Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Domingo

El cambio climático requiere de cambios

Fecha de publicación: 01-12-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

El ecosistema global presupone soluciones globales y colaboración internacional. Cada vez más la conciencia ecológica se expande y se demandan cambios para contrarrestar los cambios climáticos y ante todo el recalentamiento global. 

A finales de octubre, debido a las multitudinarias manifestaciones y protestas en Chile, el gobierno de ese país decidió suspender la realización de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático (COP 25) en Santiago. Chile se había ofrecido cuando el antiecológico presidente de Brasil Jair Bolsonaro había renunciado a que Brasil fuera sede de la conferencia, aduciendo dudosas razones presupuestarias. Pero es bien sabido que Bolsonaro es un frenético opositor de los convenios internacionales sobre cambio climático y preservación de los ecosistemas, en especial el llamado Acuerdo de París. Sus declaraciones sobre el tema ecológico han rayado en el paroxismo, como cuando culpó a las organizaciones ambientalistas de los terribles incendios en la selva amazónica. Una absurda acusación que fue rechazada nacional como internacionalmente. 

Bolsonaro ha recibido enormes críticas por esta falsa acusación, sobre todo teniendo en cuenta sus expresadas intenciones durante la campaña electoral de que facilitaría la explotación forestal del Amazonas. El mandatario brasileño no ha estado en contra de la implantación de ganado en la región, que significa deforestación. Además, ha tenido expresiones racistas y agresivas contra los grupos indígenas y pueblos originarios que han habitado milenariamente y en armonía la región amazónica. Por si fuera poco, no demostró iniciativa ni dinamismo frente a la reacción mundial y a los ofrecimientos de ayuda. En cambio, expresó desatinados cantos por la soberanía para rechazar la ayuda europea, calificándola de ser un nuevo colonialismo.

La salud de las selvas amazónicas, y los bosques húmedos tropicales en otras partes del mundo, es un asunto global, pues atañe al ecosistema planetario, demasiado expuesto ya al efecto invernadero, la contaminación de las aguas y el calentamiento global. Se trata de los pulmones del planeta. 

La organización World Wildlife Fund (WWF) le ha venido tomando el pulso al ecosistema de la Tierra, en base de llamada huella ecológica que consiste en medir por hectárea cuánto consume cada habitante en relación a lo que la Tierra reproduce. La huella ecológica mide el impacto sobre la biosfera. Entre 1970 y 2003 se ha triplicado. El dióxido de carbono, por el uso de combustibles fósiles, es el componente de crecimiento más rápido de la huella mundial, al aumentar en más de nueve veces de 1961 a 2003. Tenemos sin duda un déficit ecológico muy peligroso.

Pese al consumo creciente, medido en promedios generales, resulta una paradoja que la pobreza no haya sido eliminada en el mundo. Las estadísticas muestran un mundo de niños desnutridos y regiones con hambruna. Millones de personas no tienen techo ni condiciones mínimas de existencia, viviendo con menos de dos dólares diarios. Mientras en los países ricos se consume de sobra y se botan recursos consumibles, incluso alimentos que podrían dárseles a los hambrientos.

La base del modo actual de producción es el consumo ascendente y sin límites. Lo que significa evitar el reciclaje y combatir la conciencia ecológica. El consumo mundial, asimétrico, está devorando el planeta y nos encontramos ante el dilema de cambiar el estilo de vida o continuar hacia la catástrofe. Los cambios climáticos, las inundaciones y las sequías prolongadas son signos de que algo grave está pasando. Según cálculos del World Wildlife Fund (WWF), en el año 2050 se necesitaría de dos planetas idénticos a la Tierra para mantener el nivel creciente de consumo.

Los países más industrializados, con Estados Unidos a la cabeza, están acabando los recursos naturales. La era del automóvil ha rebasado la capacidad de desgaste del planeta. Demasiados gases crean fallas irreparables al corto plazo en el ecosistema, como el conocido “efecto invernadero” que conduce a la destrucción del ozono y la protección natural contra la radiación solar. Lo que suena a una película de ficción está en las puertas de concertarse en catástrofes ecológicas, que incluyen inundaciones, derretimientos de glaciares, incendios y sequías prolongadas. Es decir, la distopía vuelta realidad.

Incluso los países no industrializados y pobres están contribuyendo negativamente a la destrucción de la naturaleza. De nuevo se constata que la llamada huella ecológica no se limita a ser mayor en los países posindustriales, sino que regiones menos desarrolladas también contribuyen negativamente. Es el caso de países pequeños como Guatemala donde casi todos los ríos, corrientes fluviales y lagos están contaminados. Petén lo están deshaciendo pedazo a pedazo, sin que nadie pueda detener la horda de termitas. Mucha palma africana y narcoganado en lugar de preservar los bosques naturales y la selva tropical húmeda. 

En Guatemala también arden las selvas y los bosques, no debido a los calores excesivos sino por la mano humana. La deforestación del país es escandalosa y parece no ser posible detenerla o controlarla en un mar de corrupción gubernamental e ineficacia institucional, combinada con los planes de explotación económica de empresas privadas y transnacionales. Guatemala es un país de vocación forestal que está viviendo una destrucción acelerada de sus bosques. Esta tragedia forestal, salvaje y amplia y sin reforestación ni control, llevará a una desertización futura de varias regiones del país. A nivel institucional el pomposo Ministerio del Ambiente ha sido un rotundo fracaso. Mucho ruido y pocas nueces. Planes enunciados con retórica sin raíz en la realidad, es decir realizables. Mientras tanto las selvas ardiendo, los bosques exterminados. 

Cabe empero ponderar la labor de organizaciones de la sociedad civil, que han luchado por preservar el medioambiente y por la defensa de los territorios. Haciendo conciencia mediante proyectos de capacitación e información. Es el caso del colectivo “Madre Selva” que se propone “alcanzar una vida digna en armonía con la naturaleza, impulsando modelos sostenibles de desarrollo que no comprometan el bienestar de las generaciones actuales y futuras”. 

La gran conferencia climática se realizará en Madrid entre el dos y el trece de diciembre. La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático. Se discutirá y profundizará sobre la necesidad imperiosa de controlar más el consumo salvaje, limitar el plástico, desarrollar los modelos y métodos de reciclaje y controlar el uso de combustibles fósiles que producen el óxido de carbono que lleva al llamado efecto invernadero, causa del recalentamiento global ya plenamente comprobado y solo negado en las mentes más febriles del fundamentalismo de mercado y líderes poderosos que como Trump y Bolsonaro se han constituido en apoyo del negacionismo y se han vuelto facilitadores de la destrucción ecológica.

Mucho se espera de los resultados de este acontecimiento mundial. No es para menos. Las alarmas de los científicos en todo el mundo son unánimes: si seguimos destruyendo el ozono y contaminando el planeta las consecuencias serán a corto plazo funestas para la humanidad. El problema, repetimos, es global porque es también global el recalentamiento. Son globales los derretimientos de glaciares. Todos vivimos en el mismo planeta, que está resintiendo la acción humana que a la larga se puede poner a la misma humanidad en gravísimos problemas de sobrevivencia.

Es sin duda en la juventud donde reside gran parte de la esperanza. La adolescente Greta Thunberg es hoy un símbolo de la juventud comprometida con la salud del planeta y la preservación del medioambiente. Su nombre, y ella misma, recorre el mundo llevando este mensaje. Greta no viaja en avión para no dañar el medioambiente. Por eso se desplazó en un velero cruzando el Atlántico con destino a Nueva York, a la sede de Naciones Unidas, donde fue recibida como una heroína. Greta es en la actualidad un modelo que muchos jóvenes siguen en las cuatro esquinas del planeta.