Domingo 5 DE Abril DE 2020
Domingo

2020, pasado y viabilidad del futuro

Fecha de publicación: 05-01-20
Por: Jaime Barrios Carrillo

Comenzamos el año en medio de incertidumbres. Resaltamos la difusa definición del perfil de gobierno de Alejandro Giammattei. ¿Hará la diferencia o será más de lo mismo? Llega al poder después de haber obtenido solo el 12 por ciento en la primera vuelta, derrotando después a Sandra Torres con amplio marginal pero en un marco de abstencionismo, más el voto nulo y el blanco, lo que no le confieren una legitimidad de mayoría considerable. La pregunta es: ¿Lo comprenderá el nuevo mandatario? Deberá hacer esfuerzos por legitimarse mediante alianzas y diálogo. Buscar el consenso y la unidad nacional. ¿Será capaz? 

¿Cómo se comportará el nuevo Congreso? ¿Habrá un contraste significativo con la saliente legislatura? La peor de la era democrática, caracterizada por corrupción, tráfico de influencias e ineficiencia legislativa. El Pacto de Corruptos ha sido peligroso para la democracia y el desarrollo del país. Guatemala no aguantaría otros cuatro años de ultraderecha, autoritarismo y corrupción. 

Un pensador mexicano decía que en nuestros países el pasado siempre está siempre presente. ¿Será cierto que no se avanza en la construcción de un tejido social solidario y vigoroso? Hace un siglo, en el lejano 1920, el príncipe sueco Wilhelm realizó una visita a Guatemala. Dentro de sus muchas observaciones, consignadas en su libro Entre dos continentes, afirmaba: 

“…aunque la República en lo formal es democrática, domina no obstante una marcada diferencia de clases. Las viejas familias criollas, tienen una educación que desde una perspectiva europea puede considerarse débil. Sin embargo, en comparación al resto de la población, viven en un nivel enormemente superior, teniendo la base de su riqueza en la tenencia de la tierra”.

Más adelante apuntaba el príncipe sueco: 

“Por toda la administración corre un hilo rojo de corrupción. Los funcionarios subordinados exigen tributos a sus propios subordinados…los administradores de correos roban en el correo y la policía se hace de las multas en los juicios policiales. En general puede decirse que todos actúan para quedarse con la mayor cantidad posible del prójimo”.

Nuestra pregunta: ¿habrá cambiado lo anterior o seguimos siendo un país de corruptos, como lo encontró el príncipe escandinavo en 1920? No podemos dejar de citar una observación más de este personaje de la nobleza sueca:

“…no se darán grandes progresos en el país antes que los hombres que lo dirigen limpien la vieja y deficiente organización social. La corrupción pararse, la educación orientarse por caminos correctos y el vicio del aguardiente erradicarse antes que pueda lograrse orden alguno en la República. Solo entonces podrá Guatemala reclamar el liderazgo entre sus vecinos del istmo, un lugar que le corresponde legítimamente a causa de su extensión y la magnitud de su población”.

Siguen siendo válidas las palabras del príncipe, porque en Guatemala la organización social es todavía excluyente, asimétrica e injusta. La corrupción contribuye a la ineficacia y a la no ejecución total de las obras que pueden a veces ni siquiera iniciarse, aún después de que los dineros del erario público han sido entregados. Hoy casi un siglo después nos preguntamos si han cambiado radicalmente las estructuras sociales desde la época del dictador Estrada Cabrera. Si hubiese sido un guatemalteco, que en 1980, o en 1990 y aún actualmente, el que hubiera escrito o dicho lo que expresó el príncipe sueco en 1920, hubiera sido acusado con seguridad de comunista por la cavernaria ideología anticomunista, dominante aún en el país.

En el siglo XXI hemos tenido gobiernos dentro del sistema de democracia representativa. Pero el período ha sido de más pobreza, violencia e inseguridad, extorsiones, corrupción y narcotráfico. La democracia no ha suministrado los satisfactores esperados por grandes sectores de la población. Valga repetir que la pobreza no surgió hace cuatro años. La inseguridad tampoco. La situación actual ha llevado a la migración masiva. 

Un informe de la agencia norteamericana USAID-AID, indicaba que hace pocos años cerca de 1.2 millones de niños, niñas y adolescentes guatemaltecos, entre los cinco y los 18 años, no estaban dentro del sistema escolar, lo cual representaba el 26.5 por ciento de la población de esa edad. La situación no ha mejorado. UNICEF por su parte hacía público hace un lustro, en 2015, que la inversión estatal a la niñez y adolescencia era de cinco quetzales diarios por infante y adolescente, menos de un dólar al día, lo que resultaba insuficiente. La Organización Internacional del Trabajo, refirió hace una década que en el país laboraban 800 mil menores de edad en malas condiciones. Nada desde entonces ha mejorado, sino lo contrario, se han dado muchas alarmas sobre la infancia guatemalteca: la desnutrición es de las más altas de Latinoamérica, la mortalidad infantil solo superada por Haití. 

Las mujeres son otro grupo social vulnerable. El 8 de marzo del segundo año de gobierno de Jimmy Morales, día internacional de la mujer, sucedió un femicidio grupal execrable en el país: 43 niñas muertas en el Hogar Seguro, caso en que se presumió la responsabilidad directa del presidente y en el que en todo caso no puede negarse la responsabilidad directa del Estado. 

Por todo lo anterior, Guatemala tiene que cambiar a profundidad. La pobreza debe disminuir hasta desaparecer. Esta es una visión justa y humanitaria. Una nueva política debe también suplantar a la vieja clase de políticos corruptos e irresponsables. No habrá democracia sobre la base de la corrupción estructural. Se ha avanzado gracias a la eficacia y valentía de los fiscales y los jueces. Pero hay nubarrones negros. La bestia está viva y la lucha continuará en el 2020.

La clase política en su conjunto se ha caracterizado por ser carente de programas. Diputados en compraventa permanente. Alcaldes corruptos. Narcotráfico y no hay una vigilancia eficaz en las fronteras. El gobierno saliente con sus signos catastróficos ha creado muchas sombras y casi ninguna luz. Sus improvisaciones y su falta de equipos eficientes fueron palmarios. Nadie, si se quiere ser políticamente responsable, desea el fracaso de un gobierno y menos en el caso casi desesperado de Guatemala. Pero lo mostrado fue muy poco y negativo. 

Lo más grave ha sido la falta de transparencia. Nunca como antes un gobierno hizo tanto caso omiso de los mecanismos de licitación y control. Los escándalos de corrupción han sido grandes y serios. Y aquí otra promesa electoral incumplida. El combate a la CICIG pareció haber sido la mayor preocupación de Jimmy Morales durante sus lamentables cuatro años. El 85 por ciento de los guatemaltecos rechaza su gestión. Nos deja un triángulo fatal:

1) Hay más inseguridad y violencia, en especial contra la mujer. 

2) La corrupción se ha extendido. La falta de transparencia ha superado todos los límites, por ejemplo en Acuerdo del Tercer País Seguro. También el tráfico de influencias, los nombramientos de amigos del gobierno en importantes puestos diplomáticos, carreteras mal construidas, cárceles sin control y deje de contar que faltaría mucho. 

3) La desnutrición infantil sigue siendo galopante en Guatemala y la seguridad alimentaria por los suelos. 

Urgen cambios. Al corto plazo resulta imposible satisfacer las grandes y generalizadas necesidades. Pero no cabe duda que la sociedad guatemalteca tiene que cambiar. El futuro del país se ha vuelto cada vez inviable. 

Los desafíos resultan grandes y complejos, con un gobierno saliente que solo demostró ineficiencia y absoluta falta de voluntad para combatir la corrupción, haciendo todo lo contrario. De ahí que combatir la corrupción y disminuirla resulta ahora una necesidad histórica para salir del subdesarrollo. Del pasado hay que aprender para no seguir repitiéndolo. De lo contrario el camino a un futuro mejor seguirá siendo tortuoso. 

No podemos concluir en que no hay soluciones. Guatemala merece avanzar a una situación mejor, de bienestar, de solidaridad, de justicia y seguridad. No hay nada que perder, solo las cadenas que atan al pasado, a la injusticia y a la impunidad. Es el momento de las grandes coincidencias, es decir el esfuerzo aunado de todos los guatemaltecos que quieren cambiar para bien a su país.