsos” y cantando con karaoke. Pero lo que políticamente lo ha caracterizado es su transfuguismo, cambiando de partido varias veces y siempre con objetivos electoralistas. Fue candidato del PAN,  ahora dirigido por un diputado oscuro y parte del Pacto de Corruptos, luego pasó al Partido Unionista, después al Movimiento Reformador y en la última elección fue candidato de Todos, dirigido nada menos que por el desacreditado diputado Felipe Alejos, al que se le ha endilgado en los medios sociales y de prensa de ser uno de los líderes del llamado Pacto de Corruptos.

En el plano operativo Neto Bran no ha sobresalido. Al contrario su gestión ha sido mediocre y cuestionada por la Contraloría. Dejó, por ejemplo, en el año de 2016 de pagar las cuotas de los empleados de su comuna al IGSS. Medios de prensa señalan que ha permitido un abierto nepotismo, colocando a 38 familiares en trabajos en la Municipalidad de Mixco.  

Neto Bran parece tener una obsesión  narcisista con su imagen. Por ejemplo se le criticó el año pasado por la manipulación con Photoshop de una fotografía suya con la cintura reducida al máxima para dar la impresión de un cuerpo súper entrenado. Busca publicidad a como dé lugar. Realiza actos no convencionales y uno de esos es la “pelea del siglo” contra su colega de Ipala Tres quiebres.

Sin embargo, y pese a no haber demostrado capacidad de gestión ni operativa la ciudadanía de Mixco lo reeligió con una gran mayoría. Neto Bran obtuvo un categórico triunfo electoral, logrando la reelección con un poco más del 50 por ciento de los votos emitidos, es decir casi 90 mil votos, superando al segundo lugar con una ventaja superior al 41 por ciento, lo que lo convirtió en la historia de Mixco en el candidato a alcalde más votado.

De nuevo: cada pueblo tiene el gobierno que se merece. ¿Pero merecemos esto? Guatemala está necesitando de una conducta moral clara y distinta que diferencie lo que es correcto de lo que no lo es sobre la base de la sinceridad y la verdad. Se trata no solo de corrupción pecuniaria o de lavado de dinero o coimas, sino también una deleznable corrupción moral. Guatemala merece, y es tiempo, librarse de corruptos, narcisistas y estafadores. Podemos, si la ciudadanía despierta como en 2015,  tener en un plazo razonable un país mejor, un país decente y humano.