Martes 25 DE Febrero DE 2020
Domingo

A su manera

Fecha de publicación: 19-01-20
Por: César A. García E.

Con desagrado y desesperanza, por el triunfo de un evidente pacto espurio en el “nuevo” legislativo, empecé a ver el acto de toma de posesión presidencial, como parte de una extensión a la sesión “solemne” del impresentable Congreso de la República que incluyó la “vindicación” vergonzosa de varios sindicados de corrupción y gente sin finiquito; a estas alturas a nadie le importa la opacidad del proceso electoral y las triquiñuelas consentidas por quienes manejan el circo triste, al que llamamos democracia. 

Sufrí observando el pavoneo de ominosos –por seriamente cuestionados– al frente de los poderes Legislativo y Judicial, y en el rol de maestro de ceremonias, por haberse enquistado, en medio de escándalos, estratagemas y cinismo, el innombrable y repulsivo primer secretario, quien otrora fue visto –por muchos “pensantes”– como héroe de la patria y defensor de la “soberanía” que no existe, junto a prófugos “próceres” de fanáticos. La “calidad de la melcocha” que llenaba el Teatro, se notaba a leguas y fue como un bofetada y escupitajo, en el rostro de los sumisos contribuyentes… un prolegómeno –simplemente– nauseabundo. 

Llegó el “plato fuerte” y después de escuchar las pintorescas melodías elegidas, por los nuevos jefes del Ejecutivo, para adornar su ingreso, vino –finalmente– el turno del nuevo presidente. Su emoción era obvia y mediante un enjundioso discurso, digno de aplauso… tocó cada uno de los temas importantes que hacen de nuestro país, la tierra fértil, para la ignorancia, injusticia, marginación, pudrición y el rezago, generando todo tipo de incentivos perversos, para los honrados. Su descripción fue realista y advirtió con frontalidad a los corruptos, delincuentes, saqueadores y criminales que sería intolerante con lo anómalo; paradójicamente, muchos de los del escenario pertenecen a esos grupos. Algunos aplaudieron con entusiasmo y otros no, la mayoría –creo– aceptaron como palabras sin consecuencias, la emotiva alocución, bien preparada, con matices, llamados a la unidad y fervor por la patria. 

Quise creer cada palabra, pensé que, si el nuevo presidente cumpliera con el 20 por ciento de lo que está ofreciendo, Guatemala avanzaría notablemente. Al hablar de educación, si tan solo tuviese los arrestos de destituir a Joviel y el MP la dignidad de perseguirlo por sus atrocidades, nuestros niños empezarían a tener esperanza real. Si tuviese la voluntad de aclarar, cuántas plazas fantasmas tiene el ministerio de Salud, si se animara a explicitar las miles de plazas fantasmas en Cosa Pública, si purgara a las amantes y compadres que pululan en Secretarías, direcciones de departamento y jefaturas de sección, podría convertirse en un hombre admirable y digno de confianza… pues con el discurso no alcanza. 

Ambos electos me parecen buena gente; no voté por ellos ni por nadie en las pasadas elecciones. No lo hice porque fueron obvias las anomalías a lo largo de la contienda y luego el manipuleo de resultados, porque no creo en esta farsa de democracia, encabezada por un TSE lleno de vicios y obviamente manejado por una mano siniestra; porque me duele mantener a una clase parasitaria, creciente y desvergonzada, porque detesto que se desprecie la vida humana y se sacrifiquen –en vida y siempre– a un millón de niños menores de cinco años que pierden su cerebro, mientras marranos se hartan; porque repudio el retorcer la ley, de acuerdo a ideologías oportunistas de gentuza que nunca ha sido capaz de ganarse la vida honradamente y menos de generar un solo empleo… porque esos pillos representan el cáncer de la sociedad y la decadencia.

Me pareció atinado el jurar sobre la Santa Biblia, porque soy creyente y creo que el guatemalteco –en general– también teme y clama a Dios a diario, en medio de sus angustias, carencias y temores; ello es aprovechado por religiosos falsarios que han sabido –invariablemente– orar por gobernantes, mientras atienden las directrices del diablo y se enriquecen impunemente, validando el sistema y alienando a la gente. 

Logré creer en las buenas intenciones de Alejandro y Guillermo… aunque no de momento, no presuman de compañías lo suficientemente fuertes, para sacar adelante semejante empresa y al contrario, muestran un equipo bastante frágil e improvisado. Están sitiados, rodeados por malvivientes, demagogos, oportunistas y traidores que, al menor intento de querer hacer cambios serios y extirpar realmente la corrupción, intentarán serrucharles el piso… entonces sabremos de qué están hechos. Fueron el resultado –al final de cuentas– de un sistema circense que no corresponde a la voluntad popular, sino a las directrices de la anónima y cruel “junta directiva” que ha manejado el país –siempre– a su sabor y antojo, ésta integrada por los poderes fácticos. 

“My Way” fue la canción elegida por el electo. Podría uno juzgar de deprimente, ver entrar al nuevo presidente con el sentimiento de que “el final se acerca ya y lo aceptará serenamente”, también podría decepcionar que, “jamás tuvo un amor que para él fuera importante…” etcétera, pero quiero, verle el lado positivo a la selección musical y augurarle éxitos al presidente, siempre que “a su manera” signifique: 1- Ostentar el poder real y desligarse de la rosca de siempre. 2- Estar dispuesto a ofrendar su vida por un cambio profundo de sistema, extirpando frontalmente, toda la corrupción que al Ejecutivo corresponda. 3- No negociar con un Congreso apestoso y llegar a las últimas consecuencias, denunciando pública y sistemáticamente las presiones de las que sea objeto por cualquier malviviente. 4- Rodeándose de gente que le recuerde –a diario– no es “un dios”, sino un ser humano falible y necesitado de consejo incómodo… que siempre es el franco. 5- Busque en Dios la sabiduría y no sea Él, en su boca, un elemento barato de su discurso, para seguir engatusando ilusos que, cada día son más pobres. Todos queremos que tenga éxito presidente, Guatemala colapsará con su fracaso ¡Piénselo!