Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Domingo

El clamor de Colombia

Fecha de publicación: 24-11-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

El 21 de noviembre será recordado como la concreción ciudadana del malestar social en Colombia. El Paro Nacional, llamado ahora 21N,  se desarrolló en todo el país, sobre todo en las principales ciudades. Colombia es por definición un país más urbano que rural. Acorde a fuentes gubernamentales se movilizaron 207,000 personas mientras los organizadores hablan de más de un millón de personas. En todo caso, la movilización y las protestas tuvieron una cobertura nacional y las fotografías y otra documentación visual muestran lo masivo y multitudinario del Paro.

En Colombia no faltaron elementos vandálicos y hubo algunos disturbios y enfrentamientos en zonas de Bogotá y en especial en la ciudad de Cali. Pero en una panorámica general el Paro Nacional en Colombia fue un impresionante muestra del  poder ciudadano dentro de una organización pacífica.

Cuando las noticias de la realización del Paro Nacional alcanzó las esferas oficiales y se hizo conocer por los medios, surgieron señalamientos agresivos de que se trataba de una nueva maniobra de la izquierda inconforme, difundiéndose los rumores de que sería una acción apoyada por el mandatario venezolano Nicolás Maduro, por el Foro de Sao Paulo y hasta por Cuba. Pero estas galimatías de trasnochado anticomunismo no tuvieron eco en Colombia, ya nadie se las cree. 

El Paro Nacional ha sido un producto de muchos sectores, algunos ni siquiera afines entre sí. Notable es también el retroceso del desacreditado gobierno de Duque, tiene muy pocas simpatías y apoyo según las encuestas. Duque ahora y ante el éxito masivo del Paro ha afirmado que «han hablado los colombianos y los estamos escuchando». Lo que recuerda las excusas pedidas por el presidente Piñera y el gran paso atrás del mandatario ecuatoriano Lenin Moreno ante las protestas de los grupos y organizaciones indígenas. También es oportuno señalar que el Congreso chileno acaba de decidir un aumento del 50 por ciento para las pensiones más bajas, como una medida urgente derivada de las protestas que ya alcanzan la sexta semana en el país andino.

Estamos viviendo una época con grandes movilizaciones sociales de protesta. No solo en Colombia y Latinoamérica (Bolivia, Chile, Nicaragua, Ecuador, Haití, Puerto Rico) sino en muchas partes del mundo: Irak, Irán, Líbano, Hong Kong. Se habla del fenómeno internacional del «contagio», fundamentado en la facilidad con que la información se maneja ahora a nivel internacional. No solo los medios tradicionales sino sobre todo los llamados «medios sociales» en todas sus formas, Facebook, Instagram, Twitter y otros,  juegan un papel de difusión rapidísima. De ahí la inspiración, el «contagio», la imitación, etcétera. Y en este panorama de expectativas y acciones, ha tenido la juventud un papel participativo primordial.

Más allá de la eficacia de los medios y canales electrónicos de comunicación, cabe preguntarse cuál ha sido la esencia de todas estas protestas. En Colombia encontramos una respuesta que confirma lo que se ha señalado para otros países. Se recalca el hartazgo de la ciudadanía con los magros resultados de las gestiones políticas. La clase política gobernante está siendo abierta y profundamente cuestionada en todas partes. Los colombianos, como los chilenos o los libaneses, están hartos de gobernanzas que no los benefician. En Colombia hay un clamor por cambios efectivos que solucionen los grandes problemas de desigualdad, pobreza, servicios excluyentes de salud, bajas pensiones, deterioro de la educación.

Una lista sucinta y sintética de las demandas en Colombia se encabezaría sin duda  con la exigencia al gobierno de asumir más responsabilidad en el combate a la pobreza, lo que implica un rechazo generalizado por las políticas neoliberales del presidente Iván Duque que en su año y medio de gobierno vino con más de lo mismo y además empeorado. El centro de las protestas generalizadas han sido las políticas fiscales de Duque, que buscan favorecer a los grandes capitales mediante la liberación de aumentar los impuestos directos. En cambio aumentar el impuesto al valor agregado o IVA como es conocido internacionalmente, poniendo en las espaldas del consumidor una mayor recaudación.

Otro sector sensible a las políticas neoliberales de Duque, que se reflejan en un ahorro justificado cosméticamente con la «austeridad», es la educación, tanto secundaria como universitaria y técnica. Académicos y estudiantes se han sumado masivamente al Paro colombiano del 21 de noviembre.

Siguiendo el marco económico se demandan aumentos salariales, incluyendo un reajuste significativo del salario mínimo y el sistema de  pensiones. Jubilados, sindicalistas, amas de casa, campesinos, artistas, deportistas, músicos, obreros, comunidad LGTB y otros sectores, laborales y profesionales, han participado en las marchas y concentraciones. Muchos ciudadanos, ante todo mujeres, utilizaron cacerolas para enfatizar su protesta. Los cacerolazos se escucharon a lo largo y ancho de las ciudades colombianas.

No podían faltar las demandas contra la corrupción. Colombia está clasificado como uno de los países más corruptos del mundo por la  organización «Transparencia Internacional».

El gobierno uribista del presidente Duque ha sido también criticado por su pasividad, por un lado, frente a la violencia contra activistas de derechos humanos y líderes comunitarios y sindicales. Violencia que ha cobrado cientos de vidas desde la firma de la paz. Por otro lado el gobierno, y personalmente Duque, ha llevado una retórica de anti acuerdos de paz que es rechazada masivamente ahora por este Paro Nacional

Debemos recalcar que la paz colombiana puso fin a la lucha armada como opción. Se cerró un ciclo doloroso de lucha armada, represión, odio y muerte. La firma de la paz colombiana entre las FARC y el gobierno de Manuel Santos abrió un nuevo capítulo de los procesos políticos en el continente donde la democracia representativa y participativa vendría a ocupar mayores y significativos espacios. La acción ciudadana podría florecer frente a la guerra, vista ahora como un hecho obsoleto. También se pensó que posibilitaría un desarrollo de la economía colombiana, lo que impactaría no solo nacionalmente sino en toda la región. Colombia es un país grande, con costas en ambos océanos, con casi 40 millones de habitantes y enormes recursos naturales.  

Por otra parte, en Colombia se acuñó esta palabra «para política», para designar las relaciones de los políticos con las fuerzas paramilitares y el poder político y económico que tienen los paramilitares. Una práctica nefasta que se había enquistado en instancias claves del Estado. Además, los paramilitares financiaron con dinero del narcotráfico las campañas electorales de sus aliados políticos. Hace unos años fueron cuestionados y acusados senadores y una buena cantidad de alcaldes y gobernadores departamentales. 

El uribismo no pasa un buen momento. No solo ha sido cuestionado y arrinconado por este Paro Nacional 21N, también se iniciaron hace un tiempo procesos judiciales contra allegados a Álvaro Uribe, incluso Santiago Uribe, hermano suyo, acusado de concierto para delinquir y de crimen agravado. El mismo ex mandatario ha sido llamado ahora por la Corte Suprema de Justicia, el mes pasado, para que rinda cuentas en una primera  indagatoria o declaración judicial dentro de una investigación criminal que se le sigue por presunto fraude procesal y compra de testigos.

Colombia está cansada de la pobreza y las injusticias sociales, sobre todo la asimétrica tenencia de la tierra que dio origen al conflicto armado y a sus terribles secuelas de violaciones a los derechos humanos. Es un país de una gran desigualdad con una historia de violencia extrema. Colombia es el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo del mundo.

El Paro Nacional es un hecho enfático que indica que Colombia, como muchos otros países en el mundo, clama por cambios y lucha porque estos se concreten. Es la hora de la ciudadanía. Las calles hablan. ¿Oirán finalmente los políticos? Organizaciones detrás del Paro han pedido reuniones urgentes con el gobierno. Se espera la realización de un diálogo nacional por encima de las amenazas de la ultraderecha uribista y las intransigencias de sectores menores de izquierda radical.